Un marchenero en Hollywood

Nació Pepe y en Marchena · Se puso Raúl antes de conquistar América · Bailó con Caracol y Lola Flores · En Colombia conoció a una argentina del Ballet Ruso con la que se hizo ciudadano de los Estados Unidos

Un marchenero en Hollywood
Un marchenero en Hollywood
Francisco Correal

24 de octubre 2010 - 05:03

En Estados Unidos era demócrata, pero su amigo Ronald Reagan lo hizo republicano. En Sevilla, muchos años antes, era republicano, pero los comunistas de Triana lo hicieron falangista. Es la exagerada vida de Raúl Martín (Marchena, 1926), nombre artístico que le puso el empresario Cipriano Gómez Lázaro en las Galas Juveniles. Lleva 53 años viviendo en Hollywood, pero su casa huele a cine de verano de Sevilla. "Soy el único que he sembrado en el jardín higos chumbos".

Ha vuelto a Sevilla para llevarse a América a su hija Adriana, que nació en Hollywood en 1969 y vive en Palomares. Los dos mayores siguen allí: Gabriela nació en Nueva York y tiene un negocio de venta de libros antiguos por internet; Alejandro es de Los Ángeles y es el fotógrafo oficial de algunos equipos de esa ciudad.

Es un libro abierto al que se entra por muchos sitios. "Tengo muchas ramas, la de torero, la rama artística, la política". Alguna vez se cruzaron las tres. Una tarde, cuando ya era en Madrid un reputado bailarín que había formado parte de la compañía de Caracol y Lola Flores, que trabajó en los espectáculos de los tres mosqueteros de la canción -Quintero, León y Quiroga-, estaba viendo a Antonio Bienvenida enfrentado a seis toros en las Ventas. Alguien pronunció su nombre. Era Carmen Amaya. Lo citó un día después en el teatro Fontalba, en la Gran Vía.

Se incorporó a la compañía. "En una gira por España vinimos a Sevilla, que Carmen no conocía. Ella era catalana y me dijo que quería probar el gazpacho. Se lo preparó mi madre, un gazpacho majado, y se lo comió en mi casa de Nervión". Llegó la gira americana. Segunda viaje en barco de Raúl a Buenos Aires. En el primero había salido del puerto de Vigo para debutar en un local llamado El Tronío, donde cosechó un gran éxito. De esa primera experiencia argentina recuerda las noches en el restaurante El Globo, en la calle Florida. "Allí me hice muy amigo de Ramón J. Sender. Estuvimos a punto de hacer un libro juntos, pero se fue a Los Ángeles de profesor. Muchas noches llegaba en su bicicleta Rafael Alberti. Hablaba del teatro, de Lorca. Y de política. Yo le contaba que era falangista, yo tengo el número 36 de Falange de Sevilla, que me lo dieron con diez años; Rafael era comunista, pero como era un hombre tan estupendo siempre me respetó".

El viaje americano con Carmen Amaya fue más accidentado. "Nos dijo que la paga nos la darían en el barco, pero el tren a Barcelona lo pagaba cada uno". Ahí se funden el Raúl político y el artista. Fernando Fuertes de Villavicencio, coronel jefe de la Casa Civil de Franco, era admirador de su baile. Consiguió que actuara en dos ocasiones para Franco y Carmen Polo, una en el Pardo, otra en la Granja de San Ildefonso. En esta última, el Caudillo le regaló un reloj. El mismo reloj que llevó a una casa de empeños para comprar el billete de tren a Barcelona.

Segunda llegada a Buenos Aires. "El admirador número uno de Carmen Amaya era el general Perón. Estuvimos un mes y fue cuatro o cinco veces al palco. Venía a los camerinos y nos hablaba de lo bien que lo pasó de joven en Barcelona. En Argentina sobraba de todo. En España, en esos años, finales de los 40, el que tenía dinero tenía una Vespa".

El marchenero se hartó de viajar por las cordilleras andinas, de la racanería del hermano de Carmen Amaya en el reparto de los honorarios. Se quedó en Colombia. Montó una academia de baile en Bogotá, presentó un programa de la incipiente televisión y le encargaron el montaje de El sombrero de tres picos. Para el papel de molinera convenció a una bailarina argentina que formaba parte del elenco de un ballet ruso. Raúl dejó a Carmen Amaya y Nora Álvarez dejó a los rusos. Desde hace 54 años es su mujer.

Una tal Imperio de Triana les ofreció probar fortuna en Estados Unidos. Empezaron en El Toreador, en Miami, local de un contrabandista de tabaco de La Línea. Un empresario los embarcó en una gira por las principales Universidades americanas. Se instala en Nueva York y de allí se va a Los Angeles. Muy pronto pasará de artista a propietario. Con un guitarrista americano casado con una mexicana compran un local "en 1962, el año que mataron a Kennedy". "Le pusimos El Cid porque ese año se estrenó la película de Charlton Heston".

El arte llama al arte. "Yo bailaba y también cocinaba. Por allí pasaban a probar mi paella Marlon Brando, Lana Turner. Me hice muy amigo de Lone Green, el padre de Bonanza", Firmó un contrato con la Paramount para trabajar en películas de ambiente flamenco o spanish. Secundario de lujo para Bob Hope, Fernando Lamas o César Romero. Fue pareja de flamenco de Yvonne de Carlos antes de que se hiciera popular como la madre de la familia Adams. El marchenero que de adolescente vio en un cine de la calle Tetuán El americano en París no se imaginaba que años después conocería en persona a Gene Kelly. "Mi hijo Alejandro se quedaba muchos días en su casa porque iba al colegio de Beverly Hills con Timoteo, hijo de Gene Kelly".

Vino hace tres años al festival de la Guitarra de Marchena. No perdió el contacto con sus raíces, su amistad con Chano Lobato, los tiempos en los que trabajó con Manuel Benítez Carrasco. "Con el guitarrista Manuel Vázquez, fuimos los tres primeros artistas españoles que se pusieron delante de una cámara de televisión". Ha bailado por bulerías y por Albéniz. "En Andalucía el baile, más que arte, es un récord de velocidad. Y salen al escenario que parecen oficinistas o sepultureros".

"Soy veterano del Vietnam, no fui porque estaba en la reserva y se acabó la guerra". Hace puentes entre sus dos patrias. "Era muy amigo de Peter Falk, el detective Colombo. Venía al camerino a tomar una copa de vino. Quería que le enseñara a bailar sevillanas. Yo le llamaba Pedro y le decía que me lo iba a traer a España, pero tenía que venir con la gabardina".

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