La lenta metamorfosis de José Gestoso

Nuevas tiendas intentan hacerse hueco en una calle dominada por negocios tradicionales y donde las 'setas' no han surtido aún efecto.

Panorámica de la calle José Gestoso, aún con la iluminación navideña.
Panorámica de la calle José Gestoso, aún con la iluminación navideña.
Diego J. Geniz

11 de enero 2015 - 05:03

Un cambio anhelado pero que se antoja demasiado lento. La repercusión de las setas tarda en verse en José Gestoso. Si en la vecina Regina la transformación comercial comenzó antes, incluso, de que se acabara el proyecto de Jürgen Mayer, en esta estrecha vía que desemboca en Orfila los efectos están aún por notarse. Intentos no faltan. Hay tiendas que se han reconvertido y negocios que han abierto para buscar un nuevo perfil de cliente. El cierre de Pichardo puede suponer un punto de no retorno para una calle cuya metamorfosis -defendida por algunos y sin justificación para otros- se ralentiza.

Hablar de esta calle es hacerlo de tiendas que permanecen en el imaginario colectivo de la ciudad: La Casa de las Planchas, la de los Arreglos, la de las Especias o los Almacenes Pérez Cuadrado. Negocios que permanecen junto a otros que echaron el cierre, como El Pavo Real o recientemente Pichardo, que cesó su actividad por el fin de la renta antigua. Sin embargo, a estos comercios tradicionales se han sumado recientemente algunos -todavía pocos- que intentan atraer a un público distinto al habitual de esta vía y similar al que acude actualmente a Regina, resucitada tras años en coma.

Uno de los que apuestan por el cambio es Chema Rodríguez, director de Micro Teatro, un establecimiento que abrió en diciembre en el local que ocupó hasta septiembre de 2013 El Pavo Real, famoso por los calzados que exhibía en la puerta. Actualmente acoge un bar, café y pequeñas salas de representación. Es una fórmula con pocos precedentes en la ciudad y que ha cosechado un gran éxito en Madrid, México, Buenos Aires y Málaga. Por sólo seis euros, un sevillano o visitante puede tomar una cerveza, una tapa y disfrutar de un espectáculo escénico de 15 minutos en las pequeñas cinco salas que componen el edificio.

Una oferta novedosa que combina gastrobar y teatro (incluso danza) interpretado por profesionales. "Apostamos por esta zona porque el entorno del Metropol Parasol se está convirtiendo en el soho de Sevilla, en el lugar de la cultura alternativa", explica Chema Rodríguez, quien admite que cuando le dijo a sus familiares que abriría este negocio en el antiguo Pavo Real, lo primero que se les vino a la mente fue el escaparate repleto de babuchas. "Lo ideal sería que aquí ocurriese como en Regina, que abrieran más locales como éste y que la única opción para revitalizar una calle comercial no sean sólo las tiendas low cost", añade el responsable de Micro Teatro.

Frente a este establecimiento se encuentra la tienda de flores Los Ramitos. El negocio comenzó en el antiguo mercado de la Encarnación, hace 80 años, antes de que se mudara a las instalaciones provisionales. Manuel Ramos, uno de sus propietarios, recuerda que "era una de las calles con más ventas, cuando no había ni centros comerciales ni polígonos". Muestra cierto "escepticismo" sobre el éxito que puedan cosechar en esta zona nuevos negocios como Micro Teatro.

Pocos locales más adelante se encuentra La Casa de las Especias, una tienda con 83 años de historia, donde raro es el momento en el que no entra un cliente. Algunos turistas, incluso, lo hacen atraídos por el olor de sus productos. A su dueño no le gusta hacer declaraciones ni que nadie que allí trabaja haga algún comentario a la prensa. Nada que ver con Rafael del Castillo, propietario de la lencería R. C. F, abierta en 1964. Es la tercera generación que se encarga de ella y seguramente la última. "Quiero que mis hijos enfoquen su vida a otra labor", señala este comerciante, que sostiene que las setas "no han tenido ningún efecto en las tiendas de esta calle". "Este gran proyecto no cuenta con un parking, lo que complica que la gente venga a comprar a la zona. Cosa bien distinta es lo que ocurre en los bares, que se llenan", incide Castillo.

La tienda que regenta era de renta antigua, pero el alquiler lo actualizó en 1996. "Estos negocios no pasarán de una segunda generación", afirma este comerciante, quien vaticina un final cercano para unos establecimientos cuya clientela "no se renueva". "Quienes nos compran tienen un perfil muy definido: personas mayores de 44 años y del barrio", añade este tendero.

Casi enfrente se encuentran los Almacenes Pérez Cuadrado. Entrar en este espacioso local es hacerlo en uno de los santuarios del comercio tradicional hispalense. Su propietario, Rafael Pérez, ha sabido guardar ese aire añejo -convertido en atractivo- pero sin renunciar al uso de las nuevas tecnologías. Eso sí, el que opte por una estética metrosexual difícilmente encontrará aquí una prenda interior a su gusto. "Estos almacenes abrieron en 1944. Somos la segunda generación que se hace cargo de ellos. Al día podemos recibir un centenar de clientes", detalla el actual propietario de Pérez Cuadrado, para quien, al margen del mal estado del pavimento de José Gestoso, lo ideal para salir de la languidez comercial sería la revitalización de los negocios existentes o la apertura de nuevos que atraiga a un público más joven.

Esta calle aún no ha sido tomada por las franquicias. La superviviencia en ella de comercios tradicionales supone un baluarte para fieles clientes de negocios como la Casa de los Arreglos, donde, además de alquilarse trajes, se hacen a medida y se venden múltiples uniformes (como el de gala para militares), capas españolas y togas. Sus responsables han modernizado la sastrería Trimber y recuerdan que hace poco se organizó un mercadillo en la calle que no consiguió el éxito deseado.

Aurora Torres no se lo pensó dos veces cuando encontró un local vacío en José Gestoso. Iba buscando un lugar en la Alameda para abrir Lupulópolis, una tienda especializada en la venta y degustación de cervezas artesanales. Al final optó por esta calle y acertó. "Abrimos en junio de 2013. Buscábamos un establecimiento más grande, pero al final nos quedamos con éste. Desde entonces hemos traído a este calle a un público nuevo, más joven, del que sólo disfruba Regina", apunta Torres.

En la antigua Casa de los Plásticos lo tuvo claro hace siete años José Manuel Portana, su propietario. Había que cambiar por completo un negocio que funciona desde 1956, "adaptarse a las necesidades de los nuevos clientes sin perder los antiguos". Así es como surge Blanco Azahar, donde los antiguos hules de mesa dieron paso a flores de tela que se venden ahora para trajes de flamenca. La decoración de esta tienda cambia cada trimestre y en ella se organizan actuaciones. Para su dueño, el resurgir de José Gestoso pasa "por un cambio de chip de los comerciantes".

La Casa de las Planchas, abierta en 1958, es otro de los negocios de referencia de la calle. Ricardo Menéndez, uno de los propietarios, incide en que la tienda registra una media de 120 clientes diarios. En 16 meses se facturan 52.000 tickets. "La ubicación, a la salida de José Gestoso, facilita la entrada de personas, lo que logra vencer la barrera invisible de la calle Laraña y Martín Villa, que separa el centro comercial en dos zonas", relata Menéndez, quien opina que las setas "no han conllevado a una reactivación de esta vía". Para él, una de las claves que podrían conseguir que José Gestoso resurja se encuentra en "hacer del aire añejo de los negocios un atractivo".

Marieta Domínguez ha pasado tres navidades al frente del negocio que lleva su nombre al final de la calle. En esta tienda se venden indumentarias y complementos relacionados con las fiestas sevillanas: desde trajes de flamenca a túnicas de nazareno. Abrió aquí porque siempre le gustó vender en el centro, aunque reconoce que José Gestoso "lleva años triste". Coincide con otros tenderos en que el efecto del Metropol Parasol "aún no ha llegado" a una vía a la que habría que dar "otro aire y que no fuera tan provinciana".

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