Desde mi córner
  • Un Sevilla angustiado recibe a un rival que ha reaccionado con la llegada de Marcelino

Partido de alta tensión en Nervión

AMBIENTE prebélico esta tarde en Nervión según se desprende de los sucesos ocurridos tras la eliminación de Champions. El escrache a Carolina Alés y las pintadas en los negocios particulares dejan bien a las claras que la cita de hoy con el Villarreal puede celebrarse en un clima absolutamente irrespirable. O sea que ganar o ganar es la cuestión, pues las cosas podrían precipitarse a mucho peor en caso de tropiezo.

Y como suele pasar cuando los resultados son los que está cosechando el Sevilla es que la enfermería se puebla. Pasa siempre y así vimos cómo el viernes apenas había gente para que el entrenamiento se celebrase con quórum. Esperemos que a medida de que se acerque el partido, la enfermería vaya mostrando más huecos para que Alonso pueda oponerle al Villarreal un equipo medianamente garante, el partido se saque adelante y el ambiente se purifique un tanto.

Porque es que en este laberinto en que se ha sumido el Sevilla, un tropiezo más haría que la junta de mañana fuese un infierno. Pero no precipitemos acontecimientos y pensemos que alguna vez habrá de ganar el equipo de Alonso sin necesidad de esperar a lo del miércoles copero en Astorga. Y en la otra orilla del juego, un Villarreal que ha reaccionado ipso facto con la llegada de Marcelino a su puente de mando, lo que lo convierte en el duro rival de casi siempre.

Dos equipos en horas bajas, con el tercer entrenador los castellonenses y con el segundo del curso el Sevilla, lo que deja bien claro la andadura de ambos. Estamos, por tanto, ante un choque de alta tensión entre dos equipos que no están alcanzando sus objetivos, aunque el Villarreal sí ha cumplido satisfactoriamente en Europa. Tres puntos es lo que los distancia en la tabla y eso deja bien claro cuánta es la necesidad del Sevilla, o mejor dicho cuánta la obligación de ganar.

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