El colapso se debe al estrés en el flujo de datos

Los atascos tienen que ver tanto con el SAS y las farmacias como con los proveedores tecnológicos.

A. Pedrosa

03 de agosto 2012 - 05:03

La receta electrónica andaluza es una conversación entre servidores: los del SAS y los de los colegios farmacéuticos. Los datos personales que recorren esos itinerarios son de los pacientes: por eso hace falta la tarjeta sanitaria individual, que, en sí misma, sólo contiene la información que da acceso a esos datos. En este caso, los del tratamiento prescrito por el médico y dispensado por el farmacéutico. Millones de datos todos los días circulan por esos itinerarios; la velocidad y la estabilidad en la comunicación son, en el fondo, una cuestión de dinero, de que el cliente del proveedor tecnológico (SAS y colegios) se ajuste al uso pactado en el contrato y de que el proveedor lo cumpla.

Los fallos en el sistema, acentuados ahora con la aplicación de los tramos de copago, pueden tener su origen en distintos fenómenos. De hecho, casi nunca se deben a un fallo concreto, aislado, sino a la conjunción de varios. Puede fallar la receta electrónica, en una zona concreta y no en otra, porque se ha caído uno de los servidores del SAS (o una parte), que nutren a miles de puntos de acceso. El estrés del flujo de datos en el sistema es tal que echarle un vistazo a un vídeo de Youtube en un centro de salud puede originar un problema en cascada: por eso, entre otras razones, el acceso a casi todo internet está capado en el SAS. A esa tensión continuada hay que sumarle ahora la incorporación del algoritmo TSI (por Tarjeta Sanitaria Individual), que identifica a qué tramo de copago pertenece una tarjeta cuando conecta con el módulo de dispensación entre millones de datos cruzados facilitados por el Gobierno central que se conectan a la BDU (Base de Datos de Usuarios) de la sanidad andaluza. Y, también, es posible que falle el acceso a internet en las farmacias, que depende de los colegios provinciales. Si eso ocurre, no se puede hacer nada, funcionen o no los servidores del SAS. O que su intranet se caiga. En ese caso, el paciente lo sufre, pero el boticario, también, porque el colegio se queda sin copia de datos de facturación que pueda luego contrastar con la información registrada por el SAS y ajustar cuentas cada mes. Y eso es lo que le da de comer.

stats