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Metrópolis | Las Letanías

Blanco vainilla: el dos gustos de un abandono secular

  • Olvido. Las primeras viviendas de la barriada de las Letanías se entregan en 1972. Es un barrio-laboratorio de los sucesivos fracasos de la administración con esta zona de la ciudad. En el corazón del Polígono Sur, quieren que se oiga su aflicción.

visión característica de los bloques de viviendas del barrio de Las Letanías. visión característica de los bloques de viviendas del barrio de Las Letanías.

visión característica de los bloques de viviendas del barrio de Las Letanías. / Víctor Rodríguez

EL periodista ha tenido dos guías excepcionales por este mundo tan cercano al centro de la ciudad –apenas media hora en la línea 30 de Tussam–, tan alejado de las preocupaciones de los políticos. Digiere toda la información con una cerveza en el bar Olavide, La Catedral de la Tapa. Está situado en la calle Estrella de la Mañana, una de las muchas letanías que llenan el callejero de este barrio. Esta estrella mañanera une –o separa– las calles Doloresa Ibárruri ‘Pasionaria’ y Madre de Calcuta. En una tienda de desavío junto al bar, donde los riojas y riberas del Duero se llaman todos Don Simón, un grafiti con la leyenda: De madres rebeldes hijas libres. Como la monja albanesa o la comunista euskalduna.

Uno de los guías no dejaba de recibir ayer llamadas de felicitación. No se llama Pedro ni Pablo. Emilio Calderón, nacido en Écija, cumplía 47 años de ordenación sacerdotal. “El cardenal Bueno Monreal los ordenó por la mañana en la Catedral y a unos cuantos nos ordenó aquí el obispo Antonio Montero”. En mayo de 1972 entregan las primeras viviendas de Las Letanías, “en la Navidad de 1971 ya ocuparon algunas sin recepcionar vecinos procedentes de Charco Redondo y Los Merinales”, y en junio se ordena este sacerdote. Sustituyó como párroco de San Pío X a Santos Juliá, hoy afamado historiador, que dejó esta iglesia para irse a estudiar a la Sorbona.

Si alguien quiere conocer bien los entresijos del Polígono Sur, no hay mejor Quatermain que Añoño, el apodo cariñoso de Antonio Gómez. Amigo del párroco, fue chófer de Jesús Maeztu y ahora lo es de María del Mar González, comisionada para el Polígono Sur. Las Letanías limita al norte con la Oliva, al sur con Las Vegas, al oeste con la avenida de la Paz y al este con el muro del tren. A su lado, el tablero de parchís de las Tres Mil Viviendas: los Rojos, los Verdes, “donde se vinieron los de los Bermejales a los que les dieron dinero en efectivo”, los Marrones y los Amarillos. El muro del tren es una barrera social y económica. “Un piso en las Vegas te puede costar mil euros y en Bami 300.000”.

El cura Emilio Calderón fue con el tío Mariano y Manuel Amaya uno de los que fundaron en 1977 Villela or Chivé. En cristiano, estas palabras del caló significan “viene el día o está amaneciendo”. “Es lo que cantaban Rocío Jurado y Juan Peña el Lebrijano”, dice el párroco, convencido de que ese día vendrá, “lo que no sé es en qué siglo”. Esta asociación gitana es hoy un centro de algarabía y felicidad. Se casan Antonio y María de los Ángeles. El novio tiene 21 años y a su padre, vendedor ambulante, lo casó hace 42 años el cura Emilio Calderón. Han estado tres años de novios, esperaron a terminar sus estudios en el colegio Giménez Fernández y en el instituto Domínguez Ortiz.

Estos jóvenes novios representan el futuro de un barrio sin futuro, según el diagnóstico lleno de nubarrones del párroco. “Aquí ha habido siempre muchas promesas y pocas realidades.Lo cierto es que el deterioro va a más y el compromiso de las administraciones a menos”. Responsable de la Pastoral Gitana de la diócesis y capellán del Psiquiátrico Penitenciario, detecta una patología en la clase política. “En Sevilla se han vuelto locos con el turismo, no piensan en otra cosa, y nosotros pagamos impuestos. En este barrio el que medio puede lo deja. Hay mucha gente buena, pero está desamparada”.

El viaje en coche con el chófer de la comisionada muestra un barrio sucio, abandonado. “La amplitud de las avenidas, los aparcamientos y los acerados no la tiene ninguna barriada de Sevilla”, dice Emilio Calderón, que considera un fracaso el concepto de suburbio vertical. “Tiene que haber una solución intermedia entre las torretas y las chabolas”.

Como muestra, dos botones. Junto a la parroquia, frente a la asociación donde hoy seguirá el convite nupcial se abrió un centro de salud impresionante. “Es uno de los más grandes de Andalucía”. No tiene especialidades, “el más próximo está en Marqués de Paradas”. En las antiguas instalaciones, con fondos europeos, se habilitaron unas instalaciones para atender a drogodependientes. “Se llevan los termos de agua, los grifos, los plomos, duermen en la calle. La gente viene a misa de doce y los ve haciendo sus necesidades”.

Antes de la Expo, levantaron unas chabolas detrás de la parroquia “para lavarle la cara a los locales comerciales”. La solución provisional se eternizó y frenó la ampliación del polideportivo. Un salesiano esloveno que recaló en Sevilla después de pasar por Barcelona, donde sacó talentos como Sadurní, el mítico portero del Barça, descubrió a futbolistas del barrio como Monsalvete, Cristóbal y Gabino. Los dos últimos le dan nombre a una asociación deportiva. Gabino fue una joya de la cantera del Betis que en 1986 ganó la Eurocopa con la sub 21 frente a Italia. En el libro Alma cuenta su autobiografía de rebelde con causa, artista de barrio con dulces destierros en el Logroñés y el Español de Barcelona.

Una vez se hizo un censo de los gitanos del Polígono Sur. “Salieron 987”, dice el párroco. Es un payo con alma de bronce: trajo a Sevilla desde Cáritas de Barcelona a Juan de Dios Ramírez Heredia, que sería el primer diputado gitano del Congreso; y en Granada vivió con Pepe Heredia Maya la eclosión de Macama Honda.

Los bloques de las Letanías son de cuatro plantas sin ascensor. “Había un dinero que se fue para otro barrio”. Color blanco y vainilla en las construcciones. Con la salvedad de las paredes blancas del número 4 de la calle Consuelo de los Afligidos. El 14 de agosto de 2003, a los vecinos de este inmueble les sobresaltó un terrible estruendo. Un vecino con antecedentes penales de homicidio quiso hacer el mayor daño posible. Murieron cuatro personas, incluido el pirómano, hubo 17 familias damnificadas que fueron realojadas. La Junta levantó un nuevo inmueble.

En el circuito con Añoño, con regusto de Apocalypse Now, hay bloques desiertos en la calle Utopía, un inmenso dibujo de Camarón en un amasijo de viviendas vacías o tapiadas en la calle Novelas Ejemplares. Las Letanías empieza en La Oliva, el barrio de José Mari, otro futbolista de barrio que jugó en el Sevilla, el Milan y el Atlético de Madrid, y termina en el parque Guadaíra. Su faro de referencia es la torre del parque de Bomberos. Enfrente, la residencia universitaria Flora Tristán, adscrita a la Pablo de Olavide. Eso explica el nombre del bar consagrado comoLa Catedral de la Tapa en la misma calle Estrella de la Mañana donde está el Bar Giralda. El nomenclator indica la nostalgia de un paraíso perdido o el ejercicio de mitigar un infierno no buscado.

En un palmo de terreno hay un colegio, el Manuel Altolaguirre, y dos institutos, el Polígono Sur y el Domínguez Ortiz. Reina de los Ángeles, Reina de la Paz, Reina de los Apóstoles, Reina de los Mártires. El callejero de las Letanías parece una canción de Silvio. Ayer felicitaron al cura por su aniversario y a los novios por su compromiso matrimonial. Vilella or Chivé. Está amaneciendo. No quieren sentirse mártires ni afligidos, las palabras que los carteros llevan en los destinos postales de su correspondencia. “Nos tienen como en un guetto, porque aquí viven cerca de sesenta mil personas”, dice el chófer.

Frente a la parroquia, cada uno aporta su granito en la comida. Después vendrían los cantes interminables. “Antes las bodas siempre empezaban por bulerías”. Mariano Vizárraga, nieto de un fundador de la asociación gitana, es percusionista. Toca la caja y el bongo y ayer tuvo una de sus actuaciones estelares.

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