Aquel gol de Mbia y el 13 de junio

Puntadas con hilo

El PP se esfuerza con ofertas y tácticas a veces poco creíbles para aparentar que el partido no está del todo perdido. El PSOE sigue sin concretar con nadie. Los últimos minutos serán claves.

Aquel gol de Mbia y el 13 de junio
Aquel gol de Mbia y el 13 de junio
María José Guzmán

07 de junio 2015 - 05:03

AJuan Ignacio Zoido le gusta el fútbol. Y, como buen sevillista, recuerda con emoción todas esas jugadas que han dado los triunfos a un club que ha batido récords. Quizás por eso, estos días, no puede evitar que se le venga a la cabeza ese gol de Mbia que el 1 de mayo de 2014 metió al Sevilla en la final de la Liga Europa. De cabeza, decisivo y en el último minuto. La última jugada de aquel partido contra el Valencia salvó al Sevilla en las semifinales. Y todavía quedan unos días para que se pite el final del partido que están disputando desde el 24 de mayo las distintas fuerzas políticas. Por ello, el alcalde en funciones alberga aún esperanzas de colarse, de cabeza y por sorpresa, en el próximo gobierno municipal. Sólo basta con que el principal contrincante, el socialista Juan Espadas, no logre reunir los puntos necesarios y finalmente se caiga de la tabla, lo que permitiría un ascenso automático de Zoido a la Alcaldía.

Todas las estrategias políticas se dirigen a evitar que esto ocurra. Ciudadanos, el partido que más cerca podría estar del PP, ha manifestado en más de una ocasión que su interés es propiciar un cambio en la gestión del Ayuntamiento de Sevilla. Por ello, resulta difícil creer que vaya a apoyar un programa continuista como el que ha esbozado Zoido en la pasada campaña electoral y en sus ofertas de diálogo de estos días, por mucha disposición que haya mostrado esta semana a asumir como propias las exigencias del partido de Albert Rivera, incluidas las primarias. Soprendente en un candidato que se niega a competir incluso con la marca de su propio partido. Y Participa Sevilla e Izquierda Unida, las otras dos fuerzas que han logrado representación en la Plaza Nueva, no están por la labor de dejar pasar a la derecha. Así que existen bastantes posibilidades de que el PSOE cierre un pacto. Otra cosa es cómo gestionará esta oportunidad de oro, pues Espadas no sólo no ha ganado, sino que apenas ha mejorado su pésimo resultado de 2011 en 4.000 votos. Si al socialista se le escapa la semana que viene el bastón de mando, ése será su gran fracaso y, a la larga, Zoido podrá rentabilizar incluso su hundimiento, pues al pueblo le cuesta entender a aquellos que obstaculizan el gobierno, sea de la manera que sea. Un gobierno inestable encabezado por el PSOE podría ser castigado también muy duramente en la próxima cita y serviría al PP de argumento para resurgir.

Espadas se muestra muy confiado desde el 24-M. En parte, es la estrategia que debe seguir un líder que pretende arrebatar la Alcaldía a quien se quedó a 3.000 votos de diferencia. El socialista es el vencedor virtual de las elecciones y su táctica pasa por derrotar por completo al rival en lo que resta hasta la constitución del gobierno. El criterio seguido por Zoido, en cambio, está siendo mucho más variable. Si en un primer momento se presentó como el ganador, despreciando incluso la necesidad de abrir el diálogo con el resto, luego ha protagonizado varios episodios de despedida, con mucha más humildad, una virtud que el candidato del PP sabe explotar con acierto en las distancias cortas.

Hay quienes ven pantomimas en los mensajes que Zoido ha lanzado los dos últimos viernes. La semana pasada difundió un documento con sus líneas rojas para abrir el diálogo con todas las fuerzas políticas. Esta semana respondió al envite de Ciudadanos ofreciendo incluso un paso más allá de las exigencias anticorrupción que el partido naranja pone como requisito para sentarse a negociar. Algo así como un intento por aparentar lo que no es y evitar dar la sensación de que todo está perdido y también potenciar la creencia de que el efecto Zoido permanece vivo porque así lo dice al aplausímetro del Corpus, esa fecha religiosa que para el PP es el mejor de los barómetros y los balances. Suena demasiado infantil y cuesta creer que detrás de todo ello haya una táctica seria y estudiada. El alcalde, más que adhesiones, necesita que cada uno se vote a sí mismo. Es su única salida.

Todo es posible por ahora. Y ahí está el símil futbolístico que seguro que el alcalde tiene estos días en mente. Lo que ocurre que el gol de Mbia es sólo fútbol, un deporte donde el resultado en el marcador es decisivo. Es una cuestión de número. Como lo son los votos en las urnas, dirían algunos resultadistas que defienden que gobierne la lista más votada. Al final lo que cuenta es la porción de la tarta. Sin embargo, hay una diferencia: el fútbol es un juego y la política nunca debería serlo.

stats