Plaza Nueva | Vicente Flores Alés

“El debate de la ciudad está oculto por la vorágine global”

  • Esta semana cambia el Acero por el Hormigón. Tras ocho años en el Ayuntamiento, cuatro con Raynaud, cuatro con Zoido, volvió a la Universidad. Su tío, concejal y diputado, tiene una plaza, y su abuelo una calle

Vicente Flores, en el laboratorio de Construcción de Materiales de la Escuela de Arquitectos Técnicos. Vicente Flores, en el laboratorio de Construcción de Materiales de la Escuela de Arquitectos Técnicos.

Vicente Flores, en el laboratorio de Construcción de Materiales de la Escuela de Arquitectos Técnicos. / José Ángel García

SU bata de catedrático de Materiales de Construcción es la señal de que la política en Vicente Flores (Sevilla, 1969), concejal de 2003 a 2011, fue algo pasajero. Es hijo de químico y sobrino de concejal. Dos de sus facetas.

–Su tío Eugenio Alés fue concejal en la primera legislatura...

–Era hermano de mi madre. La última vez que lo vi antes de ponerse malo fue en la puerta del Ayuntamiento. Pedí la palabra cuando el Ayuntamiento aprobó rotular una plaza con su nombre. Me contestó Monteseirín, que lo había conocido en la Diputación.

–Usted tenía siete años cuando su tío es diputado en el 77...

–Lo hablábamos entre los primos. Ya de concejal, el 23-F le cogió en Valencia. Oyó por la radio del taxi el bando de Milans del Bosch y le dijo que se diera la vuelta y fuera para Sevilla.

–¿Influyó en su vocación?

–Tenía muy a gala llegar a la UCD del Partido Liberal y yo siempre me he considerado liberal, una ideología bastante mal vista en estos tiempos. De esa época recuerdo dos cosas de mi tío. Una, lo orgulloso que estaba de haber intervenido en la tribuna del Congreso en el debate de la abolición de la pena de muerte. La otra es esperpéntica. Su última actividad política fue en el Partido Reformista de Miqel Roca. Lo llevaron al Rocío, donde Roca se puso a tocar el tambor mientras la gente bailaba y cantaba.

–¿Quién le llama para concejal?

–Coincidí con Rafael Salas en la preparación de la Ley Andaluza del Profesorado, pero esa aventura se la debo a Jaime Raynaud cuando era decano del Colegio de Arquitectos Técnicos. Yo fui de independiente y después tramité la militancia en el PP.

–Ocho años en la oposición y cuando llega lo bueno se va...

–Siempre tuve claro que mi vida no era aquello, que estaba en Reina Mercedes. Y así se lo hice saber a Zoido el penúltimo año.

–¿A qué se dedica ahora?

–Soy uno de los tres químicos del departamento de Materiales de Construcción. Hacemos informes previos de edificios en restauración.Los hemos hecho en la fachada de Plaza de Armas, el Pabellón de Perú del 29 o las estatuas del Cid, Murillo y Velázquez.

–¿También en el Ayuntamiento?

–No. Allí la primera legislatura llevaba temas de deportes y educación y en la segunda de economía. Fui el que propuse que se organizara un acto de acogida a los estudiantes extrajeros que venían a Sevilla con los Erasmus o los norteamericanos que venían a pasar un semestre. Son agentes de difusión de la ciudad.

–López Palanco, Paco Moreno, Paula Garvín. Ha habido unos cuantos concejales de ciencias.

–En Química tuve de profesor en tercero a Ricardo Marqués, que nos daba Electricidad y Óptica.

–¿Comparte con Raynaud los colores verdiblancos?

–Afinidad absoluta. La oveja blanca de la familia fue mi tío Roberto Alés, presidente del Sevilla.

–¿Qué pasará el 25 de mayo?

–Hay muchos condicionantes externos al Ayuntamiento que pueden influir. La política a nivel local está sufriendo una suerte de globalización en forma de crispación, visceralidad y falta de diálogo. El debate de la ciudad está oculto por la vorágine nacional e incluso internacional. Los sevillanos tendríamos que aguantarnos y comprendernos un poquito más, suavizar esa dialéctica de los rancios y los podemitas.

–¿Recuperar el consenso de la época de su tío en las Cortes?

–Ha habido consenso para aprobar los presupuestos, pero hay problemas que siguen atascados como el dragado del río o la Fábrica de Tabacos.

–Su tío tiene una plaza y su abuelo una calle.

–Mi abuelo Vicente Flores, el dibujante. Tiene una calle en la Hispano-Aviación.

–¿Intervino usted?

–No. Yo participé en la rotulación de otras calles con un espíritu de entendimiento y desideologización. Mucha gente habla de ella pero no se han leído la ley de Memoria Histórica.

–¿Un recuerdo municipal?

–Además de echarle la mano a alguien en cosas muy menores, la mayor satisfacción es que me sigan saludando los conserjes, los policías locales. Antes de irme le mandé una carta a todos los periodistas que habían cubierto la información municipal.

–En su época de concejal sus hijos serían muy pequeños...

–Mi hija Victoria se va a estrenar como votante. Está haciendo Periodismo y ha gestionado en el consulado de Chile el voto por correo. Vicente, el cuarto Vicente Flores de la familia, tiene 17 años. Sofía, 14, nació siendo yo concejal.

–¿Qué aficiones cultiva?

–Me gusta ir a correr al Parque de María Luisa. He leído muchas cosas de un episodio que desconocía, el desastre de Annual. Y viajar. De regalo de Reyes de mis hijos, nos fuimos en agosto a los campeonatos de Europa de Natación en Glasgow.

–¿Qué enseña ahora?

–Esta semana hemos terminado de hablar de los problemas del Acero y la próxima empezamos con los del Hormigón.

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios