Sevilla FC | Crisis como visitante

Banega-Mudo-Sarabia, un trío muy hogareño

  • La media con los tres creativos sólo llevó a ganar en las dos primeras salidas l En las ocho siguientes, sin triunfos, Machín sólo prescindió de ella por voluntad propia en Vitoria

El centrocampista Éver Banega, en un entrenamiento reciente del Sevilla. El centrocampista Éver Banega, en un entrenamiento reciente del Sevilla.

El centrocampista Éver Banega, en un entrenamiento reciente del Sevilla.

Lo que en Valencia, en el mediodía de aquel 23 de septiembre del pasado año, fue un golpe de ingenio, una brillantísima ocurrencia de Pablo Machín que pilló con el pie cambiado a todo el mundo –el primero Paco López, entrenador del Levante– es hoy un chiste repetitivo que ha perdido toda su gracia. Una medida circunstancial que fue pura efervescencia bajo el factor sorpresa, pero que pronto perdió gas a medida que los entrenadores rivales le han tomado la medida al invento. Sí, ese triángulo Banega-Franco Vázquez-Sarabia para el centro del campo no funciona fuera de casa. Machín sigue erre que erre, empeñado en que la flauta vuelva a sonar en el siguiente viaje. Pero no. Hasta un equipo moribundo como el Celta actual lo aprovechó.

Realmente, sólo fue eficaz en las dos primeras salidas, Levante (2-6) y Eibar (1-3) esa sala de máquinas sin centrocampistas de corte defensivo, sin especialista alguno en guardar la posición por delante de la zaga, hacer coberturas a las subidas por las bandas, ganar balones divididos, defender al borde del reglamento y no tomar riesgos en tu mediocampo.

Ocho salidas más en esta Liga ha realizado el Sevilla desde aquel merecido triunfo en Ipurua, resueltas con cuatro empates –Real Sociedad (0-0), Alavés (1-1), Valencia (1-1) y Leganés (1-1) – y 4 derrotas –Barcelona (4-2), Athletic (2-0), Real Madrid (2-0) y Celta (1-0)–.

Centro de gravedad

Durante esta magrísima cosecha de cuatro puntos de 24 posibles, Machín ha insistido en ese triángulo, tan audaz como temerario, que ha desplazado el centro de gravedad del equipo del centro del campo al ataque: a Mudo y Sarabia, dos interiores que en realidad son mediapuntas, hay que añadirles los dos puntas, Ben Yedder y Andre Silva, más dos carrileros de corte ofensivo, Jesús Navas, Promes, Arana, Escudero o Aleix Vidal.

Dentro de ese lánguido trayecto de ocho desplazamientos, Banega, Mudo y Sarabia fueron titulares en la sala de máquinas en cinco de ellos: el Camp Nou, Anoeta, Mestalla, Santiago Bernabéu y el pasado sábado en Balaídos.

De las tres restantes salidas, sólo en una de ellas Pablo Machín prescindió por mera cuestión técnica de su diabólico triángulo. Fue en Vitoria. Estaban los tres disponibles, pero el entrenador soriano decidió sentar en el banquillo a Sarabia y meter de interior a Roque Mesa.

En los otros dos partidos de la lista de ocho, Leganés y Athletic, entraron a jugar las sanciones disciplinarias. En Butarque, Sarabia y Banega descansaron obligados por la quinta amarilla que vieron ante el Girona la jornada anterior, y en San Mamés le tocó el turno a Franco Vázquez por llamarle “caradura” al canario Hernández Hernández precisamente en el túnel de vestuarios del feudo pepinero.

En cuanto Machín ha tenido oportunidad de repetir su invento, no lo ha dudado y lo hizo en el Santiago Bernabéu y Balaídos. El desempeño, en ambos casos, fue pésimo, con una alarmante debilidad física que mucho ha tenido que ver –dentro de un catálogo de defectos– en la sensación de impotencia que ha transmitido el equipo lejos de Nervión.

Un retraso pernicioso

Bajo ese patrón, con ese trío de talentosos jugadores, el Sevilla ha sido un rodillo en casa. Si fuera ha sumado cuatro de 24 puntos posibles, en Nervión se ha embolsado 22 de los últimos 24 por los que ha litigado. Sólo el Atlético, y con muchísimo trabajo, arrancó un empatito el día de Reyes. En casa aplasta al que llega con su brazo de acero y fuera tiende una mano blanda al moribundo. ¿Y por qué esta ciclotimia?

La madre del cordero está en la ubicación en el terreno de juego. Fuera de casa, los rivales obligan al Sevilla a plantar su centro de gravedad unos 20 metros más atrás. La propia dinámica de los partidos lejos de tu estadio así lo suele dictar desde que el fútbol es fútbol. Es como el incosciente repliegue que hace un equipo en los minutos posteriores a hacer un gol importante. Sucede y punto.

Defectos ganan a virtudes

Y que el mapa de acción de Banega, Franco Vázquez y Sarabia se desplace hacia el propio mediocampo mengua sus virtudes –creatividad al armar el juego, último pase, llegada– al tiempo que expande sus defectos: blandura en las fricciones, entradas a destiempo, riesgos con el balón y pérdidas en zonas delicadas.

Los equipos ya saben que si aprietan y son agresivos en la zona de gestación del juego sevillista, que fuera es más cerca de Vaclik, el equipo de Machín sufre. Ese trío no se caracteriza por su rapidez en la conducción y si reciben la pelota lejos del área rival, les cuesta hacer daño.

Carga de partidos

El plomo que los tres llevan en las piernas tampoco ayuda: Sarabia actuó en 21 de las 22 jornadas y sólo se perdió el partido de sanción. Banega ha disputado 20 y una ausencia ha sido por el primer ciclo de amarillas. Franco Vázquez ha faltado en cuatro, pero dos fueron por su sanción. Jugar tan atrás también los está cargando de amonestaciones: 9 Banega, 6 Sarabia, 4 Vázquez. Los argentinos están a una tarjeta de la suspensión.

Urge que Machín mueva ficha para que el equipo recobre el pulso cuando no fluye desde la grada esa energía extra de la afición. Urge que, en espera de que Gonalons esté disponible para ingresar en la rueda de una vez, Marko Rog entre en escena y, junto a Roque Mesa y Amadou, vaya cobrando protagonismo para dotar de más fuerza, más vatios, a la medular. Faltan centrocampistas específicos y con carácter, sobre todo fuera de casa, para responder al hostigamiento. Está en juego esa preciada cuarta plaza.

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