Calle Rioja

La guerra del Inglés, Zarra en Maracaná

  • El historiador Manuel Moreno Alonso busca en las fuentes originales, incluida las cartas de los soldados que combatieron, una nueva visión de la Guerra de la Independencia

El historiador Manuel Moreno Alonso. El historiador Manuel Moreno Alonso.

El historiador Manuel Moreno Alonso. / Belén Vargas

DICE que es el libro de su vida. En estas cábalas del Brexit, el chotis de los británicos para un lado y para el otro, Manuel Moreno Alonso ha terminado una obra que es el resultado de años de trabajos y de investigaciones. Se titula La guerra del Inglés en España. 1808.1814. La historia como campo de batalla’.A Wellington, el militar británico, le acompañan figurantes de primera división como lord Byron o Walter Scott. Moreno Alonso, paseante por el mercadillo del Jueves en busca de viejas novedades, gusta de estas paradojas. Por eso no le gusta el concepto de memoria histórica, porque carece de esa riqueza de toda paradoja. “Ese concepto es una aberración científica”.

En este campeonato de rigodón que se ha inventado la Uefa para hacer caja, España derrotó a Inglaterra en Wembley y los ingleses nos la devolvieron en el campo del Betis, donde no jugaba la selección española desde hacía 23 años. Bien pensado, el partido debería haberse disputado en el estadio Carranza, reedición de la fortaleza gaditana contra las tropas británicas en aquella batalla que noveló Manuel Mantero y que tituló Antes muerta que mudada. Con la participación en la contienda del mismísimo John Donne. Poeta británico del que cogió Ernest Hemingway el título de su cinematográfica novela Por quién doblan las campanas.

Moreno Alonso conoce bien el territorio británico. Durante el verano de 2012 buceó en los archivos londinenses buscando información sobre lord Holland, el amigo y mecenas de Blanco White, el hetedoroxo sevillano nacido en la calle Jamerdana que está enterrado en Liverpool. El autor de unas Cartas de España que siguen siendo uno de los principales estandartes de la disidencia, además de una crónica meticulosa de la España de comienzos del siglo XIX, la misma que aborda el historiador en esta guerra del Inglés.Es un investigador atípico. Su refugio favorito es la peña de Alajar, en los dominios de Arias Montano, el intelectual de la corte de Felipe II. Enseña Historia de las Revoluciones, documentó la Sevilla Napoleónica, nada bondadosa con los títulos que adornan los méritos heroicos de la ciudad. Dirigió una tesis doctoral de una alumna, centrada en la trayectoria política e intelectual de Plácido Fernández Viagas, el primer presidente de la Junta de Andalucía.

La guerra del Inglés abrirá nuevos espacios para entender mejor un periodo más proclive para la épica que para la ciencia, más dado a los panegíricos y las plañideras que al rigor. Moreno Alonso utiliza para refutarlos los métodos de Raymond Carr, Hugh Thomas y Paul Preston, hispanistas de manual.Biógrafo de Antonio Domínguez Ortiz, esta guerra del Inglés suena a nuevo gol de Zarra en Maracaná. El tiempo que estuvo investigando en la capital inglesa se adentró tanto en los libros y los documentos que no sabía que se estaban celebrando en Londres unos Juegos Olímpicos. Además de otras fuentes historiográficas, Moreno Alonso ha trabajado en la correspondencia de los soldados que combatieron, en el relato veraz y cotidiano de unos tiempos que noveló Galdós en sus Episodios Nacionales.Incansable, tozudo, su relación con la historia tiene unos perfiles casi olímpicos por el tesón y la perseverancia. Narra unos años de hace dos siglos que explican muchas de las cosas que ocurren en la España contemporánea. Empezaba un siglo que llegarían a su final con la pérdida de las colonias en un año, 1898, que le pondría colofón numérico a una generación de escritores: Valle, Azorín, Baroja, Unamuno. Un cuarteto que cultivó todos los géneros, incluido el del patriotismo. Valle y Unamuno mueren el año 1936, el de la sangría.

Moreno Alonso ha estudiado también las vinculaciones de Carlos Marx con la historia de España, tótem de esas revoluciones que convirtió en categorías teóricas, siendo la revolución una palabra tan práctica de pronunciar y muchas veces tan poco práctica a la hora de llegar a unos resultados óptimos. La guerra del Inglés es un viaje equinoccial de un intelectual con aspecto de profesor chiflado, el punto y aparte a una serie de trabajos marcados por la intuición y la lucidez. La historia como campo de batalla descrita por un batallador, un luchador contra tópicos, prejuicios y verdades preconcebidas.

Estudió como pocos la resistencia numantina de la Isla de León al invasor francés. La Constitución de 1812, la Pepa que ahora da nombre al puente más espectacular de Europa, es también puente cronológico entre 1808 y 1814, alfa y omega de estas hazañas bélicas de una guerra muy bien novelada y muy mal historiada. La Constitución cuyos artículos merecieron otro libro prometeico de este historiador que buscaba datos mientras los atletas corrían por la pista de Londres y saltaban al estilo Fosbury.

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