Guillena

Un disparo fortuito mata a un niño de cuatro años en una cacería

  • La Guardia Civil investiga el suceso ocurrido en el coto privado La Lapa

Entrada al coto privado de caza donde ha muerto el niño de cuatro años. Entrada al coto privado de caza donde ha muerto el niño de cuatro años.

Entrada al coto privado de caza donde ha muerto el niño de cuatro años. / Víctor Rodríguez

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La finca La Lapa se encuentra en las primeras estribaciones de la Sierra Morena de Sevilla. Para llegar allí hay que atravesar un camino largo y pedregoso que se inicia en la carretera que une Burguillos con Castilblanco de los Arroyos. Este coto privado ha sido este sábado testigo de una tragedia que se produjo antes de media mañana. Un niño de cuatro años ha fallecido a consecuencia de un disparo fortuito ocurrido durante una cacería. Los medios sanitarios que se han puesto a disposición del menor no han podido hacer nada para salvarle la vida. Su cuerpo fue trasladado al Anatómico Forense para realizarle la autopsia. La Guardia Civil se ha hecho cargo de la investigación de este caso, sobre el que la Justicia ya ha decretado el secreto de sumario.

El coto mencionado suele estar frecuentado los fines de semana por cazadores. El camino de tierra que conduce a él –de unos dos kilómetros que se hacen eternos en coche, habida cuenta de la cautela que hay que tener conduciendo por los numerosos baches que presenta– está repleto de perdigones. De todos los colores. En el aire resuenan los disparos. Es tarde de sábado y la niebla empieza a cubrir los montes. En mitad de la senda, a la entrada de una finca, hay aparcado un coche de la Guardia Civil.

La soledad reina a estas horas de frío en una zona situada dentro del término municipal de Guillena, en el límite con Burguillos y Castilblanco de los Arroyos, en plena sierra. Esta quietud contrasta con el trasiego de coches que hubo a media mañana, cuando quienes se encontraban en La Lapa participando en una cacería trasladaron a un menor de cuatro años –vecino de Coria del Río– al ambulatorio de Burguillos, a 12 kilómetros del lugar, una distancia más reducida que los 21 kilómetros que hay hasta Guillena.

Poco ha trascendido, hasta ahora, de las circunstancias que han rodeado la muerte del menor. Sólo se ha sabido, tras la información facilitada por la Guardia Civil (que se ha hecho cargo de la investigación), que la hipótesis que se baraja como causa del fallecimiento es un disparo fortuito.

El menor, vecino de Coria del Río, fue trasladado al centro de salud de Burguillos, donde durante dos horas los médicos intentaron salvarle la vida

El Servicio de Emergencias 112 de Andalucía ha tenido constancia de este trágico percance poco antes de las 11:30 de ayer. Tras recibirse una llamada de alerta, se puso en marcha un dispositivo. Debido a la dificultad para acceder a la finca, se envió un helicóptero para trasladar al menor. Un servicio que no ha llegado a su destino, pues las personas que se encontraban en La Lapa, al comprobar que la situación del niño se agravaba, decidieron por sus propios medios llevarlo al centro de salud de Burguillos.

El personal médico de este ambulatorio ha intentado reanimar al pequeño, cuya vida se apagó dos horas después. El disparo fortuito lo ha llevado a la muerte.

Al tener conocimiento del óbito, el juzgado de guardia de Sevilla ha decretado el secreto de sumario. El cuerpo del menor se encuentra en el Anatómico Forense, donde se le practica la autopsia.

Durante la tarde de este sábado el coto de caza permanecía ajeno a la tragedia. Como si nada hubiera ocurrido. Por los montes, sumergidos en una espesa niebla, seguían sonando los disparos de los cazadores que aprovechaban la última y escasa luz del día para llevarse alguna pieza. Algunos conductores de todoterrenos se quedaban mirando, con curiosidad, los turismos que atravesaban la senda pedregosa. No estaban acostumbrados a verlos por esta zona de montería, donde casi todos se conocen. Eran periodistas de televisión que buscaban el lugar exacto donde se había producido el accidente mortal. La noche se echaba encima y el vaho empañaba los cristales. El silencio cubría la sierra. Los disparos callaron.

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