Plaza Nueva: Jesús María Lagier

“La política es un oficio de riesgo, a mí me costó un infarto”

  • Formó parte del primer mandato de Manuel del Valle, el de la mayoría absoluta. Fue delegado del distrito 7º, del que había sido vecino, y del 8º, donde descubre una ciudad propia de Macondo y de Vittorio de Sica

Jesús Lagier, el pasado jueves, en la calle Pagés del Corro. Jesús Lagier, el pasado jueves, en la calle Pagés del Corro.

Jesús Lagier, el pasado jueves, en la calle Pagés del Corro. / María Pla

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SU apellido lo trae de Marsella un bisabuelo relojero. Jesús M. Lagier (Sevilla, 1947) volvió de delegado al distrito donde fue vecino al casarse con Emilia Caballos, que hace 44 años lo hizo cuñado de Pepe Caballos.

–¿En qué zona nace?–Soy del barrio de San Vicente. Con el tiempo, supervisé la compra de la casa que actualmente es la sede regional del Partido.–Ahora vive en Triana...–Que es donde fui de niño salvo un paréntesis de seis años cuando me casé. Me fui a la barriada de Virgen de los Reyes, junto a Rochelambert. Le compré el piso a mi tío y luego se lo volví a comprar a la Obra Sindical del Hogar. El barrio hubo que demolerlo casi entero, tenía aluminosis.–¿Por ahí surge su conciencia?–Yo entro en política por el movimiento cristiano, como Felipe, como Curro Rodríguez, como mi cuñado Pepe. Y por el movimiento ciudadano. En el distrito 7 estaba la única junta municipal predemocrática de Sevilla. El germen de la asociación Julián Besteiro.–¿Se 'casa' antes con su mujer o con el PSOE?–Primero militante, de la UGT con Franco vivo. Del PSOE cuando se murió Franco porque me daba miedo, las cosas como son.–¿Quién le mete en la lista?–En el 79 iba para no salir. La que iba de salida era mi mujer, que ya quisieran muchas y muchos con puestos muy rimbombantes tener su sapiencia política. –Sale concejal en 1983...–La culpa fue de Antonio Rodríguez Almodóvar. Un magnífico escritor y catedrático, pero de planos más bien sabía poco. Yo estaba en el grupo de apoyo que buscaba terrenos para hacer colegios.–¿Por qué un solo mandato?–No soy de cargos. Yo descansé y se alegraron mi mujer y mi hijo, que no había cumplido los tres años cuando entré de concejal. Echaba en falta al padre porque yo seguía trabajando y las tardes las dedicaba al Ayuntamiento.–Lo que se hace por el pueblo.–No conozco a nadie de esa época que pensara en el dinero. De los 19 concejales socialistas, sólo cobraban los teniente de alcalde.–¿Dónde trabajaba?–En la empresa Inversión-Hogar. El director-gerente, Ricardo Polo, uno de los socios de Viapol, me permitió ir en las listas a condición de que siguiera trabajando. Llevaba los registros, escrituras, relación con las notarías. Yo había sido profesor en la Academia Ripollet, de donde salieron las primeras secretarias.–Con usted, 19, Sin usted, 14...–Pero en aquellos barrios no bajamos de votos.–¿Qué descubre de delegado?–Los sevillanos no sabíamos que aquello existía. Tengo fotos de niños junto a la vía del tren en Padre Pío. El analfabetismo, la droga, las calles sin alcantarillado. Había gente que llegaba de los pueblos buscando trabajo y otras de Sevilla, de las inundaciones y los suburbios. Una vez fuimos con niños de Torreblanca la Nueva al parque de María Luisa, oyeron la sirena de la policía y se echaron al suelo.–¿La política en carne viva?–Mi lema era ni yo vendo droga ni ellos hacen política.–¿Ha sido siempre caballista?–Por afinidad más política que familiar, porque los dos hemos sido más felipistas, más próximos a Borbolla que a Escuredo.–¿Sevillista como su cuñado?–Él es sevillista como yo porque yo soy mayor.–¿No hizo política en Triana?–Cuando nos íbamos de vacaciones, Paco Arcas y yo nos hacíamos cargo del distrito del otro.–Estudió Riesgos Laborales. ¿Los tiene la política?–La política es un oficio de alto riesgo. Hace nueve años tuve un infarto sin tener elementos de riesgo. Es muy dura, muy fuerte, tiene un estrés terrible.–¿Nunca tuvo más cargos?–De nuevo por Rodríguez Almodóvar, me nombró secretario del pabellón de Andalucía. Como él no era de noche, allí estaba yo. Le enseñé el pabellón a mucha gente, recuerdo con cariño a José Luis Perales, con el que había coincidido en la Universidad Laboral. –¿A qué se dedica aquel niño?–Mi hijo trabaja en los aviones y me hizo abuelo de Paula y Laura.

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