Calle Rioja

Un balón de reglamento para Asenjo

  • Testigo. El arzobispo de Sevilla celebró la misa número 30 en la despedida del educador Jorge Morillo y mediará ante Roma para que la número 34 tenga lugar en la Santa Sede

Jorge Morillo, con Juan José Asenjo junto a la capilla del Palacio Arzobispal. Jorge Morillo, con Juan José Asenjo junto a la capilla del Palacio Arzobispal.

Jorge Morillo, con Juan José Asenjo junto a la capilla del Palacio Arzobispal. / José Ángel García

COMO a Phuileas Fogg, a Jorge Morillo (Sevilla, 1957) sólo le quedan cuatro misas para terminar de darle su particular vuelta al mundo. Se propuso 34 Eucaristías o acciones de Gracia, tantas como los años que lleva en ese salto que dio de la Teología a la educación a través del fútbol en barriadas marginales. Ayer le regaló un balón de reglamento a Juan José Asenjo, arzobispo de Sevilla, deferencia por abrir su capilla personal para oficiar la Eucaristía número 30.

Asenjo se comprometió al final de la ceremonia religiosa a echarle una mano para que la misa número 34 pueda celebrarse en Roma con el Papa Francisco, buen aficionado al fútbol, hincha del San Lorenzo de Almagro que en su etapa de arzobispo de Buenos Aires daba misa junto al Cristo de los futbolistas que le regalaron Scotta y Bertoni. El arzobispo de Sevilla escribirá una carta al secretario personal del Santo Padre para que atienda la demanda de este hombre de bien que, en palabras de Asenjo, “le ha hecho un inmenso bien a la ciudad de Sevilla estando al lado de niños sin futuro de familias desestructuradas”.

A quien madruga, Dios le ayuda. Asenjo le previno y le dijo que la misa de Roma sería “mañanera”, siete de la mañana en la iglesia de Santa Marta. Mientras, las tres misas restantes para completar este rosario de cuentas solidarias tendrían lugar aprovechando las excursiones playeras que Morillo hará en el mes de junio a Cádiz, Chipiona y Torreblanca con niños de Torreblanca, San Juan de Aznalfarache y El Vacie y Tres Mil Viviendas.

Asenjo le cedió el altar a Jorge Morillo para que explicara las motivaciones de su causa. Un compromiso que ayer sonó junto a las lecturas del libro de Isaías, el salmo de David o la parábola del leproso samaritano que representa la gratitud hacia quien se da a los demás. Lo dijo Morillo en su intervención: “Trabaja por el reino de Dios y su justicia y lo demás vendrá por añadidura”.

El arzobispo recorría la capilla con el báculo de pastor y el balón. La mano de Dios. Un esférico firmado que le regaló a Jorge Morillo Javier Tebas, presidente de la Liga de Fútbol Profesional, cuando fue rey mago en la Cabalgata que este educador de calle organizó para los niños de El Vacie. Uno de los escenarios de su teología del balón. Presume del saldo de “sólo tres niños accidentados en estos 34 años”. Con diecinueve temporadas seguidas llevándolos a la playa, como hará en esta campaña mientras espera la llamada definitiva de Roma para celebrar la Eucaristía número 34. “Cosas más difíciles se han visto”. Si fue Jordi Évole, ¿por qué no va a hacerlo Jorge Morillo con su pastoral de borceguíes?

Las peticiones las hizo Asenjo extensivas a la esposa del educador, Teresa, que acaba de conseguir el traslado profesional desde Alcantarilla (Murcia) a un instituto de Triana. Los amigos y colaboradores de Morillo que asistieron a la ceremonia se encontraron con la propina de una visita con el secretario del arzobispo como guía por el museo del Palacio Arzobispal, para ver los cuadros que en palabras de Asenjo “escaparon al expolio del mariscal Soult cuando utilizó este espacio como acuartelamiento”.

Morillo leyó su decálogo de los diez me voy “porque todo lo que empieza acaba”. Deja claro que no se jubila. Nació en Triana un día de la Inmaculada. La imagen del portugués Caetano Dacosta que preside el altar, rechazada por la hermandad que la encargó y ubicada en esta capilla por un predecesor de Asenjo. Una Inmaculada que no está erguida como las de Murillo o Martínez Montañés, sino arrodillada sobre el mundo que pintó Juan del Espinal. Una metáfora de la nueva Eva, la de la salvación, que triunfa sobre la primitiva del pecado.

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