Sevilla - Real Madrid | Informe técnico

Lopetegui homenajea a Juan de Dios Román

  • Las aperturas en juego estático a Navas y un incomodísimo Aleix, como en balonmano, única e inocua propuesta ofensiva

  • Ocampos y Munir, demasiado abiertos

  • Tampoco Rakitic y Jordán rompen por dentro

Munir acosa a Lucas Vázquez con Aleix Vidal detrás. Munir acosa a Lucas Vázquez con Aleix Vidal detrás.

Munir acosa a Lucas Vázquez con Aleix Vidal detrás. / Antonio Pizarro

No es casualidad que el decepcionante partido que hizo el Sevilla ante el Madrid se pareciera tanto al que firmó ante el mismo rival la pasada temporada en Nervión. El molde que sacó Julen Lopetegui fue el mismo. Y el equipo de Zinedine Zidane le respondió de la misma manera: presión alta para provocar el fallo atrás, una intensidad del colectivo propias de la necesidad, y cuando cayó el fruto del gol, a pertrecharse y agradecer el desesperante, por reiterativo, fútbol ofensivo de los anfitriones.

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La balonmanización del Sevilla, su fútbol ensimismado en el toque con tibios riesgos y una cansina apertura a una y otra banda con la defensa enemiga perfectamente colocada –y concentrando piezas en el único peligroso, Jesús Navas– facilitó el notable balance defensivo de los madridistas: cero remates sevillistas en la primera mitad, y en la segunda dos chilenas de De Jong y Ocampos fáciles para Courtois y un tiro que se fue a un metro de la escuadra derecha del portero belga. El recordado Juan de Dios Román hubiera echado de menos a alguien que cortara por dentro. Sólo Suso lo intentó.

Defensa

Volvían Bono a la portería y Koundé al eje de la zaga. Pero también volvieron los nervios. En la primera salida del Madrid, Rodrygo se coló hasta la cocina en espera de que Aleix Vidal se enterara de dónde estaba y Vinicius intuyó dónde brotaría el fuego. Su proverbial falta de tino perdonó al Sevilla, pero despertó sus inseguridades, acrecentadas por un despiste de Bono al tratar de sacarla con el pie. El Madrid olisqueó la sangre en esas primeras tentativas, persistió en su presión adelantada y el Sevilla se manejó ya con mucha incomodidad en la salida del balón hasta el descanso. Ni Koundé lo solucionó. Rodrygo y Vinicius corren como diablos.

Tras el descanso, el Sevilla empezó a atacar con mejor son, como siempre por el costado de Navas, pero con el lógico paso delante de la zaga, llegó la jugada aislada en que Mendy se coló, Bono no atacó el balón del centro y Vinicius envenenó la trayectoria al rozarlo.

Ataque

Era clave que Jordán o Rakitic salvaran esa primera línea de presión con giros, paredes, y que ganaran metros para luego conectar con Munir u Ocampos, que llegaran a zona de remate desde los extremos para a su vez abrir la banda a la subida de los laterales. Jamás sucedió. Jordán y Rakitic no rompieron una sola vez, Koundé no lanzó desde atrás y los 226 millones de aperturas a Navas y Aleix en situaciones estáticas fueron fáciles de sujetar para el Madrid.

Lopetegui pudo saltarse el guión al dar entrada a Idrissi, por ejemplo, por Munir en lugar de Óliver. O sacando de la banda a Ocampos, o jugando con dos puntas. Pero no.

Virtudes

Suso propuso algo distinto.

Talón de Aquiles

Hacer el sacrificio que hizo el Sevilla ante el Chelsea para luego plantearle al Madrid una propuesta tan lánguida, fría y fiada al toque por el toque no tiene mucho sentido. A este equipo se lo ve venir muy de lejos: todo desemboca por fuera, sobre todo por la derecha, y nada por dentro, y entre acelerar para arriesgar o frenar y asegurar, el 90% de las veces elegirá lo segundo.

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