La voz de alarma de los médicos de Sevilla frente a las agresiones: "¿Hay que esperar a que nos peguen un tiro?"

El Colegio de Médicos de Sevilla estalla contra la violencia en consultas tras registrar 22 ataques en 2025

Hace un llamamiento a la denuncia de todos los casos y exigen más protección, sanciones firmes y respaldo institucional

La violencia contra el personal sanitario en Sevilla roza las dos agresiones al día

Sanitarias en una protesta contra una agresión reciente en un centro sanitario.
Sanitarias en una protesta contra una agresión reciente en un centro sanitario. / M. G.

Las agresiones a médicos siguen siendo una de las caras más preocupantes de la crisis de tensión que vive el sistema sanitario. En Sevilla, sólo en 2025 se registraron 569 agresiones a profesionales sanitarios, según datos del Servicio Andaluz de Salud (SAS). De ellas, 107 físicas y 462 no físicas. Detrás de estas cifras hay amenazas, insultos y episodios de violencia que, lejos de disminuir, continúan marcando el día a día de muchos profesionales. Coincidiendo con el Día Europeo contra las Agresiones a Profesionales Sanitarios, los colegios médicos vuelven a reclamar medidas contundentes para frenar una violencia que consideran ya estructural.

"Las agresiones son una lacra que no hay voluntad política de arreglar", denuncia Alfonso Carmona, presidente del Colegio de Médicos de Sevilla y el Consejo Andaluz de Colegios Médicos (CACM). "¿Hay que esperar a que nos peguen un tiro para que se actúe?", se pregunta, mientras recalca que las estadísticas no cuentan el verdadero dolor. "Lo que importa es el dolor que deja en el médico agredido", añade.

Dos agresiones al mes

En el caso concreto de los médicos, en Sevilla, el Colegio profesional registró la denuncia de 22 faculativos por haber sido atacados, física o verbalmente, en su puesto de trabajo, dos menos que el año anterior. La mayoría ocurrieron en Atención Primaria (67%), y se concentran en amenazas y coacciones (75%), insultos (40%) y lesiones físicas (16%). Los motivos son, casi siempre, disputas por la atención recibida o la espera para ser atendido,según datos de la institución médica.

La presentación de datos en la sede del Consejo Andaluz de Colegios Médicos (CACM).
La presentación de datos en la sede del Consejo Andaluz de Colegios Médicos (CACM). / M. G.

El coordinador del Observatorio de Agresiones del CACM, Antonio Romero Monedero, dibuja un perfil dolorosamente repetido. "El perfil del médico agredido es mujer menor de 35 años. Son médicas que justo cuando inician su etapa profesional, su ilusión se ve frustrada por tener que soportar agresiones, físicas o verbales", explica. A nivel andaluz, 92 mujeres y 75 hombres sufrieron agresiones, en su mayoría en sanidad pública y especialmente en Atención Primaria y Urgencias.

El agresor típico, según Romero, es un hombre de entre 40 y 60 años, clase media, que descarga su frustración sobre quien está al frente de su salud. "La enorme saturación de las consultas impide explicar con empatía. Cuando hay aglomeración, personas ya tensas en su vida cotidiana acaban protagonizando una agresión", explica.

El Colegio de Médicos de Sevilla ha implementado un grupo especializado en agresiones, que ofrece seguimiento y orientación sobre denuncias. Además, trabaja en apoyo psicológico. "Lo peor de una agresión es la post-agresión, los días siguientes que crean miedo, ansiedad y desmotivación", afirma la doctora María Dolores Rincón, coordinadora del grupo de Agresiones del Colegio de Médicos de Sevilla.

Para Mercedes Ramblado, secretaria del Consejo Andaluz de Colegios Médicos, la clave está en la prevención. "No podemos trabajar con miedo, siendo continuamente cuestionados y que finalmente derive en agresiones. Hacen falta campañas de concienciación, mejorar la seguridad y un régimen sancionador claro", subraya.

Andalucía cierra 2025 con 167 agresiones registradas, frente a 138 en 2024, con Cádiz y Málaga liderando la lista y Sevilla en tercer lugar. Pero la realidad es más sombría. Un 16% de las agresiones no se denuncian, dejando invisible el verdadero alcance del problema. "No denunciar convierte la agresión en rutina. Es como asumir que dentro del ejercicio médico está implícito soportar violencia", alerta Romero.

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