Calle Rioja

La calle sin impares y otros delirios del callejero local

  • Obra de arte, arte de obra. El pintor y aparejador Manuel Pastor ha hecho un catálogo de los despropósitos, paradojas y falta de criterio en la rotulación de las calles

COMO es aparejador y pintor, sabe apreciar la obra de arte y también el arte de la obra. Manuel Pastor, 66 años, nació en Paradas, estudió bachiller en Osuna y empezó en Sevilla la carrera de Aparejadores en 1959, el mismo año que se creó la Escuela. Con 21 años ya trabajaba en una constructora. Tomó la alternativa profesional en el barrio B del Polígono San Pablo. De jefe de obra pasó a la oficina técnica. Cuando cerró la constructora, estudió Bellas Artes y se ha jubilado como profesor de Geometría Descriptiva y Topografía en la Escuela de Aparejadores de la que fue alumno.

Cuando el Ayuntamiento decidió sustituir la calle General Merry por Pilar Bardem, este pintor con estudio en la calle Dueñas decidió ponerse a la faena: un inventario de lo que llama "venturas y desventuras del callejero". Un estudio de la degradación de los materiales, de la conservación y reparación, de la ausencia de criterio en la rotulación de las calles de la ciudad.

"El Ayuntamiento debería encargarle esta tarea a técnicos y profesionales, no a curritos y cantamañanas". Sin salir de la Puerta Osario, el estropicio es abundante. A los rótulos de Dueñas, pese a ser calle con palacio y con duquesa, se le han caído las letras "porque no está bien hecho el agarre". Las Escuelas dejaron de ser Pías y al recolocar el segundo vocablo de la calle lo hizo con llamativo desnivel sin eliminar los restos de las letras caídas.

Pinto esquina con Matahacas. Ésta está entera, pero no se ve por la proliferación de carteles. La calle Pinto es en realidad calle To, ausente la primera sílaba. "¿Es que la tuneladora se ha vuelto loca y está buscando un nuevo quiosco para engullirlo o es el Ayuntamiento que ha organizado un Adivina adivinanza para saber cómo se llama esta calle?".

Desde su estudio de Dueñas ve todas las Madrugás al Cristo de los Gitanos. La titular tiene una calle en las inmediaciones. En un lado es calle Virgen d los Gitanos; en otro, Virge de los Gitanos. Tiene una foto de la calle Jesús y Pabón sin una sola letra. San Juan de la Palma emuló a San Francisco Javier y se fue a China: se lee Ua de la Palma en vuelo de consonantes de diptongo.

La calle Cuna empieza como Cuna en los impares y como Federico Castro en los pares, un despropósito mareante para carteros y viandantes. El catedrático tiene una calle con sólo tres casas, esquina con su compañero de claustro Francisco de Pelsmaeker, castigado tal vez por un antiguo alumno resabiado y bien colocado a llevar su nombre "en un callejón inmundo", aliviadero de restos de comida de una popular pizzería.

Letras que se caen y no se reponen, duplicidad del nomenclator -"no tiene sentido que haya calles para Santa Justa, Santa Rufina y Santas Patronas"-, defectos evidentes de mano de obra, negligencias (Plaza de Montesi). "La calle Gallos se llamó en tiempos El Espejo. Cambiaron el nombre por un reñidero de gallos que había". Ahí está el cartel, impoluto, intocable cual gallo de corral. "Porque está hecho de fábrica. Para tirarlo, tienen que tirar la casa entera", dice quien pasó de una cosntructora de los Fierro a estudiar en una Escuela de Bellas Artes donde enseñaban Pérez Aguilera, Maireles, Carmen Laffón o Amalio García del Moral.

Empezó muy joven a trabajar. "Tuve suerte. En la construcción había mucho trabajo y pocos técnicos preparados. En esa empresa eché las muelas del juicio y los colmillos retorcidos que tan útiles son para cualquier oficio". Como 2011 es año de elecciones municipales, le harán un lavado de cara al callejero. "Si los materiales y la técnica no son buenos volverán a caerse".

Letras, sílabas, palabras que dejan los rótulos como incompleta sopa de letras. La calle Laraña donde estudió Bellas Artes se llamaba calle Compañía y la trasera, que lleva este nombre, era la calle de la Sopa.

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