La cosecha 'roja' de un lector de novela negra

Calle Rioja

Rafael Escuredo presentó su séptimo libro, su cuarta novela, una obra "de la experiencia" en la que homenajea a los autores de la novela negra y al cuerpo de la Policía.

Escuredo, con Borbolla, que le sucedió en la presidencia de la Junta.
Escuredo, con Borbolla, que le sucedió en la presidencia de la Junta.
Francisco Correal

Sevilla, 03 de junio 2011 - 05:03

Una vez invitó a cenar a su casa a un diplomático que en realidad era un coronel de la KGB. Años después, Rafael Escuredo se ha cobrado la factura del susto: su novela Un sueño fugitivo la están traduciendo al ruso. Quien hace treinta años era presidente de la Junta, el primer socialista que ganó unas elecciones desde la República, ya va por cuatro novelas. La última, El círculo blanco del miedo, la presentó ayer en Antares.

Se ve a sí mismo como "un socialdemócrata irredento". La novela la presentaron el periodista José Félix Machuca y el abogado y antiguo alumno del autor Fernando Yélamos. Los dos citaron a Oscar Wilde y eligieron distintos personajes de la novela. Machuca se queda con Ignacio Lama, el joven financiero; Yélamos, con el inspector de policía Sobrado.

Escuredo nació en Estepa, que sigue estando a la misma distancia de Marinaleda que cuando era presidente de la Junta. Es paisano de El Vivillo, bandolero y también escritor. Evoca Escuredo ese contexto histórico con versos de Valle-Inclán: "Si vas con dinero a Estepa, que ni el alcalde lo sepa".

Pero su novela trata de otro bandolerismo más sutil y salvaje: el crimen de Estado, las mafias italianas y rusas, abogados que blanquean el dinero. "Es una novela de la experiencia". Animó al auditorio a leer Cosecha roja de Dashiell Hammet -a ser posible, la edición de bolsillo con introducción de Luis Cernuda-, porque cree que la novela negra es la mejor herramienta para describir un mundo "que forma parte de la realidad y a veces la suplanta".

A diferencia de la novela policiaca, que le permite al autor hacer trampas, la novela negra es incompatible con esas licencias. "No hay una sola página que no tenga que ver con la realidad observable". Es un doble homenaje a la novela negra, género donde admira a Hammet, Ross MacDonald, Graham Greene, Patricia Highsmith y "sobre todo", al sueco Henning Mankell, y a la Policía, cuerpo con el que convivió a diario durante el largo proceso que siguió al secuestro y asesinato de Anabel Segura, de cuya familia era y sigue siendo buen amigo.

Acudieron consejeros de su Gobierno: Jaime Montaner, Joaquín Galán y Amparo Rubiales. De otros gobiernos: Paulino Plata, Carmen Martínez Aguayo y José Juan Díaz Trillo, consejero de Medio Ambiente que le presentó sus novelas Te estaré esperando y Leonor, mon amour. En primera fila, José Rodríguez de la Borbolla, que tomó el testigo de la Junta y que mantiene con él amistosas diferencias en gustos literarios.

"La vertiginosa prosa de Rafael Escuredo nos conduce a toda velocidad...", se lee en la solapa del libro. Si Felipe trajo a Sevilla la alta velocidad ferroviaria, Escuredo trajo la alta velocidad literaria. Se atiene a una enseñanza de Sergio Ramírez, también un político (en Nicaragua) que se pasó a la novela: "En cada página tiene que pasar algo". En la presentación hubo periodistas de la etapa Escuredo, empresarios y Ana María Ruiz-Tagle, esposa del autor. "Me gusta, y eso que no es mi género". Fue más benevolente que la actriz sevillana (no desveló su nombre) que al presentar Cosas de mujeres, dijo de ese libro de Escuredo con catorce relatos: "Sólo me gusta uno, el resto son relatos burgueses".

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