“Las películas de ganadores no valen un duro”

calle rioja

Kiko Veneno y Alberto Rodríguez cuentan cómo nació su sentimiento bético · El músico, el día que terminó de grabar ‘Veneno’ · El cineasta, cuando rompió el cordón de Edipo de un padre ‘agnóstico’

Alberto Rodríguez y Kiko Veneno, en el encuentro que moderó Reyes Aguilar.
Alberto Rodríguez y Kiko Veneno, en el encuentro que moderó Reyes Aguilar. / La marga

La próxima película de Alberto Rodríguez (Camas, 1971) llevará música de Kiko Veneno (Figueras, 1952). La cinta se titulará ‘El nuevo Blues de la Frontera’. Esa frontera que separa la memoria del olvido, el grupo del individuo. En realidad, la película se rodó y se estrenó el mismo día muy cerca de donde estuvo el cine de verano Arrayán. En la calle de ese nombre tiene su sede la Peña Bética Barrio de la Feria Omnium Beticorum, que pese a coincidir con un partido de campanillas se llenó hasta arriba para asistir a las confesiones verdiblancas de dos béticos muy singulares. Reyes Aguilar, responsable cultural de la Peña, condujo magistralmente el encuentro, donde mandaron dos Rafaeles: Rafael Amador, In memoriam, y Rafael Gordillo, puro blues de la Frontera.

El año que nace Kiko Veneno, el Betis estaba en Tercera. El año que nace Alberto Rodríguez, está en Segunda a punto de volver a Primera División. Ahora está trece puntos por encima del eterno rival y en competición europea. Kiko Veneno le pone fecha al día que se hizo bético, que ese sentimiento nació en su interior: 25 de junio de 1977. El día que el Betis conquistó la primera Copa del Rey ante el rey de Copas, el Athletic de Bilbao, Kiko y los hermanos Amador, Raimundo y Rafael, celebraban su trofeo particular, haber terminado la grabación del disco ‘Veneno’.

Por la calle, acompañados de Ricardo Pachón, productor del disco, se cruzaron en Madrid con aficionados bilbaínos cabizbajos y cariacontecidos, porque iban de favoritos y el manque pierda no se exporta. Hubo un momento de tensión. “El Bizco Eléctrico”, dice Kiko refiriéndose a Rafael, “se sentó en la acera. Decía que él para pelearse tenía que quitarse los zapatos. Como en las películas de Robert de Niro y Martin Scorsese”. Juan de Camas medió y no llegaron a las manos. “Esa noche algo se despertó en mí. Hasta entonces yo pasaba totalmente del fútbol, mi equipo eran los Beatles”.

Alberto Rodríguez creció en Coca de la Piñera, Camas, la patria chica de Curro Romero, de Capi y Sergio Ramos. “Mi padre odia el fútbol. Un amigo suyo me llevó un día a ver un partido del Betis, yo tendría ocho o nueve años. Mi padre no se lo podía creer”. Cuando el Betis gana la primera Copa del Rey, Kiko Veneno tiene 25 años; Alberto, sólo seis añitos y crece en la casa de un padre ‘agnóstico’. Ese partido cambió su vida. “Mi ídolo era Gordillo. Un amigo se dedicaba con un cuter a arrancar los números de los autobuses. Le compré un número 3 por cinco duros y se lo puse a una camiseta amarilla. Para mí el Brasil del Mundial del 82 era el mejor equipo del mundo y creía que Gordillo tenía que jugar en Brasil”.

Kiko Veneno iba para historiador y Alberto Rodríguez para periodista. “Yo quería ser Lou Grant”. Se cruzaron la música y el cine, pero en el caso del primero la Historia está presente en todo lo que hace, hasta en su forma de ser del Betis. “El manque pierda es un sentimiento muy fuerte. El cine de los ganadores no vale un duro, ¿verdad, Alberto?”. Una de sus canciones se la dedicó a Lopera.

Hice como en la de Joselito, meter frases y expresiones suyas. Yo decía: verás, Lopera me va a pedir derechos de autor y la vamos a liar”.

Hoy está en Europa. Cuando nace Kiko, el Betis está en Tercera. Cuando Alberto, en Segunda

Antes de la cita, Kiko Veneno vio ‘El factor Pilgrim’, primera película del bético Alberto Rodríguez (con el sevillista Santi Amodeo) y el cineasta se pasó toda la tarde escuchando las canciones del disco ‘Veneno’. De dos generaciones distintas, la que va del Betis de Tercera al de Segunda, a los dos les une el universo Beatle. “Está en mi primera película”, dice Alberto. En agosto de 1998 se fueron un mes de vacaciones a Londres, ocho amigos metidos en una casa de alquiler, donde rodaron esta cinta iniciática.

Reyes Aguilar les pide analogías con el fútbol. Para el cineasta, que se pone en la piel de Pellegrini, tienen muchas cosas en común. “Tienes que gestionar los egos, colocar a cada uno en su sitio y mandar sin que se den cuenta de que estás mandando”. Le regaló a la peña dos camisetas firmadas por Bartra y Vidakovic. En el cine, como en el fútbol, hay algo más que el glamour de los goles. En su tándem Mauri-Maguregui o Ciriaco-Quincoces con su guionista Rafael Cobos encuentra más similitudes con el trabajo de Roberto Ríos y Vidakovic que con cualquier pareja de delanteros. “Escribir es muy bonito, pero reescribir es muy duro”.

El cantante-historiador paisano de Dalí catalogó los superhéroes de barrio. Algunos serían futbolistas. “Hombre, está claro el papel de Isco y Anthony, pero Aitor Ruibal lleva siempre el mono de albañil, juega bien donde le pongas. Con Bellerín y Borja Iglesias venían a mis conciertos. Fornals no es arquitecto, pero es un maestro de obra fantástico”. Cuando se hizo bético, profundizó en la prehistoria. En la Liga del 35, el año que nace Elvis Presley, con un Betis lleno de vascos (Aedo, Areso, Unamuno, Larrinoa…). “Las cosas importantes están bajo tierra. El amor, los compañeros, la vida, el arte, el Betis es una de ellas. Vivimos tiempos en los que florecen la estupidez y la maldad”.

En la segunda parte de este partido cinematográfico-musical salió al campo Antonio Dechent, que contó un chiste privado. “En todo lo que he hecho siempre llevo un escudito del Betis. Hasta en el teatro de la Zarzuela, cuando intervine en ‘Gigantes y cabezudos’. Tengo muchos premios y tonterías, pero de lo que más orgulloso me siento es de haber sido rey mago en Triana y tener una placa de la asociación de Veteranos del Betis a Antonio Dechent”.

Alberto Rodríguez confiesa que “en la noche de los Goya no lloré, pero cuando en el descanso de un partido del Betis en el Villamarín me encontré con Gordillo, se me saltó una lagrimita”. Con los hermanos Amador de aquella noche del 25-J fue muchas veces a las Tres Mil Viviendas, “donde la heroína entró como San Fernando en la canción de Silvio”. Así surgió la metáfora del Mercedes Blanco. Alberto contó que el punto de partida de su película ‘Tigres’ surge en sus veraneos en Mazagón. Le divierte la guasa con la que se vive la rivalidad. “Si el Sevilla se va a Segunda, la Liga no es igual”. En casi un siglo de competición, dos veces se fueron juntos. Las cosas del manque pierda.

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