Cortijo Gambogaz

Gambogaz, el cortijo que Sevilla le regaló a Queipo de LLano

  • El cortijo que Queipo recibió como ‘regalo’ y donde murió lo dividió en cuatro partes l El Ayuntamiento de Camas quiere hacerlo lugar de la Memoria

El cortijo de Gambogaz, en imágenes El cortijo de Gambogaz, en imágenes

El cortijo de Gambogaz, en imágenes / Víctor Rodríguez

Puro campo. Sólo se oyen los ladridos de los perros y el motor de los tractores, que no dejan de circundar el cortijo Gambogaz. El guía de este paseo no tiene coche ni televisor, se desplaza de la capital al campo en bicicleta, es asiduo del Jueves y cultiva sus bonsais. Se llama Alberto Queipo de Llano y Mencos y es el penúltimo de los once nietos del general Gonzalo Queipo de Llano. El segundo de los tres hijos del único varón que tuvo el militar, Gonzalo, hermano de Ernestina, Mercedes y Maruja. Entre los cuatro vástagos dividió este cortijo, antigua alquería andalusí, el general cuando en 1937 se lo regaló el alcalde de Sevilla Ramón de Carranza después de expropiárselo a Ignacio Vázquez, prototipo de empresario moderno, pionero de la industrialización del campo.

Gambogaz empieza en la Corta de la Cartuja que se terminó en 1973 para evitar las inundaciones. Se ve la nueva ciudad, “parte de la Expo se hizo en terrenos de Gambogaz”, dice Alberto Queipo paseando por el cordel, antiguo camino que unía Camas y Santiponce. Se ven la SE-30, el estadio de la Cartuja, la Giralda y la Torre Pelli, que tiene a la Torre Triana como un miriñaque. “La luz del campo de fútbol de Camas es mucho más agresiva que la de la torre, me deslumbra cuando de noche vengo en bicicleta”.

En plena polémica por el destino de los restos de su abuelo, enterrado en la Basílica de la Macarena, Alberto, hermano de la Macarena como su hermano Gonzalo, que heredó el marquesado de su abuelo, dice que la hermandad no se ha puesto en contacto con ellos. Del Ayuntamiento de Camas sí le han llegado mensajes. El alcalde quiere convertir el cortijo en Lugar de la Memoria y hacerlo visitable por tener dos elementos, una torre mudéjar y una escalera perimetral, declarados Bien de Interés Cultural. El delegado de Urbanismo está más interesado en promover la figura de Ignacio Vázquez, objeto de estudio en la tesis del antropólogo francés François Héran, bisabuelo de Ignacio Vázquez Parladé, que fue un singular terrateniente, militante del Partido Comunista, con quien concurrió al Senado y esposo de Carmen Laffón.

Hay reminiscencias del general Queipo de Llano en Gambogaz, vocablo que según su nieto debe significar “sitio de gamboas, un membrillo agraz”, aunque ahora lo que más se cultiva son patatas rojas y blancas que comercializa un empresario catalán. En el patio de los Sementales, donde se nota la mano del arquitecto Juan Talavera, está la placa que le dedicó a Queipo el Ayuntamiento de Sevilla el 18 de julio de 1968 en reconocimiento a su protagonismo el 18 de julio de 1936 al frente del Regimiento de Infantería Granada con una “reducida guarnición” y “un puñado de patriotas”. “La placa estaba en la fachada de la iglesia de San Hermenegildo, primera sede del Parlamento Andaluz. Plantaron un naranjo para taparla, la llevaron al Museo Arqueológico Municipal, es propiedad del Ayuntamiento y nos la dejaron en depósito”. Uno de los arcos de ese mismo patio lo cegaron para colocar un ascensor. “Mi abuelo ya estaba mayor”. En la entrada de la parte que comparten los hermanos, Gonzalo la casa grande con sus hijos y nietos, Alberto la más pequeña, hay dos imágenes con cerámica trianera de Montalván de San Gonzalo de Amarante y Santa Genoveva, santo y seña.

Cortijo Gambogaz, donación de guerra a Queipo de Llano. Cortijo Gambogaz, donación de guerra a Queipo de Llano.

Cortijo Gambogaz, donación de guerra a Queipo de Llano. / Víctor Rodríguez

En Gambogaz trabajó Curro Romero. “Estaba de ayudante de vaquero”. Antonio Burgos dice en su biografía que Curro se sintió insultado porque le llamaron de usted. “El que le habló de usted fue mi padre. Tenía esa manía. Le hablaba de usted incluso a los soldados”. Queipo de Llano murió en este cortijo en 1951, el mismo año que nace su nieto Gonzalo. “Llegó aquí desde su exilio de Roma”. Allí escribió unos apuntes, sus únicas Memorias, que muchos años después su hijo le entregó al periodista Nicolás Salas en cajas de zapatos y de membrillo para una biografía a la que le dedicó un cuarto de siglo.

Algunos historiadores dicen que Gambogaz funcionó como campo de concentración empleando mano de obra esclava en labores de albañilería o cuidado del ganado. Paul Preston escribe en El holocausto español que Queipo, igual que Mola y Franco, “tenían al proletariado español en la misma consideración que a los marroquíes”. “Lo de la mano de obra esclava es absurdo”, dice el nieto del militar. “Vino a trabajar como hortelano un hombre de Alicante que había sido tanquista de la República y después su hijo se quedó de encargado”.

En el llamado patio de la Herrería se conserva una sala con monturas de los tiempos de Ignacio Vázquez. El cortijo tiene un uso exclusivamente agrícola. “En tiempos, tuvo ganado y mi abuelo ganó varios premios por su ganadería”. Juan Ortiz Villalba señala dos periodos americanos de Queipo de Llano: estuvo en la guerra de Cuba y después de participar en la de Marruecos viaja a Argentina para estudiar asuntos relacionados con la cría caballar.

En el cortijo hay una superposición de periodos artísticos e históricos. Un antiguo morabito; indicios de las celdas de los cartujos, una de ellas en la sacristía junto a la capilla que diseñó Juan Talavera. El nieto bohemio del militar ha instalado su taller de artista en la antigua guarnicionería. Allí hay un cuadro de escena lésbica, un santo vestido de futbolista, la portada de un libro con Isabel la Católica vestida a caballo. Su madre, la nuera del militar, era muy aficionada a las antigüedades y fue alumna del escultor Sebastián Santos. Hizo una Virgen de terracota a la que se le acaba de romper la nariz.

En el entorno memorialista se ha instalado el guión de que después de la tumba, el cortijo. “Yo no quiero prestar mi cara para que me la partan”, dice el nieto del militar, “pero no veo alarma social por ningún lado. En algún sitio he tenido que deletrear mi apellido”. Las dos Españas se cruzan en Gambogaz. Una de las cuatro partes del cortijo fue a un Alcalá-Zamora, ya que Ernestina, la hija mayor del militar, se casó con un hijo de don Niceto, presidente de la República cordobés de Priego que murió en el exilio. Su nieta Genoveva, hija de Mercedes, se casó con Javier Tusell, el historiador que en el Gobierno de la UCD trajo a España el Guernica de Picasso.

Entre tractores y detractores, Gambogaz sigue abonado a la polémica, aunque son más rentables las patatas. “Mi abuelo fue perseguido por los cuatro dictadores de la España del siglo XX, por Miguel Primo de Rivera, por Dámaso Berenguer y el almirante Aznar, de la Dictablanda, y por Franco. El 18 de julio fue un golpe de Estado, pero también había dado otro por la República”.

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