Un taxista en Plaza de Armas
'Taxi Teherán'. Lleno en el Avenida Multicines para ver una película iraní con subtítulos. Por las calles de Teherán en un cine de Sevilla
EL sábado había un taxi más en la parada del hotel Plaza de Armas. El taxista que lo conducía se llama Jafar Panahi, es iraní y en realidad no es taxista. Es director de cine, pero la única forma que tenía de hacer cine, de burlar los rigurosos controles de la ortodoxia de Irán, era colocar una cámara casi doméstica en el taxi que le llevó a diferentes escenas de las calles de Teherán.
El resultado es Taxi Teherán, una película hecha con cuatro perras, con actores aficionados, cuando no amigos del cineasta (su sobrino, la mujer de un amigo, el amigo de otro amigo), que tiene subtítulos pero carece de títulos de crédito por la falta de autorización del Ministerio de Educación Pública iraní. Con lo que no contaban estos inquisidores era con la visita de Anke Leweke, miembro del comité de selección de uno de los festivales más prestigiosos del mundo. Taxi Teherán está prohibida en Irán, pero ganó el Oso de Oro del festival de Berlín.
Lo curioso es que una película superbarata, hablada en iraní con subtítulos, atrajera tanto público el pasado sábado en el Avenida Multicines. Con la Alameda llena de las comparsas que anunciaban la cita de casas regionales en la Plaza Nueva; con la calle Rioja engalanada para asistir a la coronación del Carmen del Santo Ángel. En la sesión de las siete y media coincidimos con Verónica, buena aficionada al cine. A mí me recordaba de su tarea como intérprete de unas cineastas italianas en el primer festival de cine de Sevilla; a mi mujer de algo mucho más suculento, de haber sido cliente de Casa Eulogio, el bar de la calle Lumbreras cuando el cine Ideal era orgullo de las filmotecas estivales.
La cámara no sale del taxi en toda la película. Me llevaba a las historias que habrá conocido mi amigo el taxista Manolo Barrios. Son legión los actores que han hecho de taxistas: Robert de Niro, Ben Kingsley, Guillermo Montesinos, creo que era el oficio de El Fary antes de dedicarse a la canción y hacer de padre de Paz Vega en el debut televisivo de la actriz trianera. Pero debe ser la primera vez que un director hace de taxista no por exigencia del guión, sino por salirse literalmente del guión, por adentrarse en el realismo sórdido, como se habla en la película de los temas que no se pueden tratar.
Entre los clientes del taxi aparece un vendedor de DVD que se interpreta a sí mismo. Omid, que es su nombre, vende películas clandestinas. "Sin mí no hay más Woody Allen", le dice al cineasta-taxista. También lleva títulos de Mel Gibson y Kurosawa.
Una película iraní con subtítulos con la sala casi llena en tres sesiones. De la primera vi salir al catedrático Rafael Sánchez Mantero. Antes pusieron dos trailers, el de Isla Bonita, donde también hace de actor el cineasta Fernando Colomo, pero no de taxista, y el largometraje basado en la vida de Malala, la paquistaní que ganó el Nobel de la Paz después de estar a punto de perder la vida por el delito de querer ir al colegio. De una niña paquistaní a un taxista iraní. La sensibilidad no tiene fronteras.
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