Una historia de prosperidad en los negocios
Empresario de la hosteleríaEmpezó a trabajar como camarero los fines de semana en un restaurante marroquí, poco a poco fue ganando más responsabilidad y hoy es el dueño del restaurante Al Medina, cerca del Museo de Bellas Artes
Llegó a España de Marruecos hace 14 años para estudiar informática, aunque pronto consiguió un contrato de trabajo. "Al principio me dediqué a comprar ropa en Portugal y venderla en Sevilla, y así estuve unos años viajando todo el tiempo. Más tarde conocí a un amigo que trabajaba en el Pabellón de Marruecos en la Cartuja y me propuso trabajar en el primer restaurante de comida marroquí de la ciudad". Comenzó como camarero temporal trabajando los fines de semana y poco a poco fue ganando más responsabilidades. En 1998, con Farid como socio y encargado, abrieron el restaurante Al Medina cerca de la Plaza del Museo. "Hace unos meses le propuse a mi socio comprarle su parte de los dos restaurantes y accedió, así que ahora soy el dueño", comenta. Al Medina es un lugar tranquilo que ofrece "buen ambiente" y comida casera marroquí. "Nuestra carta está compuesta de platos típicos de mi tierra, no de recetas de casas reales ni de bodas, sólo comida popular marroquí". Pero además de comida y música originarias del Magreb, los comensales que se acerquen al restaurante los viernes tendrán una grata sorpresa. "A las once de la noche, mientras los clientes están comiendo, se apagan las luces y unas chicas comienzan a bailar la danza del vientre". Farid tiene 31 años y cuenta que su familia está orgullosa de que le marchen bien los negocios.
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