Un secreto tras el umbral
Ningún residente de Monteflor podía presagiar el presunto crimen, sólo los familiares de Rosario Gallego conocían la situación por la que atravesaba la pareja.
Él había adelgazado bastante los últimos meses. Ella llevaba sin salir varios días. Son los únicos cambios que los vecinos del residencial Monteflor observaron en Rosario Gallego y Valeriano Díaz, el matrimonio que este domingo abrió los telediarios por un presunto crimen de género. Era una pareja normal, que pasaba desapercibida por su discreción. No había nada en su relación que levantara alguna sospecha sobre un final así. Los problemas familiares se habían quedado dentro de casa, en secreto, guardados tras el umbral.
En la cafetería situada bajo el bloque donde vivía la pareja las vecinas tomaban este domingo el desayuno entre los vaivenes de periodistas y fotógrafos. Se habían levantado con la noticia más trágica que se recuerda en el barrio. Nunca antes había pasado algo igual. La conmoción asomaba en sus rostros. Algunos bajaron por la noche al oír las sirenas. Por la mañana aún quedaban restos de sangre de Valeriano Díaz. El tramo de acera sobre la que impactó estaba precintado. Algunos curiosos se acercaban para averiguar la altura sobre la que se lanzó. "Muchos dicen que se mareó tras lesionarse y por eso cayó al vacío", comentaba un vecino que durante años regentó una carnicería a la que acudía en alguna que otra ocasión Rosario Gallego, a la que todos conocían como Charo.
Salvador Esteban era amigo de la pareja, con la que cenó varias noches. "Eran de trato exquisito", relata este vecino que no salía de su asombro. "No se ha escuchado nada, ni voces, ni rumores de maltrato, nada", explica Esteban, quien añade que tras conocerse los hechos la hermana de Rosario confirmó a a los más allegados "que sabía que algo así podía ocurrir". "Sólo puedo hablar bien de ellos, lo que pasa de puertas para adentro es un mundo en cada casa", apostilla Esteban.
El bar La Fresquita era lugar de parada para Valeriano Díaz. Su propietario, Francisco Vázquez, lo describe como una persona de "carácter afable, extrovertido", mientras que la esposa era "más introvertida". Allí tenía grandes conocidos como Juan José García, que ayer apenas podía tragar saliva tras enterarse de lo ocurrido. "Hacía tiempo que no venía por aquí. Fui a su óptica hace un mes y tampoco estaba. En alguna ocasión me comentó que estaba muy agobiado con su mujer tras la operación de espalda a la que fue sometida hace poco", recuerda García, que menciona a Valeriano como un hombre al que le gustaba la pesca, tener pájaros y escuchar flamenco y sevillanas.
En la planta cuarta del bloque donde se produjo el presunto crimen reinaba ayer el silencio. Isabel González, la primera en conocer la trágica noticia, se encontró por última vez a Valeriano el viernes. "Lo vi muy delgado, pero me dio la impresión de que no era por haber hecho dieta, sino por algo relacionado con los nervios. A Charo hacía semanas que no me la encontraba ni la veía salir", detalla esta vecina, a quien el hijo del matrimonio fallecido confirmó después del suceso que su madre iba a comenzar con los "papeles" de la separación en breve. Nunca supieron nada. Todo se había quedado tras el umbral.
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