De la botellona al catecumenado
calle rioja
Mensaje. Representantes de toda la diócesis de Sevilla se reúnen en la localidad sevillana de Bormujos en el Encuentro Diocesano del Sínodo convocado por el Papa Francisco
Casi quinientas personas viajaron la mañana del sábado a Bormujos. No iban para hacer una ruta del Mosto. Los convocaba el Encuentro Sinodal Diocesano. Una convocatoria del Papa Francisco para profundizar un mensaje que ya pronunció Juan XXIII: "Abramos las ventanas para que entre el aire fresco". Dos pontífices capicúas. Bergoglio nace en 1936; Roncalli muere en 1963. Juan XXIII y el Papa Francisco, impulsores respectivos del Concilio Vaticano II y de la Sinodalidad, que es su complemento directo, llegaron a la silla de Pedro con la misma edad: 73 años. Dos Papas veteranos empeñados en abrir la Iglesia a los más jóvenes.
La juventud que rezuman los dos conductores del acto en la Fundación San Pablo CEU. Karen Mendoza, 33 años, es venezolana, con 16 ya participó en la misión de Aparecida (Brasil); Javier Llorente es periodista y seminarista. Con un micrófono en la mano recorría el auditorio para buscar la participación del público. "Por aquí no, que hay muchos curas".
El titular de la diócesis, José Ángel Saiz Meneses, no pudo estar presente. Se adelantó al cambio de hora viajando para asistir a la ordenación del obispo auxiliar de Canarias. Una ausencia que tiene su parte de metáfora. "El Papa no quiere conocer la opinión de los obispos, sino del Pueblo de Dios". Los que están dentro, los que están fuera y los que se fueron y podrían volver, como la parábola del hijo pródigo.
A Bormujos llegó la iglesia que camina. Y entre los ponentes, había un párroco de San Diego, José Blanco; un feligrés de la barriada de Pío XII, Antonio Rus, unida a la parroquia de las Flores de la que es párroco Ignacio Sánchez Dalp, el cura pregonero; un militante de las HOAC, Miguel Carbajo, comprometido con el Polígono Sur, que vino acompañado de un entusiasta grupo de jóvenes de esa barriada que bajaron la edad media del público.
Concilio viene del latín y Sínodo del griego. El primero abre las puertas, el segundo las ventanas. Javier Sierra lleva más de treinta años de profesor de Religión. "Los alumnos van voluntariamente a clase, pero luego no entran en la parroquia, no van a la Iglesia. Algo falla. El mensaje es extraordinario; la palabra, divina. Si no llega el mensaje, la culpa es del mensajero, no de la palabra". La parroquia Nuestra Señora de las Flores se dirige a los jóvenes con acciones como montar un musical 'Jesucristo Superstar' con ochenta actores. "Se trata de sacar a los chavales de la plaza, de la botellona, y acercarlos al catecumenado", dice Antonio Rus. Carmen Naranjo venía de una iglesia de Tocina; María Carmona, de la hermandad de la O; Serapio Roldán de los Focolares, con la vivencia de un encuentro ecuménico en Alemania.
Pilar Azcárate, mercedaria misionera de Berri, de la Comisión Diocesana de Laicos, se reunió en el convento del Espíritu Santo con más de treinta abadesas de los conventos y monasterios de la diócesis para explicarles el sentido de la Sinodalidad, "una iglesia universal, sinodal, laical".
En la diócesis de Sevilla se han inscrito 509 grupos, en los que hay 63 hermandades, 53 movimientos y asociaciones, 281 grupos parroquiales, 109 colegios. Costaleros voluntarios llevaron hasta el escenario una cruz con reliquias de santos del siglo XX del sur: Ángela Guerrero, Manuel González, Marcelo Spínola, Victoria Díaz.
A la Archidiócesis la representaron Teodoro León, vicario general, y Óscar Díaz Malaver, que fue cura en Brenes y Tomares, ahora está en la O y es vicario episcopal para la Nueva Evangelización. "Aquí no hay conclusiones, hay propuestas". Por Cáritas estuvo su secretario general en Andalucía, Mariano Pérez de Ayala. Por Manos Unidas, una nutrida representación, con María Albendea, delegada-presidenta en Sevilla, y Laura Robles. Las hijas de dos hombres ejemplares, Juan Manuel Albendea y Juan Robles, respectivamente, que les legaron un espíritu de servicio que ellas han llevado al territorio de los más desfavorecidos. Los principales destinatarios de la sinodalidad.
"El Sinodo está de moda y lo que está de moda tiene el riesgo de que pase de moda", dice la venezlana Karen Mendoza. De la misma parroquia San Juan Pablo II de Montequinto donde trabaja la mexicana Elisabeth. "Nos ha tocado salir a tocas puertas. Algunos son renuentes, pero otros buscan para regresar a la casa". Como el hijo pródigo, ése al que Murillo le dedicó una serie completa de pinturas que llegó al Museo del Prado desde Dublín. La música la pusieron Hakuna y la Casa de Hernán.
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