"Hay muchos países que no tienen los ciento cincuenta años de la bodega"

Los invisibles. Fernando Rodríguez Galisteo.

Este abogado nieto de un sastre asturiano y de un bodeguero de Morón se hizo cargo en 2012 de la tercera bodega más antigua de Sevilla.

"Hay muchos países que no tienen los ciento cincuenta años de la bodega"
"Hay muchos países que no tienen los ciento cincuenta años de la bodega"
Francisco Correal

18 de julio 2015 - 01:00

SU abuelo proveía de vino de Valdepeñas a esta bodega fundada en 1864. Siglo y medio de historia que recibió como legado Fernando Rodríguez Galisteo (Sevilla, 1974), un abogado que llegó a San Lorenzo como hermano de la Soledad. Una profecía.

-¿Qué hace un abogado al frente de una bodega?

-El anterior propietario, Joaquín González, se presentó en mi despacho de abogado por si conocía algún cliente interesado en el traspaso. Mi mujer y yo teníamos la experiencia del bar Sanedrín y fue ella la que me animó.

-¿Del Aranzadi a la manzanilla?

-En esta bodega hay fotos de un señor con chaqueta celeste, camisa blanca y corbata verde. Se llamaba Francisco Galisteo y era mi abuelo materno. Era de Morón, se quedó huérfano con 14 años, se vino a Sevilla de camarero y fue maître del hotel Biarritz. Allí conoció a Ildefonso Cuesta y crearon las bodegas Viña Sol. Mi abuelo llegó a tener 45 bares en Sevilla, una embotelladora y una flota de camiones para repartir el vino de Valdepeñas. Uno de los bares que se lo compraba era esta bodega. Todo queda en casa.

-De poco antes de la Gloriosa a la sociedad de la información...

-Esta bodega es la tercera más antigua de Sevilla, después del Rinconcillo y Morales. La queremos abrir al mundo por las redes sociales. Hay muchos países que no tienen 150 años de historia.

-Galisteo es su segundo apellido. ¿Qué puso el primero?

-Maruja Galisteo, mi madre, se casó con Fernando Rodríguez Ávila, maestro sastre de Sevilla y medalla de oro de la ciudad. Su maestro fue el padre de Antonio Burgos. La sastrería se funda en Asturias en 1887, mi bisabuelo se trasladó a Cuba y una cubana de Matanzas, Ofelia Ávila, se enamoró de mi abuelo. Él se vino a Sevilla para trabajar en Alfombras Íñiguez y ella vino después.

-Es una novela...

-Se casaron por poderes en 1929. Ella en La Habana y él en la iglesia de San Pedro. Mi abuela Ofelia se vino en el barco Alfonso Arús y en un baúl se trajo todas sus cosas. Era maestra de escuela y conservamos sus cuadernos de caligrafía. Entre la guerra y la llegada de Fidel, nunca volvió a Cuba. Mi mujer y yo fuimos en febrero a Cárdenas, Matanzas, una ciudad muy próxima a la playa de Varadero.

-Un abuelo sastre y otro bodeguero. De la primera novela de María Dueñas, 'El tiempo entre costuras', a la tercera, que va de vinos y viene de Cuba...

-Son dos historias que se unen. Mi padre conoce a mi madre porque mi abuelo, el de los vinos, era cliente de la sastrería.

-¿Cómo casan los odres y los botones?

-Al final encajó todo. En mi casa, ninguno de nosotros queríamos ser sastres. Mi hermana Ofelia también es abogada. Y en la familia de Joaquín, el anterior propietario, ninguno de sus hijos quería seguir con la bodega.

-¿Se mantiene la tradición de montañeses?

-De allí venían los fundadores, Manuel y Diego Saña y del Castillo, como consta en la escritura del primer traspaso. Como eran montañeses los que vinieron en la plaza de San Lorenzo al Sardinero y al bar de Fidel y Servando. Yo soy el primer no montañés que se hace cargo, pero para arreglar eso está mi mujer. Ella es Fernández de Castro de segundo apellido, descendiente del cántabro que fue mecenas de la segunda edición del Quijote.

-¿En qué Derecho se especializó?

-Hice el doctorado en Derecho Internacional, pero mi especialidad es el Derecho Civil. En el bufete, que está encima de la bodega Dos de Mayo, en la Gavidia, llevamos de todo.

-¿Los vinos son los mismos?

-Hemos recuperado la marca Bodegas Viña Sol que fundó mi abuelo en 1945. Eran vinos de Valdepeñas, como los de Morales y Salazar. En San Lorenzo tenemos vermut, oloroso, manzanilla de Sanlúcar, vino de naranja y moscatel. Los compramos en bodegas y los terminamos de rematar en nuestras botas de cien años con madera de roble francés y americano.

-¿A las redes sociales desde dónde?

-Pues desde la época en la que traían el vino los burros en las alforjas. El escalón mide el cambio que ha experimentado el nivel del suelo en Sevilla.

-¿Clientes o amigos?

-Nos gusta hablar de parroquianos. Los de siempre y los que queremos conquistar. Mantenemos la tapa más antigua del bar, el repetidor, un aliño de atún y tomate. Y tenemos un tirador de 1965 por el que sale la cerveza a menos dos grados. Un prodigio de ingeniería de la Cruzcampo.

-¿El párroco de San Lorenzo es parroquiano?

-Es cliente. Una persona excelente. Mi primera vinculación con el barrio vino por mi madre, que me hizo hermano de la Soledad.

-¿En siglo y medio de historia hay sitio para las novedades?

-Con el debido respeto para los bares de diseño y las tapas de diseño, los concursos de gastronomía olvidan que la cocina no es un asunto de laboratorio, sino de los fogones. Tenemos las huevas adobadas, probablemente junto el pavía la tapa con más solera de los bares de Sevilla.

-¿Y del norte?

-Las conservas y salazones.

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