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Sevilla

La invasión China

  • Una veintena de empresas textiles han cerrado ya por la competencia asiática · El comercio local pide igualdad de condiciones y en algunos municipios se ha puesto freno a los nuevos bazares

Empezaron con las tiendas de ropa y ya han llegado a las peluquerías. Los comercios chinos invaden los barrios de Sevilla. Rara es la calle en la que no hay un establecimiento regentado por estos asiáticos que se han convertido en una dura competencia para el comercio local, que exige a las administraciones competentes, principalmente la Junta de Andalucía, mayor control para lograr un libre mercado en "igualdad de condiciones". Mientras en la capital hispalense aún no se ha arbitrado ninguna medida al respecto, en otros municipios del área metropolitana, como Alcalá de Guadaíra, se ha conseguido, mediante el PGOU, frenar el crecimiento de los bazares chinos.

Cuantificar un número aproximado de comercios chinos es difícil, por no decir imposible. Ni el Ayuntamiento ni la propia federación provincial de comerciantes de Sevilla (Aprocom) tienen datos exactos, entre otras razones, porque muchas de estas tiendas son alquiladas y mantienen la licencia de apertura de su anterior inquilino, según señalan desde Aprocom.

Lo que sí son cuantificables son las pérdidas que el gigante amarillo está ocasionando en la provincia, donde hay censados 3.617 chinos. El sector más perjudicado es el textil, el primer mercado donde desembarcaron. La Asociación de Empresarios de la Confección (Aecon) estima que en los últimos cuatro años más de 20 empresas textiles han tenido que cerrar por la competencia directa de los chinos, lo que ha supuesto poner en la calle a unos 300 trabajadores. El principal fortín de estos bazares asiáticos se encuentra en el Polígono Aeropuerto Viejo, al que algunos denominan ya como Chinatown por el elevado número de grandes almacenes en cuyas fachadas se exhiben letreros chinos. Pero esta competencia no sólo pasa factura en el mercado textil, el de la alimentación también empieza a notar sus consecuencias. Federico de la Torre, secretario general de la Federación de Industrias y Comercio de Alimentación, corrobora esta situación, que se agrava en los comercios de barrio.

Sin duda, estos establecimientos son los más perjudicados por los negocios asiáticos. La razón es bien sencilla: la ley andaluza de comercio interior sólo establece un horario restringido para aquellos comercios que superen los 300 metros cuadrados, los que tengan una superficie menor tienen libertad horaria. Ahí es donde las tiendas chinas tienen su principal arma de guerra: abren 12 horas al día, domingos y festivos incluidos. Ana Liu, que pertenece a la asociación de chinos Unitao, explica que esta "incansable" jornada laboral sólo se entiende si se tiene en cuenta la fuerte competencia que existe en China, donde la alta población obliga a tener que "vivir para trabajar" si se quiere prosperar en la vida.

El horario no es el único aspecto que alarma a los comerciantes sevillanos. Hay muchos más. Entre ellos, apuntan desde la Confederación Empresarial Sevillana (CES), se encuentran los convenios en salarios y contratación, que distan mucho de los establecidos en Europa. A lo que se suma el hecho de que en bastantes ocasiones en un negocio trabajen todos los miembros de una familia -menores en muchos casos- y que se generen pocos puestos de trabajo para los sevillanos. Tomás González, vicepresidente de Aprocom, subraya, en este sentido, que en la cadena de producción china no hay ningún intermediario español: "desde la materia prima hasta la venta en la tienda todos son chinos, por lo que nuestras ciudades no reciben ningún beneficio". La federación de comerciantes exige, además, que aumenten las inspecciones policiales y sanitarias en estos comercios, sobre todo en los que se dedican a la alimentación. La delegación municipal de Salud y Consumo, por su parte, asegura que estos controles se mantienen con regularidad, independientemente de la nacionalidad del dueño del negocio.

En la provincia la situación es similar. Las localidades que siempre han destacado por el comercio han comprobado el menoscabo que está produciendo la competencia amarilla. Sin embargo, hay municipios como Alcalá de Guadaíra donde los comerciantes han logrado modificar el PGOU y evitar así que se abran más bazares chinos en el centro de la ciudad y controlar su apertura en los barrios.

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