El cantón de Cartagena

Lucinda y las flores. Un gaditano afincado en Cartagena, Manuel Jesús Ortuño, y una argentina, premiados del certamen de relatos gastronómicos de La Abacería de San Lorenzo

24 de octubre 2016 - 05:03

CORREN buenos tiempos para las letras de Cartagena. La misma semana que ha comenzado la promoción de la nueva novela de Arturo Pérez-Reverte, Falcó, ambientada en la Guerra Civil española, un gaditano afincado en Cartagena, Manuel Jesús Ortuño, ha conquistado la sexta edición del certamen literario de Cuentos Gastronómicos que convoca la Abacería de San Lorenzo. El relato ganador se titula Lucinda y las flores y narra la curiosa vía culinaria que encuentra una cocinera filipina para resolver dramáticamente un contencioso matrimonial. Una Madame Bovary escrita por Patricia (Patricio) Highsmith.

El jurado apreció abundancia, algunos hablaron de exceso, de literatura de posguerra, comidas y hambres de la posguerra. "Es un poco deprimente", admitió Javier Pérez Royo ante este concurso de cartillas de racionamiento. El ex rector de la Universidad de Sevilla, catedrático de Derecho Constitucional y maratoniano en sus horas libres, es un fijo en los jurados de este certamen.

El premio se entregará el próximo jueves 27 en la propia abacería. El gaditano de Cartagena, un viaje muy marinero, recibirá mil euros y lebrillo y cucharón de palo. Estos objetos sin recompensa económica es lo que se llevará el finalista, la argentina Delia Esther Plazaola, autora de un relato con tintes antropófagos titulado Ajune che peê remiurâama y la carne guateada. La parte ininteligible del título es una frase indígena que traducida quiere decir "Vengo yo para vuestra comida". El protagonista es un fotógrafo aventurero. En cuando a la carne guateada, los miembros del jurado fueron informados por una cocinera de la Abacería, boliviana de nacimiento, que se trata de una forma riquísima de cocinar la carne en el área del Amazonas.

No hubo unanimidad ni mucho menos entre los miembros del jurado. Fue preciso recurrir a tres turnos de votación, el famoso fantasma de las terceras elecciones, para llegar a un pírrico marcador de cuatro a tres a favor de Lucinda y las Flores. Fue curioso observar la unanimidad entre Ricardo Ríos y Javier Pérez Royo a la hora de descartar a una de las finalistas. El catedrático quiso que constara en acta el fuerte componente ético y comprometido del relato titulado No parece complicado.

El jurado deliberó entre videos y fotografías de Medina de Rioseco, población vallisoletana cuna del cardenal Amigo y recientemente hermanada con Sevilla. Hermanamiento que tuvo lugar, por cierto, el mismo día que sus antiguos alumnos homenajearon en la Fábrica de Tabacos al zamorano Agustín García Calvo, con la presencia del cantautor berciano Amancio Prada.

Ramón Sáenz de Tejada volvió a hacer las veces de anfitrión literario y gastronómico. Ambos epítetos se funden en su forma de entender la cocina. Cuando sirvió una exquisita morcilla patatera, alguien recordó que esa delicia de la chacinería aparece en la novela de Luis Landero Juegos de la edad tardía. El dueño de la Abacería está teniendo los mismos problemas para encontrar a la argentina que quedó finalista del certamen que la Academia Sueca para localizar a Bob Dylan y confirmarle que ha sido galardonado con el Nobel de Literatura.

En la imagen que acompaña esta crónica aparece el jurado: de izquierda a derecha, Santiago Sánchez Traver, Carmen Prieto, José Manuel Gómez y Méndez, Ricardo Ríos, María del Carmen Vázquez Colchero (secretaria del jurado), Isabel Cumbreras, Javier Pérez Royo y el autor de estas líneas.

La velada fue muy amena. Se habló de temas tan diversos como la novedad del salto de altura introducida por Fosbury en los Juegos Olímpicos de México 68 o la belleza romana de Priego de Córdoba, patria chica del que fuera presidente del Gobierno y de la Segunda República Niceto Alcalá-Zamora. Javier Pérez Royo bromeó con quienes le confunden con su hermano Fernando, con menos maratones en su currículum y más horas en la carrera de San Jerónimo. Los dos son hijos de Pastor Pérez, que le puso el nombre a uno de sus vástagos.

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