El torero que hizo el paseíllo en Australia
Calle Rioja
En el hotel Marqués de Villapanés exponen Belleda López Montero y su hijo Rafael Herrera. Uno de los 29 establecimientos que participan en Entrehoteles, maridaje entre arte y arroces
Cuando Rafael le dijo a su madre que quería ser artista, ella se llevó las manos a la cabeza. “Me persigné setecientas veces y le dije: hijo mío, ¿cómo que quieres ser artista, si del arte no se vive?”. No se vive, pero es vida. Y el caso es que madre e hijo, Belleda López Montero (San José de La Rinconada, 1967, desde muy pronto en Sevilla) y Rafael Herrera (Sevilla, 2002, desde muy pronto en San José de La Rinconada) exponen juntos en el hotel Marqués de Villapanés. Uno de los 29 hoteles que participan en la iniciativa Entrehoteles que hace un curioso maridaje entre propuestas de alta cocina arrocera y exposiciones de artistas locales. Eva Morales es la comisaria de la parte artística.
Rafael tiene nombre de pintor con mayúsculas. El arte ha aflorado en él por múltiples manifestaciones. Primero, como un regreso a los clásicos griegos, en el atletismo. Se preparó en el Centro de Alto Rendimiento de Soria para competir en la especialidad del triple salto, donde consiguió muy buena marca. Se matriculó en la Escuela Taurina de La Algaba del maestro Nicasio. Un gusanillo que después será fundamental en su decantación pictórica. Y como penúltimo desahogo, el tatuaje, al que se dedicó en dos aventuras trasatlánticas. Primero, en Los Angeles y Nueva York. Después, ocho meses de estancia en Sidney (Australia), la ciudad que dos años antes de su nacimiento acogió los Juegos Olímpicos del año 2000. Ahora hace un mix de artes marciales, mezcla de lucha, boxeo y jiu-jitsu.
Todo empezó en Australia. El boceto de uno de los cuadros más espectaculares de la exposición lo inició en las antípodas. Llegó en un viaje con muchas escalas de las que sólo recuerda la de Pekín. “Allí no conocí a un solo australiano, sólo me defendía en inglés con los japoneses con los que coincidía en el gimnasio”. Su idea era volver, pero la pintura cambió sus planes para convertirlo en el hijo pródigo que expone junto a su madre.
Belleda siempre ha tenido una pulsión artística y su casa es un taller permanente, la mejor escuela para sus vástagos, Rafael, el pintor, y Antonio, que ahora está probando suerte en la sastrería. Las tijeras son como un pincel. “Yo animo a Rafael a que ayude a su hermano a dibujar los trajes que después tiene que hacer a medida”, dice Belleda, que no hace distingos en sus quehaceres: pintura, escultura, fotografía, collage. “A mí me gusta jugar con los materiales, pero eso no va con mi hijo”.
La honestidad de Rafael Herrera le lleva a decir que los clásicos le aburren, que como mucho llega hasta el siglo XIX, pero tiene sus maestros en pintores de carne y hueso, de espacio y tiempo: Miguel Gómez Losada, premio Ciudad de Sevilla de Pintura, Rubén Navarro, Pablo Marchante, Guillermo Yagüe. De uno de ellos cogió unas palabras que hace suyas. “La pintura es una forma de resolver el conflicto entre técnica y táctica”, aunque oyéndolo uno no sabe si la frase es de Cezanne o de Mourinho.
A Belleda le gustaría exponer con su marido (ya lo hicieron en Chipiona) y con sus hijos. Una familia de artistas a su manera. Con su hijo le unen algunas cosas: la pasión de ambos por la fotografía, el gusto por los murales. Rafael ya ha hecho algunos en su pueblo: en un bar, frente al teatro y en la iglesia ha llevado a un mural la escultura de San José que hizo su madre y que cada 19 de marzo sale en procesión por las calles de San José de La Rinconada. “Yo hice esa escultura con 22 años y mi hijo la ha pintado con 22 años”.
Dos generaciones distintas en las referencias. Belleda, como muchos novelistas, necesita partir de un título para plantearse un trabajo de creación. “Yo nunca le pongo título a mis obras”, dice Rafael, “porque eso puede condicionar la mirada del espectador. Y ponerle a todos Sin Título me parece absurdo”. Admite que todavía está peleando por conseguir “un lenguaje, un estilo”. Ha querido extrapolar el desafío que se hizo a sí mismo con el atletismo. “Me di un plazo de un año con el triple salto, pero esos planes son más complicados con la pintura”.
En el tatuaje no encontró la libertad expresiva que encuentra en la pintura. No sabe muy bien cuál es la fuente de su inspiración “pero la realidad seguro que no”. El torero cuyo boceto empezó en Australia y que le da al hotel Marqués de Villapanés un aire de Hotel Colón o Wellington tuvo como punto de partida la fotografía de un antitaurino. Ha captado al torero y al picador separados y unidos por una silla que es como el tercer personaje. Su hermano Antonio, el sastre, ha sido cubero en las plazas de toros de toda España. “Hemos crecido viendo corridas de toros televisadas en casa de mi abuela”.
Belleda dejó de persignarse. La pintura en su hijo es una variante del triple salto. Un Altius, citius, fortius de Sidney 2000. Rafael anota dos palabras: ‘Tatuaje’, la canción de Valerio, León y Quiroga, y ‘Recuerda’, la película de Hitchcock con dibujos de Salvador Dalí. El hijo prepara una exposición individual en su pueblo. Su madre participa desde el 2 de marzo en la muestra ‘No todas somos iguales’, una exposición de 28 mujeres artistas, la mitad rinconeras.
Los cuadros de Rafael Herrera están en el salón principal de este hotel situado en la calle Santiago, junto a la iglesia de la Redención. En el interior, un trabajo “marca de Belleda”. Su propuesta ‘Con rulos y a lo loco’. Le ha puesto rulos a media España artística. Empezó con Lola Flores y Carmen Sevilla, “de la que siempre he sido muy fan”. Después incorporó a los iconos de su madre, Juanita Reina, Paquita Rico, Rocío Jurado; y los de su marido: Serrat, Sabina… No faltan María Jiménez, Sara Montiel, El Fary o Julio Iglesias.
La idea de Rafael era volver a Australia, pero Cocodrilo Dundee se quedará esperando. Y no porque Rafael se haya contagiado de la eterna controversia de Australia que Ambrose Bierce, en su ‘Diccionario del diablo’, atribuía a “una funesta disputa entre geógrafos sobre si es un continente o una isla”. Como España, Ínsula o Península, Sancho o Quijote. O en el lenguaje de las chirigotas, donde ha barrido el Bizcocho de San José de la Rinconada en el Falla, tú qué, Papa o Bistec…
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