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OBITUARIO

La última prejubilación de Juan Manuel Albendea

Juan Manuel Albendea, en una entrevista concedida a 'Diario de Sevilla'.

Juan Manuel Albendea, en una entrevista concedida a 'Diario de Sevilla'. / juan carlos muñoz

Diputado. Banquero. Crítico taurino. Humanista. Todo eso y mucho más ha sido a lo largo de su vida Juan Manuel Albendea Pabón (Cabra, Córdoba, 1937-Sevilla, 2021). Egabrense de cuna, una villa de ministros (José Solís Ruiz, Carmen Calvo Poyato), de escritores (Juan Valera, José Calvo Poyato), de ciclistas (los hermanos Antonio y José Gómez del Moral) y de periodistas (Manolo Lama, María José Carmona, que ha metido a la fauna periodística en su laberinto fotográfico). Casi todos estos oficios de sus paisanos le concernían a Juan Manuel Albendea, el hombre que nunca se jubiló, porque cuando ponía fin a una actividad era para empezar con una nueva y diferente.

Pidió la prejubilación en el Banco de Bilbao, donde trabajó durante 38 años, para dedicarse a la política. Cuando puso fin a su etapa de diputado del Partido Popular en el Congreso (los ocho años de Aznar, los ocho de Zapatero y cuatro con Rajoy), cumplidos los 78 años, volvió a matricularse en la universidad para doctorarse en Historia, una disciplina que vivió en primera persona. El periodismo lo ejerció con una de sus pasiones, la tauromaquia. José María Javierre lo animó a ser crítico taurino cuando este sacerdote dirigía el periódico El Correo de Andalucía. Se convirtió en colega de Joaquín Vidal, de Barquerito, de Antonio Lorca, de Emilio Parejo, de Luis Nieto, de Zabala de la Serna, con el pseudónimo de Gonzalo de Argote.

Los toros también los defendió desde el hemiciclo de la Carrera de San Jerónimo. Sus controversias parlamentarias con el diputado de Esquerra Republicana Joan Tardá sobre este asunto y sobre el presupuesto de la Casa Real figuran entre los episodios más brillantes de los anales de la Cámara Baja. En su casa de la calle Águilas, los libros de temática taurina superaban el millar de ejemplares.

De la generación del Rey emérito Juan Carlos I, incondicional de don Juan de Borbón, tenía en la monarquía parlamentaria la columna vertebral de sus convicciones. Le gustaba recordar que don Juan inauguró el palco real de la plaza de toros de Ronda, celebró que San Sebastián volviera a tener corridas de toros con Juan Carlos I en el palco y animó a Felipe VI a prodigarse en los tendidos para legitimar con su presencia la fiesta de los toros.

Cordobés de nacimiento, bilbaíno de formación bancaria, se casó en 1965 en El Puerto de Santa María con Mariquilla, emparentada con Pedro Muñoz Seca. De la arboleda perdida de Alberti regresó a Bilbao, donde nacieron sus ocho hijos, que le dieron casi una veintena de nietos. Como la Pasionaria en 1977, Albendea presidió la mesa de edad. Pasó por casi todas las comisiones: presidió la de Cultura y fue vocal de las de Justicia, Reglamento, Economía y Relaciones con el Defensor del Pueblo.

Hombre tolerante, avaló un premio de novela que patrocinó el Banco de Bilbao. Sus tíos Jesús y Benito Pabón, hermanos de su madre, fueron diputados de la CEDA y del Frente Popular, respectivamente. El discurso de las dos Españas lo llevaba de marca. Contra la demagogia que consideraba excesivos los gastos de la Casa Real, recordaba que a cada español la Corona le costaba 16 céntimos de euro al año. Fue el diputado más longevo, aunque en permanencia en el escaño le superaba Alfonso Guerra, currista como él. Las hermanas de la Cruz lo tienen en sus oraciones.

Ha sido su última prejubilación. Para mitigar los dolores de tan decisivo tránsito, ha contado con el doctor Salvador Alegre, uno de sus yernos, director de Cuidados Paliativos en el Hospital de San Lázaro.

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