La aldaba

Carlos Navarro Antolín

cnavarro@diariodesevilla.es

Albendea, sin complejos para romper el hielo

La de veces que provocaba aplausos cálidos en los años más difíciles del PP en los mítines por los pueblos de Andalucía

Juan Manuel Albendea

Juan Manuel Albendea / M. G. (Sevilla)

Cómo se ceba la Canina con la Alfalfa en estos días de cambio de año. No veremos más al doctor Yebra en su parada en el kiosko o en las pausas que hacía en el camino en plena plaza para examinar la manchita en la piel de ese vecino que se había pasado la noche en vela imaginando que tenía los siete males. Tampoco veremos a Juan Manuel Albendea procedente de la Casa de las Águilas, las mismas que dan nombre a una de las calles que mayor presión de tráfico soportan al día.

Se nos ha ido el diputado que mejor defendió el presupuesto de la Casa Real cada año o la Fiesta Nacional en cada debate parlamentario donde hay que hacerlo: en la tribuna del Congreso de la Carrera de San Jerónimo. Juan Manuel Albendea era quien rompía el hielo a la hora de aplaudir en los mítines de PP por esas tierras de Andalucía donde el partido de centro-derecha era recibido con aire gélido en los años en los que el Sur era un verdadero fortín socialista. La de veces que Javier Arenas agradecía en público y en privado a su amigo Albendea que tuviera ese gesto de apoyo en esos municipios de Dios. Parece una cuestión menor, pero el tiempo demostró que era fundamental. No saludaremos más a Albendea en sus paseos por la Alfalfa, con el abrigo azul que también usaba para sus viajes en AVE de ida o vuelta de Madrid junto a Soledad Becerril. A la ex alcaldesa le confirmaban su puesto de salida en las listas a la Cámara Alta o a la Baja y acto seguido preguntaba: “¿Y Albendea en que número va?”. Quería asegurarse el compañero de viaje más señorial en la Alta Velocidad.

La guadaña de enero nos ha dejado sin un político de otro tiempo, sin los complejos de ahora, al que veías con prisas en el vestíbulo de Atocha y era porque no llegaba a Sevilla para la corrida de Victorino en la plaza de la Maestranza, o te lo encontrabas en cualquiera de los foros o citas de relumbrón en la Casa de Pilatos en animada charla con Ignacio Medina, duque de Segorbe. Tenía rigurosamente estudiado que la Monarquía salía baratísima para los presupuestos del Estado. Y tenía hecha la comparativa con el gasto que suponía tener rey en otras naciones europeas. En el fondo tenía claro que a España le han salido más caras, ay, las repúblicas que ha sufrido que algunos de sus peores reyes. Y eso requería de una labor pedagógica que Albendea asumió con un estilo particular, elegante con el rival, sin la zafiedad que hoy embadurnan algunas intervenciones de políticos adanistas y, por supuesto, sin renunciar a sus principios. Descanse en paz el vecino de Águilas que además supo abrazar con discreción y profunda fe las cruces que le tocaron en la vida.

MÁS ARTÍCULOS DE OPINIÓN Ir a la sección Opinión »

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios