"Las costureras son listísimas, yo sigo cosiendo con una Singer de mi abuela"
Los invisibles · Francisca Márquez
Su manos, artista de los trazos y de los trozos, está en sábanas, almohadas y edredones. Sueña antes del sueño, es arquitecto consorte y pionera en España del 'patchwork'.
SU padre, hijo de diplomático, nació en Oslo. Su madre, hija de militar sevillano, en Ceuta. Curra Márquez (Madrid, 1936), en una Nochebuena en que las bombas callaron a las zambombas. Fundó la Asociación Española de Patchwork.
-¿Qué tienen los detalles?
-Hay cosas muy bonitas que nadie ve si no las coses, pero ya nadie cose salvo los que vivimos en el siglo XIX. Mis cuatro hijos, como sólo tengo varones, todos cosen. Como no hubo niñas, nunca hubo discriminación ninguna.
-¿Había tradición en su casa?
-Mi madre le daba la vuelta a las cartas viejas de la baraja y hacía cuadraditos y octógonos. Yo sigo cosiendo con la máquina Singer de mi abuela, de 1905.
-¿Por qué utiliza tanto los lomos de los libros?
-Más que una especialidad, es una rareza. El libro me encanta como objeto. Todo lo que aprendimos está en los libros. No sé qué habría sido de mí sin ellos.
-Más libros. Tres novelas de mujeres sobre la guerra civil, El tiempo entre costuras, de María Dueñas; Inés y la alegría, de Almudena Grandes; La voz dormida, de Dulce Chacón. En todas la protagonista es una costurera...
-Es que las costureras son listísimas. Como son tan poco apreciadas por la sociedad... pero no todo el mundo sirve para costurera. Yo he tenido más de veinte y todas eran mujeres muy preparadas.
-¿Dónde está su obra?
-En galerías de Madrid, de Barcelona. Estoy pendiente de que se recupere mi galerista sevillano, Félix Gómez. Buena persona y vanguardista. Parece una paradoja, porque estamos rodeados de vanguardistas agresivos y ridículos. Algunos vienen por aquí y les da una patada en el estómago que se pueda hacer vanguardia con tijeras, agujas y alfileres.
-Vive con el arquitecto Luis Marín de Terán. ¿Cómo lo conoció?
-Nos conocimos en la Universidad de Madrid. Yo iba sin gafas ese día y lo confundí con su primo Fernando. Él estudiaba Arquitectura y como todos eran chicos iban a tomar café a Filosofía.
-¿Qué tal se llevan la arquitectura y la costura?
-En las dos hay un trabajo de reconstrucción. Más nexos no veo. Yo he hecho algún trabajo que podríamos llamar arquitectónico, como un cuadro con la estación de Plaza de Armas. Los arquitectos están siempre amargados, tratan con gente con tantísimo dinero, los que les encargan las obras, los capitalistas. Luis tiene que liberarse escribiendo libros o pintando. Cuando vi sus paisajes de Sigüenza, donde veraneaba su familia, dije: este chico me interesa, me gustan las tonterías que hace.
-Su casa es un museo...
-Lo malo de una casa con tantos artistas, como dice Luis, es que no hay paredes. Tengo un Picasso, un Carmen Laffón.
-¿Cómo traduce 'patchwork'?
-Es trabajo de trozos. En La Rioja le llaman retacería.
-¿Cómo llegan a Sevilla?
-Porque a Luis le salió trabajo en el estudio de Rafael Arévalo.
-¿Notaron mucho el cambio?
-No, porque en Madrid y aquí hemos sido siempre muy solitarios. Yo formo parte de una tertulia de mujeres, las de los Lunes. Hay más que nada separadas. Viudas pocas y solteras menos.
-¿Usted es una rara avis?
-Es que yo me casé con Luis por cosas más importantes que el matrimonio. Hace cincuenta años.
-¿Cómo surge su vocación?
-Unas primas segundas de mi padre tenían una boutique maravillosa en la Carrera de San Jerónimo, en Madrid. Eran superpijas, supercanallas, tipo Alaska. Tenían amantes, tenían de todo, eran estupendas, muy elegantes. Les compraba cosas y abrí dos tiendas en Sevilla, en Asunción y en Méndez Núñez. Pero yo no soy muy comerciante.
-¿Los chinos acabarán con el arte textil?
-Todo lo contrario. Los chinos saben cómo no perder dinero.
-Álvaro Siza ha elogiado el trabajo de Luis Marín de Terán...
-Qué hombre tan agradable, tan dulce. ¡No parece un arquitecto! Coincidíamos con Siza en reuniones con arquitectos portugueses e italianos en la Costa Brava, en un entorno muy mediterráneo. Yo todo el tiempo con ellos. ¡No me iba a ir con sus mujeres a tomar café! Los arquitectos sirven para todo. Para hacer casas, para hacer catedrales, para hacer política. Son un patchwork de personas.
-¿Y para qué sirve el 'patchwork'?
-Para transformar el sentido de los objetos. Lo he intentado mostrar en los más de veinte pueblos de la provincia por los que fui dando cursos con la Diputación.
También te puede interesar
Lo último
CONTENIDO PATROCINADO
Contenido ofrecido por el Ayuntamiento de Rota