Cincuenta años de una gran excavación arqueológica en el Patio de Banderas de Sevilla

Patrimonio Histórico

El autor rememora la excavación que permitió hallar el baptisterio de una de las primeras basílicas cristianas en la que debió oficiar el mismo San Isidoro

El Patio de Banderas / M. G.
Manuel Bendala
- Catedrático de Arqueología jubilado

25 de enero 2026 - 04:59

Se cumplen ya 50 años de que, al frente de un equipo de la Universidad Hispalense, tuve ocasión de excavar y estudiar uno de los vestigios arqueológicos más importantes y más olvidados de Sevilla: nada menos que el baptisterio de una de las primeras basílicas cristianas de la ciudad, en la que debió de oficiar el mismo San Isidoro.

Los restos se detectaron en 1976 en el curso de las obras de remozamiento del alcantarillado del Patio de Banderas, para cuya realización se había hecho una zanja que rompió estructuras arquitectónicas antiguas que llamaron la atención de Rafael Manzano, entonces alcaide director de los Reales Alcázares, y nos propuso realizar una excavación para valorar de qué se trataba. Se reservó, para llevarla a cabo, un espacio de unos 100 metros cuadrados a la izquierda de la entrada al Patio desde la Plaza del Triunfo.

Vista parcial de la piscina tras las primeras labores de limpieza.

En la excavación se descubrieron dos niveles constructivos. El más antiguo, a unos dos metros de profundidad, correspondía a un gran edificio de recia fábrica romana, de época altoimperial (siglos I-II d.C.), pavimentado con hormigón hidráulico, que debió de ser un gran almacén vinculado al puerto. Quedó en ruinas después y fue objeto de saqueo de materiales y de usos secundarios, entre otras cosas para enterramientos, como sugiere una cista de fuerte enlucido interior, adaptada y superpuesta a los restos de muros menores de la compartimentación interna del edificio; pudo ser una tumba infantil, aunque había sido vaciada y no contenía ya restos humanos. Todo quedaría arrasado bajo el edificio tardorromano que se le superpuso después.

En efecto, sobre las ruinas del gran edificio altoimperial se levantó una nueva construcción, de amplias dimensiones y potentes muros, aunque realizados con materiales reaprovechados, como fue habitual en época tardorromana, a base de mampuestos irregulares alternados con tongadas de ladrillos de acarreo.

Plano general de las construcciones descubiertas en la excavación (con trama más oscura, lo correspondiente al baptisterio y la piscina bautismal). / Manuel Bendala

Lo más interesante de esta nueva fase* es un pequeño ambiente cuadrangular (2 x 2 m.), delimitado con muros más cuidados de ladrillo, ocupado por la piscina bautismal. Aunque estaba muy destrozada por la zanja realizada tiempo atrás para el alcantarillado, conservaba lo suficiente como para tener constancia de su forma y de sus tres fases constructivas*. La primera adopta la planta cuadrangular del recinto, dispone de un escalón de bajada y recubre las paredes y el fondo con una capa de mortero y otra exterior de hormigón hidráulico muy compacto. Las esquinas van cogidas con el habitual bocel de cuarto de caña de las instalaciones hidráulicas romanas. En una segunda fase, la piscina quedó reducida para obtener un vaso de planta octogonal, con paredes cubiertas de buen mortero hidráulico; disponía de un sumidero de plomo para el desagüe. Esta segunda fase tenía una gruesa capa de sedimentación calcárea del agua, evidencia de un largo uso. Finalmente, la pequeña piscina fue de nuevo transformada para convertirla en una pila de poca profundidad, de planta aproximadamente semicircular.

Visión vertical del sector principal, que incluye la piscina bautismal (abajo)

Para la datación del edificio contábamos en lo poco excavado con la referencia más fiable de lo hallado bajo el suelo del espacio anejo a la piscina: cerámicas tardorromanas y algunas monedas bajoimperiales, una de ellas del emperador Valentiniano I (364-375), indicios de una datación de fines del siglo IV o ya del siglo V.

Todo indicaba que nos hallábamos ante los vestigios de una basílica cristiana y su baptisterio, con una excepcional y significativa piscina bautismal. En su primera fase corresponde al esquema más simple, cuadrangular, propia del cristianismo temprano de fines del siglo IV o comienzos del V, un tipo ampliamente constatado en Hispania para estas fechas.

Es del máximo interés la segunda fase de la piscina hispalense, en que fue convertida en una cubeta de planta octogonal. La transformación debió de tener una clara intención simbólica, por el significado del número ocho en el pensamiento cristiano. El octavo es el día de la resurrección, que, en palabras de San Gregorio Magno, seguía al del dolor, el sexto, y al del reposo, el séptimo. El mismo proceso había de seguir el creyente, que mediante el bautismo se incorporaba a los beneficios de la resurrección, lo que se sugería simbólicamente con la asociación al número ocho en baptisterios y piscinas de planta octogonal. La transformación posterior en una pila más reducida, atestiguada igualmente en muchas otras piscinas bautismales, se debió a la progresiva sustitución del tradicional bautismo de inmersión por el de infusión, generalmente de niños de corta edad.

La piscina debía de corresponder al baptisterio de una de las basílicas existentes en la Hispalis visigoda, seguramente la de San Vicente, para algunos la misma Catedral o Santa Jerusalén. Según Idacio y San Isidoro, existía desde comienzos del siglo V y en ella se dio sepultura a San Isidoro y, seguramente, a Honorato, su sucesor.

Las investigaciones recientes, salvo alguna olvidable excepción por su pobre y errada argumentación arqueológica, han corroborado y ampliado las conclusiones expuestas en nuestra publicación de 1980 (M. Bendala e I. Negueruela, Baptisterio paleocristiano y visigodo en los Reales Alcázaresde Sevilla, Noticiario Arqueológico Hispánico, 10, Madrid 1980). Ha sido muy importante la excavación de todo el área peatonal del Patio de Banderas, dirigida entre 2009 y 2014 por Miguel Tabales, que puso a la luz, en el nivel correspondiente al baptisterio, los restos de un gran edificio junto al mismo fechado igualmente en el siglo V, en cuyo nivel de abandono apareció un fragmento de ladrillo con el relieve de un Chrismón entre dos columnas que sustentan un arco y, en el borde, el nombre del obispo Marciano, de época visigoda. El edificio, de cierto empaque y con la misma técnica constructiva que el baptisterio, bien pudo haber sido el palacio episcopal primero de la Hispalis cristiana.

Hago, pues, una llamada de atención a un conjunto de vestigios arqueológicos de capital importancia para la historia de la ciudad y un testimonio excepcional de la primera etapa de la Hispalis cristiana. Se conservan en una cripta bajo el pavimento de la Plaza, pero su relevancia para la tradición cultural y sentimental de Sevilla aconsejan mayor atención y cuidado patrimonial para su salvaguardia y conocimiento por todos.

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