La Torre del bien y del mal
Sevilla se sienta en el 'banquillo' de la Unesco por la construcción del rascacielos de Pelli · Sólo la diplomacia puede salvar a la ciudad de figurar en la lista de Patrimonio en Peligro. Vea el vídeo y la galería del estado actual del edificio.
La ciudad rusa de San Petersburgo acoge la XXXVI Sesión del Comité de Patrimonio Mundial, una cita que pasaría absolutamente desapercibida para la gran mayoría de los ciudadanos si no pesase sobre la mesa una recomendación de la Unesco para que el conjunto formado por el Alcázar-Archivo de Indias-Catedral pase a formar parte de la Lista de Patrimonio Mundial en Peligro. El motivo es la construcción en el extremo sur de la isla de la Cartuja de un rascacielos de 178 metros que para unos es sinónimo de modernidad y para otros una agresión intolerable a una ciudad milenaria: la Torre Cajasol.
Los técnicos en patrimonio de la Unesco ya han hablado y lo han hecho en contra de este edificio de 39 plantas que, sin embargo, tiene un apoyo mayoritario entre la ciudadanía (40% de partidarios frente a 30% de detractores), según el último Barómetro Socioeconómico de Sevilla. Ahora, en la antigua capital de los zares, es la hora de la diplomacia y los miembros de las delegaciones de los 21 países que tomarán la decisión final de incluir o no a Sevilla en la lista negra del patrimonio mundial no tienen por qué hacer caso a la recomendación de la Unesco. Como aseguraba a este periódico un experto, "lo que pasará estos días en San Petersburgo tiene más que ver con la política que con el patrimonio. Se puede tomar cualquier decisión".
Consciente de que todavía queda partido por jugar, el alcalde de Sevilla, Juan Ignacio Zoido, quien pasó de pedir a Cajasol la paralización inmediata del rascacielos a convertirse en su ardiente defensor, lleva días trabajando maratonianamente en una ofensiva diplomática para evitar que la capital andaluza figure en la lista de Patrimonio Mundial en Peligro, nómina en la que nunca ha figurado un bien español y en la que actualmente no consta ningún país de la Unión Europea (del Viejo Continente sólo figura Serbia). Los 28 bienes que están inscritos en esta especie de purgatorio que puede ser la puerta a una expulsión definitiva (tal fue el caso del Valle del Elba), pertenecen en su gran mayoría a países del tercer mundo con graves problemas de desarrollo, guerras o desastres naturales (Afganistán, Iraq Etiopía, Congo...). Aunque, según los expertos en la industria turística una posible salida de Sevilla de la lista del Patrimonio Mundial no tendría un impacto económico negativo, una cosa es cierta: en este lance, la ciudad se juega su prestigio y su imagen de seriedad ante un organismo internacional como es la Unesco.
Vídeo: Antonio Pizarro
Cuando en enero de 2007, El Monte (todavía no existía la marca Cajasol) anunció que había elegido un proyecto de rascacielos del arquitecto César Pelli para la construcción de sus oficinas centrales en la Cartuja, pocos intuían que dicho edificio se convertiría en una de las más sonadas polémicas de los últimos cuatro años en Sevilla. Aunque desde un principio los opositores a la Torre Cajasol (entre los que se encuentran gran parte de los más desatacados activistas de la conservación del patrimonio histórico) se organizaron rápidamente en la plataforma Túmbala, el verdadero responsable de que desde hoy la ciudad esté sentada ante el banquillo de la Unesco es el Consejo Internacional de Monumentos y Sitios (Icomos, en sus siglas en inglés), un organismo compuesto por expertos independientes que asesoran a la Unesco en cuestiones de patrimonio histórico-artístico. En concreto, ha sido un profesor de Geografía de la Universidad de Sevilla y directivo de Icomos-España, Victor Fernández Salinas, quien ha abanderado la lucha contra la torre y el que advirtió ya en julio de 2007 de lo que, finalmente, está a punto de pasar. Precisamente, el gran error de los promotores de la torre ha sido ningunear a Icomos, al que se presentó como una ONG sin apenas peso. Nada más lejos de la realidad.
Los avisos recibidos en los Comités de Patrimonio Mundial de Sevilla y Brasilia no han servido para nada. De hecho, la torre ha seguido creciendo sin parar a una velocidad inusual en los grandes proyectos, que suelen demorarse en el tiempo. En la actualidad, los 250 operarios que trabajan en el recinto ya han rebasado la planta 30, por lo que sólo resta menos de una decena para culminar la altura del rascacielos, algo que ocurrirá, según los promotores, en el mes de octubre. La intención de Cajasol es que la Torre, en la que se prevé invertir 300 millones de euros, esté lista para su inauguración a finales de 2013.
Pese a que la Unesco ha pedido la paralización de los trabajos antes del 15 de agosto, la postura de los promotores ha sido meridianamente clara: la torre es legal y se ajusta al PGOU de Sevilla, cualquier detención de los trabajos será previo pago de una indemnización que se promete millonaria y que el Ayuntamiento ya ha aclarado que no puede pagar. Eso sí, aún es una incógnita la postura que tomarán los directivos de La Caixa cuando, a finales del mes de julio, se consume la absorción de Cajasol. Aunque todavía no se han posicionado al respecto, un alto cargo de la entidad catalana dijo recientemente en un corrillo en Sevilla: "Personalmente me gusta la torre. Es moderna".
En los últimos días la Torre Cajasol ya se ha hecho visible desde muchos puntos de la ciudad, dejando en evidencia que será un edificio que, para bien o para mal, marcará la imagen que se tiene de Sevilla. En su día, el ex alcalde Alfredo Sánchez Monteseirín, uno de los grandes defensores del edificio, en un alarde de lirismo, señaló que el rascacielos "parecía un caballero que iba a sacar a bailar por sevillanas a la Giralda", la gran humillada que, con 77 metros menos, pierde su reinado en los cielos de Sevilla. Hoy, la danza comienza en San Petersburgo y la decisión final se debatirá entre el miércoles y el jueves. Una cosa es segura, el baile se promete movidito.
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