La aldaba
Carlos Navarro Antolín
Los adoradores, los nuevos agradaores
Cuentan como anécdota los aficionados al mundo del cultivo de bonsáis que fue el ex presidente del Gobierno, Felipe González, uno de los pioneros en introducir esta afición en España. Lo cierto es que el origen de este arte milenario se ubica en China y fueron los monjes budistas quienes lo trasladaron a Japón, país que hasta la actualidad conserva una arraigada tradición que guarda tras de sí toda una filosofía de vida. Durante el fin de semana pasado, los amantes del cuidado de estos árboles enanos pudieron disfrutar, en la nave de la Delegación Municipal de Medio Ambiente de Gines, de la exposición de 230 ejemplares de bonsáis que Antonio Arana, vicepresidente de la Asociación Sevillana de Bonsái Chokkan, presentó de su colección privada y puso a la venta.
Desde Japón proceden gran parte de los bonsáis que se expusieron en Gines. "Un país que es la cuna del bonsái y en el que recorrí distintos viveros para comprar al por mayor, ya que soy propietario de Aranabonsái, la empresa que monté a raíz de mi hobby", explicó Antonio Arana, quien confiesa que conserva y cuida todos sus ejemplares en el jardín de su casa.
Desde coníferas, arces, olivos o zelkovas la variedad de especies de estos árboles es tan amplia como sus formas. El único requisito "es que esté plantado en una maceta o bandeja y que no llegue a medir más de un metro y medio", comentó Antonio Arana.
El valor de un bonsái lo marca, además de lo singular y lo trabajado que esté, por tanto, del resultado estético que se logre de él, la longevidad del mismo. En la exposición, el gran protagonista era un pino blanco japonés, con más de 200 años de antigüedad y cuyo precio superaba los 4.000 euros. "Pero no todos los bonsáis son piezas caras, desde 20 euros pueden adquirirse", afirmó el vicepresidente de Chokkan.
Emular la naturaleza, reproducir fielmente y en miniatura los árboles en su hábitat natural, es el objetivo que persigue el cultivo de bonsáis. Por ello, la asimetría en este caso alcanza su máxima perfección tras un trabajo que sólo permite ver los resultados con paciencia.
Imitar la forma que obtiene un árbol que ha nacido en un acantilado y al que el viento golpea lateralmente de forma violenta, reflejar la curvatura que tendría un ejemplar que se inclina hacia el arroyo que pasa por debajo de él (en semicasacada), o representar a otro que debido a las condiciones extremas del hábitat en el que nace tiene que sobrevivir con una sola rama son algunos de los estilos de bonsáis que ayer se mostraron y que encierran la verdadera filosofía de este arte de respeto y admiración por la naturaleza.
"Los hay, incluso, que dan frutos, como el malus, del que brotan unas pequeñas manzanas. El hombre no ha inventado nada, todo lo que reflejamos son estados naturales", explicó Antonio Arana, quien añadió que "normalmente se compran en viveros, porque si plantásemos una semilla no tendríamos un proyecto de bonsái hasta pasados unos 15 años".
En cuanto a su cuidado, no es tan difícil como la gente piensa, afirmó Antonio: "sólo hay que regarlo, dependiendo de la especie, cuando sea necesario, utilizar el abono o tierra adecuada y podarlo. No son más de 4 ó 5 minutos al día".
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