La otra cara de la Cruz del Campo
Aprincipios del siglo pasado el empresario viticultor Roberto Osborne quiere introducir la cerveza en la Sevilla del fino y la manzanilla. El ingeniero y maestro cervecero Adolf Kuhn viaja a Sevilla como director de la fábrica. Ahí comienza una historia de éxito empresarial y de amistad entre Sevilla y Alemania que dura más de un siglo.
Podemos imaginar el encuentro:
-¿Sabe qué es esto? -pregunta Osborne haciendo brillar una copa de manzanilla ante los ojos del berlinés.
-Vino.
-No, oro líquido.
-Admirable.
-¿Lo ha probado?
-No. Su confianza me parece admirable.
-Quiero fabricar la mejor cerveza en Sevilla ¿Puedo contar con usted?
Entonces Kuhn saca una semilla del bolsillo y haciéndola brillar a la luz de la lámpara pregunta:
-¿Sabe que es esto?
-Cebada.
-No, una pepita de oro. ¿Cuándo empezamos?
Inicialmente el lúpulo y la cebada vienen de Austria y Alemania, después de tierras sevillanas, como el agua. Es precisamente la calidad del agua de Sevilla la que determina la ubicación de la fábrica y el tipo de cerveza.
Al principio se fabrican varios tipos de cervezas como la Munich o la Pale-Ale, pero los sevillanos, acostumbrados a un vino de más graduación y de trago más corto, optan por la Pilsen, la variedad más ligera y refrescante. El calor de la ciudad influye en la costumbre de tomarla muy fría, algo poco frecuente en Alemania.
El resultado es una cerveza Pilsen denominada Cruz del Campo, porque la fábrica se construye junto a una cruz con un templete en las afueras de la ciudad, cuya construcción se remonta al siglo XV.
Adolf Kuhn dirige trabajos de ingeniería en la construcción de la fábrica, de química en la elaboración de la cerveza, de agricultura en la supervisión de las materias primas y hasta de carpintería en la tonelería.
El éxito empresarial durante más de un siglo en Sevilla no se puede separar del cultural. La Cruz del Campo se convierte en una seña de identidad de la ciudad. Tan es así que cuando el capital pasa a manos de la británica Brewing Worldwide en 1991 y a Heineken España en 2000, a la que pertenece en la actualidad, la cerveza tiene que ceñirse a su fórmula original así como la participación de la empresa en los eventos culturales de la ciudad.
Durante algunos periodos, como los difíciles años de la guerra, el berlinés prácticamente vivía en la fábrica. Posteriormente adquiere una casa en Nervión muy cerca de la fábrica. Allí funda una familia con la sevillana Doña Francisca Sanchéz.
La casa de Nervión, de estilo regionalista, alberga un jardín con cinco palmeras y una familia con siete hijos. Sus bancos de azulejos, sus caminos de albero, las rosas, los jazmines, los geranios, las gitanillas y la dama de noche recuerdan al parque de María Luisa. En ese pequeño universo, el perfeccionismo alemán se rinde ante la evidencia de la gracia.
Allí experimenta la plenitud que pueden brindar un instante de armonía o el primer trago de un botellín bien frío en el verano sevillano. Allí culmina la fusión cultural que imprime carácter a esta cerveza singular y a toda su saga familiar, pero esa es una historia para contar en otro momento.
La Cruz del Campo establece un nexo entre España y Alemania, más concretamente, entre Andalucía y Baviera, aunque Kuhn fuera berlinés. En la embajada alemana en España nunca debería faltar un botellín de Cruzcampo y los acuerdos hispanogermanos se deberían celebrar brindando con esa cerveza, al menos para empezar; luego, ya si eso… fino, vino del Rin, Rioja, Gewurztraminer o lo que se tercie.
Pasados los años del primer encuentro, cuando el gusto de los sevillanos por la cerveza se había consolidado, el director de la fábrica pudo preguntar a Osborne con un vaso de cerveza en la mano:
-¿Sabe que es esto?
-Oro líquido, estimado Adolfo, oro líquido.
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