Sevilla

La mirada que irritó a Fali el Ruina

Una mala mirada fue el origen de una discusión que acabó en un tiroteo con dos heridos graves en la barriada de Padre Pío. Los hechos ocurrieron el 1 de octubre en la calle Fuentes de Andalucía. El presunto autor de los disparos, un experimentado delincuente conocido como Fali el Ruina, se dio a la fuga y se pasó un mes viviendo en un piso de un ex compañero de prisión, en Palma del Río (Córdoba), donde fue detenido por la Policía Nacional el 30 de octubre.

Rafael M. R., Fali el Ruina, ha pasado 15 de sus 42 años en prisión, cumpliendo condena por varios atracos y tráfico de drogas, entre otros delitos. Es toxicómano, fuma con regularidad basuco, y tiene un particular sentido del honor. La tarde del 1 de octubre, mientras discutía con una de sus hijas en plena calle, observó cómo una pareja de jóvenes contemplaba la escena. Consideró la mirada del chico, Eloy E. O., de 20 años, como una ofensa. "¿Qué estás mirando?", le preguntó a Eloy, al que acompañaba su novia, menor de edad.

El Ruina conocía a Eloy porque había mantenido una relación con una mujer de la familia de éste. Eloy es hermano del ex marido de la ex novia del Ruina. Aquella relación ya acabó. Fali había vuelto a su casa tras su último paso por la cárcel y vivía bajo el mismo techo que su mujer y sus dos hijas. El Ruina, en su particular código de honor, consideró que un jovencito le estaba desafiando con su mirada. "Os voy a echar del barrio", les dijo a Eloy y a su novia, y se fue calentando. "Ahora vuelvo", les espetó, y acto seguido se marchó.

La novia de Eloy, asustada, llamó a sus padres. Esta chica pertenece a una familia de gitanos portugueses afincada en Torreblanca. Varios miembros de este clan se presentaron en Padre Pío para hablar con la mujer del Ruina y pedirle calma, que hablara con su marido y que lo tranquilizara. No dio tiempo. En ese momento apareció Fali a bordo de un Audi Q7 propiedad de un amigo, que llevaba utilizando varios días. Se bajó del coche y se dirigió a la reunión. Sacó un revólver y disparó primero a Eloy y después a su novia.

En ambos casos apuntó a la entrepierna. A Eloy estuvo a punto de matarlo. La bala se le quedó alojada a escasa distancia de la arteria femoral. De haberla alcanzado habría muerto desangrado allí mismo. A la novia también la alcanzó pero las heridas no fueron tan graves.

Al ver lo ocurrido, el padre y el tío de la menor reaccionaron y fueron a por Fali, que echó a correr al coche. Mientras huía, disparó dos veces más hacia atrás, intentando alcanzar a sus perseguidores, aunque no llegó a darles. Luego se marchó del barrio y nada más se supo de él durante un mes. Los heridos fueron llevados al hospital, donde pasaron varios días ingresados y tuvieron que ser intervenidos quirúrgicamente. Eloy todavía está convaleciente y ni siquiera le han podido extraer la bala.

El Grupo de Homicidios de la Policía Nacional abrió una investigación de los hechos. Nada más llegar, los policías entraron en la casa del presunto autor de los disparos, porque algunos de los testigos aseguraron que se había refugiado allí. Para ello acudieron los agentes del Grupo de Operaciones Especiales (GOES), que examinaron la vivienda. El Ruina no estaba. Su mujer y sus hijas también se marcharon del barrio ante una posible venganza por parte de alguna de las familias de las víctimas.

La búsqueda se prolongó durante un mes. En ese periodo, la familia de Eloy pensó en más de una ocasión que Fali acudiría a matar al joven a la primera que tuviera ocasión. Aseguraron haberlo visto en Portugal, Cádiz, Huelva y en las Tres Mil Viviendass. Todo fueron falsas alarmas. El delincuente se encontraba oculto en el piso de un amigo al que conoció en prisión. La vivienda estaba en el centro de Palma del Río. El seguimiento a la familia fue clave para que la Policía pudiera dar con el paradero del pistolero.

De nuevo ese peculiar sentido del honor fue lo que llevó al Ruina a caer en manos de la Policía. El delincuente empezó a mandar mensajes a través de conocidos para asegurarse de que su familia se encontraba a salvo. Sabía que había intentado matar a una chica gitana y temía que los familiares de ésta recurrieran al ojo por ojo, es decir, fueran a cobrarse la venganza matando a una de sus hijas. Un hombre de honor como él tenía que garantizar la integridad de su familia.

Tras una intensa investigación, la Policía tuvo conocimiento de que la mujer y las hijas enviaban dinero a través de giros postales a Palma del Río. Descubrieron que un tipo que había estado en prisión con el Ruina vivía allí y se había mudado recientemente al centro de esta localidad. Centraron la vigilancia sobre este domicilio. El Ruina no salió de la casa en todo el mes. Su ex compañero de la cárcel y la pareja de éste lo mantenían a cambio del dinero que le mandaba la familia, que también le hacía llegar sus dosis de basuco. A finales de octubre, la mujer y las hijas se acercaron a Palma del Río a verlo. Como Pablo Escobar, Fali el Ruina necesitaba ver a su familia. El 30 de octubre fue detenido. La pareja con la que vivía también fue arrestada por encubrimiento.

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