El plano de Olavide ya tiene mapa
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Rinconero consorte, con Fernando Iwasaki, nuevo académico de Buenas Letras, han contado para conmemorar los centenarios del Sevilla y del Betis
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Que Fernando Iwasaki ingrese como académico numerario de Buenas Letras era un acto de justicia poética. El año 2025 fue un año profundamente peruano para quien escribe estas líneas. Retorné a una de mis primeras lecturas de la infancia para disfrutar con ‘La expedición de la Kon-Tiki’, esa osadía náutica que el 27 de abril de 1947, el año de Evita y de Manolete, salió del puerto limeño del Callao para recorrer en maderas de balsa (la balsa es un árbol de la selva) las 4.200 millas que separaban el Perú de las islas Pacíficas de la Polinesia. Una aventura liderada y escrita por el noruego Thor Heyerdahl en la que le acompañaron sus compatriotas Knut Haugland, Erik Hesselberg, Turstein Raaby y Herman Watzinger y el sueco Bengt Danielsen.
El 13 de abril, Domingo de Ramos, muere Mario Vargas Llosa, de quien Iwasaki era una especie de cónsul en la España de la que se sentía tan próximo como vecino de Barcelona en los años del boom, como académico de una Lengua que prestigió aún más con el Nobel de Literatura de 2010 (el año del gol de Iniesta) e incluso como inquilino crepuscular de la prensa rosa. Ocho días después, el Lunes de Pascua, muere en Roma Jorge Mario Bergoglio, nombre de pila del Papa Francisco, pontífice entre 2013 y 2025. Los dos, el escritor peruano y el pontífice argentino, nacidos el mismo año de 1936 y muertos el que marcaba el primer cuarto de siglo del siglo XXI.
El 8 de mayo, Jueves de Feria, el mismo día que el Betis eliminaba a la Fiorentina en la tierra de Dante, es nombrado por los cardenales Papa de Roma y de la Iglesia Robert Francis Prevost, norteamericano de cuna, peruano de cura. Nacido en Chicago, obispo de la diócesis de Chiclayo. Está claro que Dios escribe con renglones torcidos.
Fue el año que se estrenó en las salas de cine la película de Albert Sierra ‘Tardes de soledad’, un duelo al sol de Andrés Roca Rey, torero peruano, contra los morlacos. Ganó el premio del festival de cine de Sn Sebastián, ciudad donde durante unos años estuvieron prohibidas las corridas de toros. En la temporada que una cogida frenó la trayectoria de Morante de la Puebla, a quien Mario Vargas Llosa había doctorado ante sus paisanos en este municipio ribereño del Guadalquivir.
Muchas veces se han cruzado nuestros destinos, el de Iwasaki y el mío. No somos compatriotas, obviamente, pero somos medio paisanos. Fernando nació en Lima, desde 1535 conocida como Ciudad de los Reyes, y yo soy de Ciudad Real, muy cerca del Almagro natal de uno de los conquistadores de la capital peruana. Mi gentilicio es el de culipardo; el suyo lo inmortalizó Chabuca Granda en la más hermosa de las canciones.
Coincidimos en Diario 16 Andalucía, donde Iwasaki se encargaba de la página de televisión, ese análisis catódico que hicieron también Eduardo Haro Tecglen, Michi Panero o Carlos Boyero. Tenemos en nuestras vitrinas profesionales el premio de periodismo de la Liga de Fútbol Profesional. A Fernando se lo dieron por la serie (después convertida en libro) ‘El sentimiento trágico de la Liga’, parafraseando la obra de Unamuno, apellido del escritor de la generación del 98 y del futbolista que ganó una Liga con el Betis (34-35) y un Pichichi con el Athletic de Bilbao (39-40). Presentamos juntos la novela de Arsenio Moreno ‘Hijos de la espuma del mar’ y un libro sobre México y la muerte de Concepción Zayas.
El día de 2011 que Juan Ignacio Zoido llegó a la alcaldía de Sevilla participé en la Feria del Libro en el bautismo literario de dos libros, ‘Sevilla, sin mapa’, de Fernando Iwsaki, y ‘Sevilla, retrato literario’, de Eva Díaz Pérez, que será su nueva compañera en la Academia de la Casa de los Pinelo. El título del libro de Iwasaki se lo sugirió Enrique Vila-Matas, se lo dedica a Abelardo Linares, “librero de viejo, poeta de joven” y se lo editó Paréntesis, editorial que entonces dirigía nuestro común amigo Antonio Rivero Taravillo.
Nuestras cosas se han cruzado en algunos libros, casi todos de o sobre fútbol. Es bueno saber que el compatriota de Vargas Llosa y también de forma más simbólica de León XIV lo es asimismo de Seminario, un futbolista peruano nacido en 1936 que fue Pichichi en el Zaragoza de los Cinco Magníficos en la temporada 61-62. En la primera de esas cifras vino al mundo el nuevo académico.
En ‘El Derbi Final’ (El Paseo), con el subtítulo ‘Relatos sobre la rivalidad del fútbol sevillano’, me tocó escribir un prólogo neutral. Los seleccionadores eran John Julius Reel, bético de Nueva York, y Joaquín Dholdán, sevillista de Montevideo. Oriundos como el propio Iwasaki en esa expresión asociada al fútbol hispano que empezó a abrir las puertas a un Mercosur de los borceguíes. Iwasaki publicó ‘La katana verdiblanca’, que presentó con el pseudónimo de Biri-Diana y ganó el premio de relatos del centenario del Sevilla convocado por una peña sevillista de Coria del Río presidida por el ex consejero de Cultura Juan Manuel Suárez Japón.
‘Todos los derbis el derbi’ es el título del que publicó en el libro ‘Relatos en verdiblanco’ (Almuzara). Parafraseando a Julio Cortázar, escritor de un país que ha ganado tres Mundiales de Fútbol y ningún Nobel de Literatura. Carlos Herrera firmó el prólogo y Fernando Iwasaki el epílogo de ‘Diccionario de Fútbol’ (Signatura Ediciones), un ‘Catálogo de Chorradas balompédicas’ con un centro del campo formado por José Antonio Garmendia, Paco Robles, José Antonio Francés y quien suscribe, con ilustraciones de Javier García. Formamos parte de la legión de firmantes de ‘La Sevilla Erótica’ (Jirones de Azul), un proyecto de Manuel Jesús Roldán y Jesús Cotta con fotografías de Antonio Sánchez Carrasco.
Hay un libro en el que a ninguno de los dos nos hubiera gustado aparecer. Estamos en páginas contiguas. Nuestros textos aparecieron el mismo día, 31 de enero de 1998, en El País y están en el libro que el Ayuntamiento de Sevilla presidido por Soledad Becerril publicó en memoria de Alberto Jiménez Becerril y Ascensión García Ortiz, asesinados por Eta el 30 de enero de 1998. Alberto, nacido unos meses antes que Fernando, estaría celebrando el nuevo peldaño de su amigo en la conquista de Sevilla. Todavía estremece leer aquellas palabras: “Más de una vez, mientras nuestros hijos jugaban, les conté cómo era mi vida en Lima durante los peores años del terrorismo senderista, sin suponer que algún día el terrorismo de Eta acabaría con las suyas en el portal donde retozaban los niños”.
Fernando Iwasaki, descendiente de los peruleros que estudió Enriqueta Vila (única mujer que ha dirigido la Academia de Buenas Letras), rinconero consorte, peruano de Sevilla como Pablo de Olavide o Guillermo Lohmann, que fue hermano de la Amargura y su busto está en el Archivo de Indias.
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