La crisis, el negocio del cobrador

Los morosos aumentan un 200% en Sevilla por la actual situación económica · El sector de mayor impago es la construcción · Los afectados inventan sus propias argucias para evitar el embargo de bienes

El cobrador del frac cruza un paso de peatones en Los Remedios para investigar a un moroso.
El cobrador del frac cruza un paso de peatones en Los Remedios para investigar a un moroso.
Diego J. Geniz

03 de agosto 2008 - 05:03

Como en la carátula de Abbey Road, el disco de Los Beatles que muchos consideran su obra cumbre. Un señor vestido de frac atraviesa el paso de peatones de una calle. Pero estamos en Sevilla, no en Londres. Una imagen que se cuadriplica en tiempos de crisis. Con maletín incluido. El cobrador del frac ha visto aumentar durante el último año un 200% sus servicios en Sevilla, con 1.800 expedientes abiertos. Crecen las deudas, y por tanto, los morosos. Hay negocio donde otros no lo tienen.

Los empresarios de la construcción son, según esta empresa, los que más sufren al cobrador, ya sea en sus oficinas, en el banco o en lo que respecta a sus propiedades. Tras el mundo del ladrillo, el agrario y el de la alimentación son los sectores que presentan las tasas más elevadas de morosidad.

La empresa El Cobrador del Frac aterrizó en Sevilla en 1993, después de cinco años de su fundación en Madrid. Llegaron tras la Expo 92, en la última crisis que se recuerda. Nada es nuevo para ellos. Ya, por aquel entonces, la solicitud de servicios fue elevada.

Manuel Merino, director jurídico de la empresa, recuerda la situación: "En aquellos meses, en plena recesión económica, pegamos un pelotazo comercial. Nos convertimos en un referente para conseguir el cobro de los créditos. Desde entonces nuestra actividad no ha cesado". Y todo hace presagiar que los próximos meses va a ir incrementándose. "Queda crisis para rato", asegura Merino.

El servicio que más solicitan sus clientes es el cobre de los créditos por parte de sus acreedores, dada la tardanza del proceso jurídico reglado. Según Merino, "a pesar de que en la pasada década se introdujeron algunos cambios legales para que se abonara la deuda en un plazo de 20 días, la realidad demuestra que este sistema ha fallado". Lo cierto es que si alguna entidad o alguien a título individual reclama por vía judicial el pago de un crédito u otro tipo de deuda en 2008, puede que hasta dentro de dos años no logre una sentencia firme que oblige al moroso a abonarla. Demasiado tiempo para los titulares de empresas pequeñas y medianas -los principales clientes del Cobrador del Frac- cuya economía depende justo de ese fallo judicial. De ahí que se recurran a mecanismos alternativos como éste. Manuel Merino apostilla que, incluso, cuando la sentencia es a favor de la empresa, a veces el crédito no se puede cobrar, ya que el dinero del acreedor "se ha esfumado".

La situación se pone negra. Es ahí donde aparecen los empleados de esta empresa. Lo primero que hacen es investigar el patrimonio del acreedor para conocer su situación económica auténtica. Una vez que se detecta liquidez, se intenta alcanzar un acuerdo. Si no hay resultado se indagan los bienes; esto es, se intenta conocer las maniobras que el afectado ha realizado para evitar pagar. Si hay indicios de delito, se formula la correspondiente querella criminal por estafa.

En Sevilla se presentan unas 50 querellas de este tipo al año. Hubo épocas -comenta Merino- en las que se llegaron a poner más de un centenar. No obstante, Sevilla se mantiene en los márgenes "normales" de morosidad. "La deuda es directamente proporcional a la actividad económica. En este sentido, Málaga es la provincia andaluza con más morosidad, al ser la que más ha crecido a nivel empresarial los últimos años", señala el director jurídico de esta empresa.

Una de las mayores dificultades de la crisis es la escasa liquidez que tienen los acreedores. Mejor dicho: la "falta de dinero aparente". Porque a medida que se estrecha el cerco sobre el moroso aumenta también la picaresca y muchos acreedores, incluso antes de firmar un crédito, "ponen sus bienes a buen recaudo", dice Merino, quien asegura "que el patrimonio en determinados niveles de ingresos no desaparece de la noche a la mañana".

En Sevilla, ciudad donde la picaresca históricamente ha despertado el ingenio de célebres escritores, las artimañas para librarse del señor vestido de frac son de lo más variopintas. Pero, sin duda, la que más prolifera en estos tiempos difíciles es lo que se ha venido a llamar "coleguismo". Término que los agentes del Cobrador del Frac aplican al acreedor denunciado que intenta ganarse la confianza de la empresa contratando uno de sus servicios. La respuesta del deudor al ser investigado se repite casi como un estribillo: "Pero si yo también estoy tieso, a mí me deben mucho dinero".

Estas últimas palabras son el preludio de un nuevo cliente que intenta evadir la cuenta pendiente inventándose un acreedor que no existe. Todo ello -según Merino- al más sevillano modo, invitando al cobrador a varias tapas y alguna que otra copa. [Convite que cuando no ha habido más remedio que aceptar, ha tenido que pagar en más de una ocasión el propio agente]. Para no caer en las redes de los pícaros, el cobrador siempre debe mantener una actitud distante, fría, intentando que su relación con el cliente-acreedor sólo sea contractual, no personal. Una auténtica habilidad en esta ciudad.

stats