Plaza Nueva. Pilar González Modino

"Yo no quería ser la que cerrara la puerta y apagara la luz"

  • Quería estudiar en Salamanca, pero su abuela decidió que viniera a Sevilla. Eso la hizo historiadora, andalucista y sevillista. Entró por una Ortega en el Consistorio y por dos de diputada en las Cinco Llagas

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Su etapa municipal no llegó al año; tres lustros después, a Pilar González (Mérida, 1962), única mujer que lideró el andalucismo, aún le marca el escenario.

-¿Lo recuerda todavía?

-Tomé posesión el 26 de abril de 2003, era el día de San Isidoro, y me fui el 30 de marzo de 2004. Da tiempo a muy poco.

-Y en la oposición menos...

-Tuve una experiencia previa cuando estaba Soledad Becerril de alcaldesa y Rojas-Marcos de teniente de alcalde. Entré precisamente por la baja de maternidad de una periodista. Yo me sentí en el Ayuntamiento una señora caballero veinticuatro. En La Peste, cuando Zúñiga entra en la Sala Capitular, sale ese techo donde están todos los reyes. El Salón Colón será muy cómodo para los plenos, pero se pierde la fuerza simbólica del lugar donde se gobernó Sevilla los últimos quinientos años..

Me vino la imagen cuando en 'La Peste' entra Zúñiga en la Sala Capitular: yo fui señora caballero veinticuatro"

-Primero fue en una lista del CDS. ¿Por suarista o centrista?

-De los años de Facultad. Una aventura en la que entré con Luis Miguel Pons, del Cadus, primer delegado de la Universidad de Sevilla elegido democráticamente. El Cadus es CDS sin vocales.

-Con el PA fuera de juego, ¿ya no hay más travesías del desierto?

-Yo conocí varios desiertos. El final fue dramático en el sentido etimológico de la palabra, teatral, de cara al público. Yo no quería ser la que cerrara la puerta y apagara la luz. El PA fue una herramienta útil. Siempre me fascinó el personaje de Blas Infante. Fue ponente de la ley de Reforma Agraria de la República, se presentó dos veces a las elecciones y nunca sacó nada. Me gusta por heterodoxo y por su visión de futuro. El PA fue el penúltimo eslabón, nunca se sabe cuál será el último.

-¿Hay un andalucismo sin PA?

-Algo debe de haber, porque hasta el PSOE ha celebrado por primera vez el 4 de diciembre. He escrito un artículo titulado El toisón de Oro, los argonautas y El Perro Andalú, por la comparsa de Martínez Ares, esa memoria de los andaluces de haber sido esclavos. Todas las cosas que se han movido en España empezaron por Cádiz, que más que liberal es libertaria.

-Ha sido concejala y diputada ¿Volvería a presentarse?

-Mi tiempo ya pasó. Mi época de arena de Gladiator se acabó.

-Como en política no hay milagros, ¿por eso dedicó su tesis a los de la Virgen de Guadalupe?

-Fue una sugerencia de Manuel González Jiménez, de quien todavía recuerdo su primera clase sobre la caída del Imperio romano. En ese monasterio encontré nueve códices maravillosos que hablan de la vida cotidiana de la época, la convivencia simultánea de dos religiones en tierra de nadie.

-Otro de sus territorios fronterizos es el fútbol...

-En la Facultad me hice sevillista. Iba al fútbol con falda escocesa de colegiala para parecer más niña.

-¿Trabajar en la Expo era un regalo para una historiadora?

-Entré en el departamento comercial. Me acuerdo del primer contrato milmillonario, el de Fujitsu. Fue una experiencia maravillosa. Por el trabajo y porque allí me enamoré perdidamente de un arquitecto argentino, bisnieto del Vivillo, bandolero de Estepa, el padre de mis tres hijas.

-¿Por qué viene a Sevilla?

-Fue decisión de mi abuela, que era la Úrsula Iguarán de Cien años de soledad. Mi familia era un matriarcado donde esta mujer gobernaba vida y hacienda de siete hijos. Mi padre muere con 37 años en un accidente, yo tenía 6 años y todas las decisiones pasaban por mi abuela, Nana Solís. Yo quería estudiar en Salamanca, donde se habían ido mis amigas, pero dos primos estudiaban en Sevilla y mi abuela me mandó con ellos. Nunca se lo agradeceré lo suficiente.

-¿Un recuerdo municipal?

-Había ocurrido el hundimiento del barrio del Carmel de Barcelona. Emilio Carrillo tuvo una intervención durísima contra Rafael Carmona, dijo que tenía inyectados los ojos en sangre de la ira de haber salido del Gobierno. Mi intervención era sobre los colegios, miré al techo de la Sala Capitular y dije eso de los últimos quinientos años, y que en ese tiempo no hubo sangre ni ira ni rencor. El alcalde Sánchez Monteseirín, sin desautorizar a Carrillo, poniendo árnica, dijo "quédese, señora González", jugando con la frase de Aznar a Felipe. Yo le decía: "Alfredo, no me quieras tanto que me hundes".

-¿Cree en la política municipal?

-El Ayuntamiento de Sevilla es más importante que muchos ministerios. Veo con mucha simpatía la posición de Beltrán Pérez. Los dos éramos cascarón de huevo, éramos los últimos, íbamos de pareja de cirio en la procesión..

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