Análisis de las jornadas de Semana santa Los problemas de los horarios e itinerarios

Un día condicionado por la celebración de los oficios

  • El Viernes Santo se vive sin grandes aglomeraciones que permiten admirar con todo lujo de detalle las cofradías

Se puede decir que el Viernes Santo es una de las jornadas más consolidadas de la Semana Santa. Se podría hablar incluso de que es un día perfecto. Las hermandades que lo forman son antiguas, con marcada personalidad, que congregan a un tipo de público considerado entendido. Es un día tranquilo, de pocas aglomeraciones, con menos gente en la calle, en el que la mayoría de los cortejos, salvo el Cachorro, son de reducidas dimensiones.

No hay grandes problemas organizativos en el día. Los horarios e itinerarios de sus hermandades están consolidados plenamente. Cuando se habla de incorporar nuevas cofradías a la Semana Santa, algunas voces se han alzado para indicar que el Viernes Santo es una de las jornadas donde cabría esa posibilidad, pero lo cierto es que está condicionada en lo que a horarios se refiere. Al igual que ocurre el Jueves Santo, el día está supeditado en su comienzo por la celebración de los Santos Oficios en la Catedral -es la jornada que más tarde empieza en la carrera oficial- y en su final, puesto que la Sagrada Mortaja abandona el templo catedralicio a medianoche. Por tanto, no parece que haya hueco para acoger a nuevos cortejos.

El único lastre que se ha vivido en los últimos años ha sido la lluvia que se ha hecho habitual y ha impedido la normal celebración de la jornada con hermandades, como el Cachorro que han estado cuatro años sin llegar a la Catedral.

Una de las novedades de este año es la incorporación de las mujeres en el cortejo de San Isidoro, que saldrán en un número aproximado de 20. La Soledad de San Buenaventura ha hecho un nuevo intento para sacar al Cristo de la Salvación. La hermandad creó una comisión para estudiar las distintas iglesias desde las que poder salir, entre las que se encontraba el Santo Ángel. La respuesta negativa de los carmelitas para salir de su templo llevó a la hermandad a plantearse sacar al Cristo en andas delante del paso de la Soledad, una posibilidad que finalmente también fue descartada.

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