Un viaje a la eterna juventud
calle rioja
Viaje iniciático. Antonio Machín, Antoñita Moreno, Estrellita Castro, Marifé de Triana o Juanita Reina, entre los grandes artistas que pasaron por el Gran Teatro de Puertollano
LOS dos se llaman Luis Pizarro y en su momento fueron concejales. Uno de Izquierda Unida en el Ayuntamiento de Sevilla. El otro del PSOE en el de Puertollano, el pueblo manchego donde me crié. Quería hablar con el segundo, pero marqué el teléfono del primero, a quien le divirtió el equívoco. Ayer me crucé en la Alameda con Luis Pizarro. Iba al Multicines a ver La juventud, la película de Paolo Sorrentino. Yo he viajado a ver al otro Luis Pizarro para ver la película de mi juventud.
Luis F. Pizarro es un consumado historiador de las cosas de Puertollano. Ha historiado el socialismo del pueblo que fue conocido como Faro industrial de La Mancha; la historia del fútbol local, que vivió esplendores con el Calvo Sotelo. Y ahora ha publicado Historia del Gran Teatro de Puertollano. Ha sido un hermoso viaje iniciático. Los cinco hermanos Correal hemos viajado este fin de semana al pueblo que nos vio crecer a tres y nacer a otros dos. Nos hemos alojado en un hotel de la calle Lope de Vega, muy cerca del espacio que ocupó el Gran Teatro de Puertollano, que abrió sus puertas en mayo de 1920 y las cerró en 1982. Un alcalde socialista ordenó su demolición el año del triunfo electoral.
El libro está lleno de guiños sevillanos. La portada, con una foto antigua del teatro, la ha diseñado José Ramón Pizarro, primo del autor y afincado en Sevilla, donde también reside un hijo de Luis Pizarro. Concebido por los hermanos arquitectos Eduardo y Francisco Reynals Toledo, la autoría de la obra del Gran Teatro correspondió al contratista catalán Roberto Aleu y Torres, autor entre otros de la Casa de Correos y Telégrafos de Sevilla (fotografiada en el libro por José Ramón Pizarro) y del teatro Cerezo de Carmona.
El Gran Teatro surge en 1920, el año de la trágica muerte de Joselito. Acababa de terminar la Primera Guerra Mundial y, según escribe Pizarro, "empresas y empresarios mineros locales habían obtenido pingües beneficios con la venta del carbón". El libro me lo dedicó su autor en el Chiringuito de Juan, un bar próximo a la Fuente Agria y a las ruinas del Gran Teatro y la Plaza de Toros, donde tantas películas vimos en un coso convertido en cinema de verano. Sevilla está presente en el título de las obras: Sevilla la mártir o El verdugo de Sevilla. En la permanente presencia de artistas procedentes de la ciudad. El 3 de abril de 1951 se presentó en el Gran Teatro de Puertollano Antonio Machín, cubano residente en Sevilla que estaba en pleno apogeo. La Feria local de 1955 (tuve el privilegio de pregonarla en 1998) contó con la presencia de Estrellita Castro y Antoñita Moreno.
Puertollano es una ciudad muy permeable a las costumbres del sur: el estilo de llevar los pasos y la propia imaginería, los Carnavales (equidistantes de Cádiz y de Miguelturra) o la afición al flamenco. Una jovencísima Rocío Jurado, con 18 años, se presentó en octubre de 1964 con el elenco de Manolo Escobar. El 3 de noviembre de ese año actuó Marifé de Triana. Ya vivíamos en el pueblo los tres mayores, después de escalas en Galicia y en la panadería de mi abuelo Andrés en Ciudad Real. El libro incluye una foto que Luis Pizarro hizo en el cementerio de Sevilla del monumento a Juanita Reina, que se presentó en el Gran Teatro el 4 de octubre de 1965 con su marido, el bailaor Federico Casado, Caracolillo. Mi madre estaba a mitad del embarazo de mi hermano Quique, con el que ahora hemos celebrado sus bodas de oro con la vida.
En la bibliografía aparecen la autora local María Dueñas y su hermano Julián. El autor tiene la gentileza de citarme en dos ocasiones. En la primera menciona el primer reportaje que publiqué en mi vida ("La fuente agria, desjarrada", Lanza, 26 de junio de 1975). Tres meses después, 28 de septiembre, la semana de los últimos fusilamientos de Franco, reseña mi crónica de una actuación en el Gran Teatro de Hilario Camacho. Ese año 75 nació mi hermano Mario para completar el quinteto. Si hay un actor con el que asocio ese coliseo derruido, la juventud de Sorrentino reciclada con camiseta del Calvo Sotelo, es con José María Rodero: Luces de bohemia, Calígula (con un muy joven José Sacristán) y Los emigrantes, con Agustín González. El Gran Teatro lo derribaron. Su memoria sigue en pie.
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