El futuro era mejor antes

Calle rioja

Quitamiedos. Una bocanada de nostalgia, una ración de sonrisas y un antídoto contra el miedo a volar

El futuro era mejor antes

Contra el miedo a volar, nombre de un libro de Erika Jong que causó furor en los tiempos en los que se llevaba leer a Herman Hesse o a Erich Fromm (el miedo a la libertad tiene sus años y su bibliografía), está el antídoto de leer. A mí siempre me ha funcionado. En mi bautismo de vuelos, al final de la mili, verano del 79, mitigué el pánico de aquel primerizo Madrid-Sevilla con un compañero de cuartel que era portero del Moscardó terminando las últimas páginas de Paradiso, del cubano Lezama Lima. Una década después, en un vuelo Caracas-Santiago de Compostela pusieron la película Interferencias, versión moderna y televisiva de los clásicos en blanco y negro Luna Nueva (el lunes la pusieron en el cine de verano de la Diputación) y Primera Plana, la mejor película sobre periodistas. La película terminó y el Atlántico que a la ida había cruzado en barco con Miguel de la Quadra Salcedo como capitán del mítico Guanahaní, nombre colombino del J.J. Sister, era muy grande. Saqué provisiones lectoras, la novela Las nuevas confesiones, de William Boyd, al que un año antes, el verano del 88 que murió El Pali, había descubierto leyendo Un buen hombre en África en Cortelazor mientras disfrutaba de la Eurocopa de Alemania (cuando Gordillo se cortó, le cortaron la coleta con la selección) en la casa de Mercedes de Pablos en ese paraíso de la sierra de Huelva. El único campeonato que ha ganado la selección de Holanda, golazo de Van Basten a Dassaev.

Muchos años después, título de una preciosa novela de José Antonio Gabriel y Galán, se presentaba otro vuelo largo. Cinco horas entre Madrid y Tel-Aviv el pasado 7 de julio para participar en una peregrinación a Tierra Santa presidida por el arzobispo de Sevilla, José Ángel Saiz Meneses. Tenía que coger un libro que cupiera en mi reportero, que es una maleta en miniatura para directivos de pitiminí. Un libro que me había dedicado su autor reunía esas condiciones: Zafarrancho¡ Vilima(‘El futuro era mejor antes’), de Álvaro Martín, don Vilima, sevillano de 1977, el año en el que llegué a esta ciudad y que el Betis ganó la Copa del Rey y Vicente Aleixandre el Nobel de Literatura.

Me habló de su libro en el homenaje que Radio Sevilla le dio a José Antonio Sánchez Araujo para rotular un estudio con su nombre en la emisora de González Abreu. Metí Zafarrancho¡ Vilima (Peripecias Libros) con mis gafas, el móvil, pañuelos de papel y un boli, porque no cabe nada más en el reportero. Al final del libro apunté el nombre del comandante de Iberia que nos llevó hasta el aeropuerto Ben Gurion de Tel-Aviv: Juan Delgado. Lo he leído en los dos trayectos, el de ida y el de vuelta. Y ha tenido un efecto balsámico. Yo creo que el libro ha sido la tercera ala del avión, el nuevo Paradiso.

El subtítulo es genial, El futuro era mejor antes, frase que me recuerda un poema de Luis García Montero en el que habla de la nostalgia del futuro, “cuando el futuro estaba en su sitio”, que coloca Juan Marsé en el inicio de su novela El embrujo de Shangai. El libro tiene dos prólogos, uno de Clara Grima, divulgadora de las Matemáticas: después del miedo a volar hay que situar no muy lejos el miedo a las Matemáticas; y un segundo de Gonzalo Rivas, colaborador del programa, un tipo luminoso, cuya hermana Carmen Rivas publicó un hermosísimo libro sobre la visita de Rilke a Ronda. El libro de Álvaro, don Vilima, es un quitamiedos genial. Un analgésico infalible que debería recetarse en las parafarmacias de los aeropuertos. De regreso a Madrid desde Tel-Aviv, la patria de los macabeos del basket, simultaneé la lectura con un episodio algo estrambótico dentro del avión que trajo a mi memoria al pintor Ricardo Suárez en su etapa de costalero y a Tom Ripley en una de las novelas de Patricia Higsmith, El amigo americano.

Gonzalo Rivas hace una síntesis gloriosa entre las carmelas de Polvillo y la magdalena de Proust. No hay tiempo que perder en este tiempo perdido. Don Álvaro o la fuerza del sino hace mezclas hiperbólicas: Jarcha con Extremoduro; Janis Joplin con Juanita Reina. En plena campaña electoral, en su mirada a ese futuro de antes (mejor que el pasado de mañana) dice que “una madre era un gobierno en pequeñito”. Si esto le llega a José Antonio Griñán sabrá que no miento. Siendo presidente de la Junta, me señaló entre un grupo de periodistas para decir que había utilizado la frase de un artículo mío. Decía exactamente: “El ayer es historia, el mañana es un misterio, el hoy es un regalo, por eso se llama presente”. La menciona Clara Grima en el comienzo de su prólogo. La cita es de la película Kung Fu Panda.

Terminé de leer el libro en el avión un 14 de julio “sin Marsellesa”. Veníamos de Tierra Santa y Álvaro Martín habla de Moisés, del cirineo y del samaritano. En este regreso al futuro (fue la película que vimos en el cine de verano horas antes de que mi mujer se pusiera de parto de mi hija Andrea esperando al verano de 1991) hay cines de verano, hay periódicos de papel. El Guinnes cotidiano de la primera vez que el autor montó en bicicleta, la primera borrachera, los primeros ligues ahora que vuela el Je t’aime de Jane Birkin. Don Vilima se quedó con los derechos de autor de la tienda señera que abrió en 1963 muy cerca de las casas natales de Cernuda (que murió ese año) y de Turina, tienda que en plena Velá de 1968 vivió un espantoso incendio que todavía está en el imaginario de quienes corrieron delante de los grises en el mayo francés del abril sevillano.

Tiempos de Mirinda y de Okal, de Cinzano y de Nivea, antes de que llegara el colonialismo del Outlet y el Vintage. O el del Airbag, bolsa del aire que ponía de los nervios a Fernando Quiñones. Tiene don Vilima un currículum curioso: entró en Radio América, de Jesús Quintero, con 13 años, de la mano de Amós Rodríguez Rey, el hermano del Beni de Cádiz; es un especialista en la música de Queen. Entrevistó a personajes como Santiago Carrillo o Manolo Escobar, con el que vio un partido de Copa del Rey del Betis en su casa de Benidorm.

No hay comentarios

Ver los Comentarios

También te puede interesar

Lo último