La aldaba
Carlos Navarro Antolín
Los adoradores, los nuevos agradaores
Los invisibles
CONVIERTE las crisis en gérmenes de expansión. Manuel García Pizarro (Sevilla, 1943) ha participado en cerca de dos mil proyectos industriales.
-¿Cómo llega a la Ingeniería?
-Aunque nací al lado de un cuartel de la Guardia Civil y siempre le tuve mucha afición al tricornio, toda mi vida quise ser ingeniero. Pero elegí el camino más largo. No podía irme a Madrid a hacer la carrera porque mi padre no tenía medios y yo era el mayor de seis hermanos. Así que me quedé en Sevilla y estudié Perito Industrial.
-¿Quién despierta su vocación?
-Mi padre. Era un pequeño empresario y un inventor. Tuvo la primera patente de deshuesar y rellenar aceitunas.
-¿Cuál fue su primer proyecto?
-En Alcalá del Río, donde ahora vamos a volver. Mi abuelo y mi padre eran de Alcalá del Río. Mi abuelo era herrero. Donde está la presa, había un puente de barcas y era el que hacía los arreglos de los carros. Allí se formó mi padre. Y yo dejé la empresa en manos de mis hijos Manuel Alejandro y Guillermo Raúl, que hicieron la carrera de Ingeniero Industrial en la Universidad de Navarra. Cuatro generaciones es muy difícil.
-Usted pasó del estudias o trabajas al estudias y trabajas...
-En 1965 creé la Oficina Técnica de Construcción Industrial y Electrificación. Con mi trabajo me pude pagar los estudios de Ingeniería Industrial. Soy de la tercera promoción de Reina Mercedes.
-¿En la Escuela de Peritos conoce a Alfonso Guerra?
-Con Alfonso coincidí en el colegio Miguel de Mañara con babi. Allí estaban también sus hermanos Adolfo, que sí era de mi curso, y Juan. ¡No hemos jugado juntos a la pelota y comido bocadillos que nos preparaba mi madre! El colegio ganó un concurso radiofónico gracias a Alfonso.
-¿Pasó por el despacho de Juan Guerra?
-Aparecieron unos catalanes con un proyecto de biscúter para La Palma del Condado. Un par de veces fuimos a tomar café con mi amigo Juan Guerra. Pero le voy a decir una cosa, y no es para la galería. Yo he hecho proyectos con muchísimos ayuntamientos, con la Junta y los fondos europeos estructurales, y jamás le di dinero a ningún político ni me lo han pedido. Yo no sé qué es un conseguidor. Distinto es que algún alcalde te pida ayuda para arreglar la plaza del pueblo o para comprarle las camisetas al equipo de fútbol.
-Pizarro de segundo. ¿Un empresario es un conquistador?
-Conquistador, guerrero, científico, abogado. Últimamente leo más libros de Derecho y de Economía que de Ingeniería. En mi vocación de empresario, sobre todo en la puesta en marcha de proyectos Pymes para llevarlos de los cascos urbanos a los polígonos industriales, late en el subconsciente haberme criado en el mundo de la pequeña y mediana empresa.
-¿La crisis también es pequeña?
-La ingeniería es una actividad muy curiosa. Entra en crisis antes que nadie y sale de la crisis antes que nadie. Sobre todo en el sector de la construcción, porque los permisos, los proyectos se tienen que preparan con un año de antelación. Un año antes sabía que íbamos a entrar en crisis y ahora estoy percibiendo que empezamos a salir. El país quiere salir. ¿Sabe lo que falta? Lo que dice Rodrigo Rato: gasolina para que el coche funcione. En un polígono industrial de Almonte, Camino Alto, en un mes se adjudicó la primera fase de naves.
-¿Ha salido de Andalucía?
-Estamos con proyectos en Extremadura, en Castilla-La Mancha, un polígono industrial en Daimiel, y el año que viene tenemos previsto dar el salto a Marruecos.
-Es aficionado a la caza...
-Ese elefante de la foto lo cacé hace cuatro años en Zimbabue. Soy cazador de escopeta y de los libros. Mi biblioteca de caza es de las mayores de esta zona. Quiero escribir un libro en el que mezclo mis dos pasiones, la caza y la ingeniería. Cuando estoy cazando actúo como empresario, estudio el viento, la situación. Cuando estoy en una reunión profesional, estoy cazando al que tengo enfrente.
-¿Su último trofeo?
-En Semana Santa estuve en Argentina. Cacé ciervos rojos y un cuatro cuernos, un híbrido rarísimo, mezcla de cabra y de oveja.
-En empresas, ¿la pequeña es la grande?
-Es el colchón fundamental para los grandes proyectos, porque desgraciadamente la empresa mediana ha desaparecido. La pequeña empresa es la que crea puestos de trabajo. En Andalucía se han destruido 300.000 y 800.000 autónomos. Es la que más rápidamente se destruye y la que más rápidamente se regenera. Hace diez o doce años fui con otros ingenieros y profesionales a Ucrania para estudiar un proyecto de la Junta de llevar una fábrica de todoterrenos Santana. Eran fábricas enormes, mastodónticas. En los países comunistas no existía la pequeña empresa. Hubo que dejar el proyecto.
-¿Cuál es su refugio?
-La finca más alta de El Pedroso, Nido de Águilas. Soy muy aficionado a la Segunda Guerra Mundial y era el nombre de la casa que Hitler tenía en la Selva Negra.
-¿Por qué llevó a sus hijos a estudiar a Navarra?
-La Escuela de Ingeniería de Navarra está en San Sebastián. Nunca me gustó el sistema de estudios de la Universidad de Sevilla. Una continua carrera de obstáculos. No te enseñaban a ser ingeniero.
-¿El ingeniero anuló al perito?
-En un mundo globalizado hay que saber de todo. En 1999 organizamos el primer Seminario de Desarrollo Local de Andalucía en Benacazón. Formamos a 350 agentes locales de desarrollo. ¿Sabe cuál era el título de mi ponencia? Cómo se convierte un olivar en un polígono industrial.
-La Expo ha cumplido 18 años. ¿Intervino de alguna forma?
-Me recomendaron que no me metiera y fue el mejor consejo. Después de la Expo, casi toda la ingeniería de Sevilla tuvo que cerrar y la mía empezó un proceso de expansión.
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