"A veces me preguntan por el euro y yo no entiendo ni de monedas antiguas"

Los invisibles

Alumno de Fuentes Quintana y Sampedro en Económicas. Vendió fotocopias, enseñó Filosofía y es anticuario. Vivió en Inglaterra y México, 'patrias' de Cernuda.

11 de febrero 2012 - 05:03

NOVENO de los trece hijos de un catedrático de Oftalmología, Pepe Díaz (Sevilla, 1941) pasó 17 de sus 71 años, guiño capicúa, entre Inglaterra y México.

-¿Cómo fue su infancia?

-Entre una casa de la calle San José que ya no existe y una casa de la plaza de San Lorenzo que tampoco existe. De San Lorenzo tengo una añoranza tremenda, aunque eran años malos, pero se puede ser feliz en años malos.

-¿Irse de Sevilla avivó esa añoranza?

-Es posible. Me fui a estudiar Económicas en Madrid. Después me fui a Inglaterra para aprender inglés y me quedé diez años. Y a México a pasar un verano y me quedé viviendo siete años.

-¿Aprendió inglés?

-Fatal. A mí me tomaban por inglés en Inglaterra hasta que abría el pico. En 1974 me casé con una inglesa, tengo un hijo inglés que tiene 35 años. Cuando viene, con sus tíos habla en español pero a mí me obliga a hablarle en inglés.

-¿Cómo era la Universidad?

-Empecé en el curso 59-60. Fui alumno de Fuentes Quintana y de José Luis Sampedro, siempre con su pajarita y sus lecciones telúricas. Eran unos años sesenta más auténticos que el mayo francés o el alemán. Era la Facultad más politizada. Hoy será otra historia.

-¿Un nido de neoliberales?

-Yo creo que sí. Terminé la carrera y descubrí que no me gustaba absolutamente nada.

-Y decide irse a Inglaterra...

-Había ganado mucho dinero como vendedor de Rank Xerox. No vendía nada, pero el dinero lo ganaba haciendo fotocopias.

-¿Qué hizo en Inglaterra?

-Muchas cosas. Estudié Sociología, Antropología. Para los ingleses todo eso es Filosofía, y así consta en tu currículum. Vivía en Reading, probablemente la ciudad más fea de Inglaterra, tanto que dicen que la reina Victoria, cuando le hicieron la estatua, pidió que la pusieran de espaldas a la ciudad. Allí está la cárcel donde estuvo preso Oscar Wilde.

-¿Qué se le perdió en México?

-Llegué con ochocientos dólares y dos alfombras persas, ya había empezado con las antigüedades. Estuve cinco años dando clases de Filosofía en la Universidad Autónoma de Xochimilco. Vino una crisis muy grande, pasé de ganar 300.000 pesetas a 30.000. Allí estuve del 79 a comienzos del 86.

-El Mundial de España lo vive en México, el de México en España.

-Me vine de vacaciones y coincidió con el terremoto. Cuando volví, vi la ciudad desmontada.

-Un sevillano que se va a Inglaterra y a México. Como Cernuda.

-Siempre que pensaba en Sevilla, recordaba un verso de Cernuda: el Sur es el galope de un caballo furioso. Los socialistas franceses decían con bastante razón que México era surrealista. Hoy es algo mucho peor.

-¿Cómo empieza con lo antiguo?

-Buscando muebles para un piso en Inglaterra. Me fascinó el mundo de las casas de subastas y la búsqueda del tesoro. Un tesoro que nunca aparece salvo que des con un rembrandt o un velázquez. Sí encuentras tesorillos si tienes intuición para ver lo que nadie ve. Tiene algo de pirata. Allí las cosas son y no son, al contrario que en Filosofía, donde el principio de identidad dice que lo que es, es. En las antigüedades lo que es, a lo mejor no es. Una estatua de mármol romano igual la hizo ayer un gracioso. La elocuencia de la filosofía es el silencio y la del anticuario la parla descarada de los chachareros.

-¿Con qué ganó más dinero, con la Filosofía o las antigüedades?

-La Filosofía me daba para vivir y las antigüedades para viajar. Para venir a Sevilla y llevarme, con mucho miedo, cosas para vender en México, en la Lagunilla.

-¿Qué notó a su vuelta?

-Que mi madre se había trasladado de San Lorenzo al Aljarafe.

-¿Qué quedó del economista?

-Que me preguntan por el euro y no sé qué decir. Yo no entiendo ni de monedas antiguas. Sé algo, cada vez menos, de muebles, cuadros, objetos decorativos.

-¿Contactó con los exiliados en Inglaterra y en México?

-Claro. En Londres me inscribí en el club Antonio Machado. Allí estaban viejos exiliados y buscavidas y alguna vez pasó Joaquín Sabina. Con México siempre hubo una relación de amor/odio con los españoles. Mi mejor amigo, un poeta de Bornos, se casó con una mexicana a la que su padre mandó a Madrid a ver si se le quitaban las ganas de meterse a monja.

-¿Sigue de anticuario en Sevilla?

-Aprobé unas oposiciones a profesor de instituto, y hablé con el jefe de estudios para poder ir al Jueves. Echo de menos el mercadillo de los pájaros de la Alfalfa. En Londres, los mercadillos son muy importantes para la ciudad y como atractivo turístico.

-¿Es 'anticuario' en sus gustos musicales?

-Oigo fragmentos de ópera. Siempre los mismos por no levantarme. Un tío de mi madre hizo la letra del himno de Andalucía.

-Se casó con una inglesa y tiene un hijo inglés. Igual que Silvio...

-De todos los hermanos, soy el menos dotado para la música. Tengo dos oídos izquierdos. De ese tiempo, conozco a Antoñito Smash y a Julio Matito.

-¿Se defiende en el inglés?

-Usé mi inglés herrumbroso para cancelar una cuenta de cinco libras con Barclays. Viviendo todavía en México, fui con mi hijo a un relojero de la calle Cardenal Spínola para que me arreglara un reloj de plata que compré en Londres. Cuando me oyó hablar, el relojero me dijo que hablaba un español estupendo. Le dije que era el que había aprendido en casa del doctor de las cinco des, como conocían a mi padre, el doctor don Diego Díaz Domínguez.

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