Las primas de la ministra
Sevilla Sur. Con rótulo de Benedetti, los romeros de General Merry (pronto Pilar Bardem) estrenan carreta y llevan menos carriolas, aunque no faltaron "Las Aído"
HOY hace un mes del lunes del alumbrado y no quedaba en pie ni una caseta. Ayer, desde las carriolas de Sevilla Sur a su paso por el recinto ferial, sólo se veía a tres trabajadores luchando contra el vértigo en lo alto de la herrumbre de la portada. Puro hierro de un pasado tan reciente cuya liquidación da más vértigo que la propia altura.
Los hermanos Ángel, José y Francisco Javier Delgado entran con el simpecado en la Feria y vuelven a la Semana Santa. No es un retruécano. En su taller de la calle Goles, los hermanos Delgado, orfebres, han tardado veintiún años en terminar la carreta de Sevilla Sur. "Es nuestro principal estreno. Sólo quedaban los faldones y ahí los tiene", dice Juan Perea, vecino de Nervión, tres años hermano mayor, dieciesiete alcalde de carretas. De la salida rociera, los hermanos Delgado vuelven a su taller, donde están restaurando el altar de Pasión. La hermandad matriz de Almonte estrenará una réplica en miniatura de su corona hecha con brillante, esmeralda y rubí, conmemorativa de los noventa años de su coronación canónica.
El primer contrato de la carreta de Sevilla Sur se firmó en pesetas, el finiquito se habrá pagado en euros. Ángel Delgado hace fotos de la obra, en alpaca plateada, en la avenida de la Palmera. Manuel, boyero de Los Palacios, contiene el ansia de campo de sus pacíficos bueyes, Nevado y Naranjero, mil doscientos kilos per cápita. Salen los clientes de Juliá, los 104 Rocíos de doña Pilar Alonso; el personal de la clínica de Fátima. Unos escolares de Nuestra Señora de la Merced, en el Tiro de Línea, ondean un estandarte.
Esta hermandad se creó en la antesala de la Expo del 92 y en su salida recorre la Sevilla del 29. Hasta el cuartel de Eritaña fue un hotel en la Exposición Iberoamericana. Allí recibe a la comitiva Antonio Dichas Gómez, general jefe de la Guardia Civil de la zona Andalucía, con mando sobre los 16.000 agentes radicados en esta comunidad además de Ceuta y Melilla. "Yo venía al Rocío con mis amigos de Badajoz", comenta el general, extremeño de La Zarza. Al Ayuntamiento lo representa la delegada de Fiestas Mayores, Rosamar Prieto-Castro.
De esa nómina de guardias civiles, ocho pertenecen a una misma familia. La estirpe la abrió José Aido Meléndez, nacido en Alcalá de los Gazules, que primero fue marino y después se apuntó al instituto fundado por el duque de Ahumada. "Mi abuelo y su abuelo, hermanos", dice María Aido de su parentesco con la ministra de Igualdad Bibiana Aído. Estos parientes no usan el acento. María es encargada de limpieza en Ikea. Es la única de los nueve nietos del hermano del abuelo de la ministra que no pertenece al Cuerpo. "Mis seis hermanos son guardias civiles. Mis dos hermanas se casaron con guardias civiles. Una vez salimos en Informe Semanal". Tanto parentesco surge cuando el cronista, tras la primera parada, ve la leyenda de una carriola de la Asociación rociera de Montequinto: "Las Aído". Hace mucho tiempo que no ve a su prima. "Yo no tengo el gusto de conocerla", apunta Charo Aído, una de las guardias civiles consortes, administrativa en paro.
La misa de romeros fue oficiada por el párroco de San Juan de Ávila, Manuel Moreno Ocaña, que sale con ellos y se vuelve. "A las seis de la tarde se abren las puertas de la parroquia y no falla. Cada quince minutos más o menos, alguien entra pidiendo algo como consecuencia de la crisis". Monseñor Amigo también arropó a tan hermosa redundancia: Sevilla Sur. El Sur también existe, ha cantado Serrat como réquiem para Benedetti. El párroco despide a los romeros acompañado de cuatro catequistas adolescentes: Nerea, Lidia, María Ángeles y Gema.
Los cohetes de Sevilla Sur se escuchan en todo el centro. Llegan a los oídos de Antonio Álamo, que llega en bicicleta al teatro Lope de Vega donde ejerce la dirección. El Rocío es una representación coral con cuerpo de cante y de baile espontáneos, sin guiones ni partituras. Se despiden del entorno urbano en lo que fueron pabellones de México y Colombia en el 29. Las dos patrias de García Márquez. El Rocío es de las pocas manifestaciones que siguen conservando el espíritu de Macondo, esa convivencia armónica entre lo salvaje y lo sagrado.
Estrenan carreta y crisis. "Faltan doce remolques y se nota una barbaridad", admite el hermano mayor. "Está la cosa muy mala", dice el único caballista que acompaña al simpecado por el recinto ferial. Perea, profesional de las telecomunicaciones, estima que faltan la mitad de carretas que en años anteriores. La casa-hermandad está domiciliada en avenida General Merry. Ya se han hecho a la idea de que pronto serán rocieros de la avenida Pilar Bardem.
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