Sevilla-Eibar Machín versus Mendilibar, parecidos razonables

  • El soriano partió de ideas tácticas similares a las del vasco, antes de su obligado giro hacia los exquisitos

Pablo Machín da pataditas al balón en la sesión de ayer. Pablo Machín da pataditas al balón en la sesión de ayer.

Pablo Machín da pataditas al balón en la sesión de ayer. / Víctor Rodríguez

Los que sigan a un clásico de la Liga como José Luis Mendilibar sabrán que será raro ver encerrado al Eibar en el campo del Sevilla. Con picos altos y bajos durante su ya dilatada trayectoria (tras su salida de Lezama: Lanzarote, Eibar, Athletic, Valladolid, Osasuna y de nuevo Eibar), siempre ha sido un entrenador que busca hacer daño con bastantes jugadores en campo contrario, buen posicionamiento, verticalidad y juego exterior. En el Eibar, gracias a esta segunda etapa, ha cumplido ya 150 partidos, siendo el equipo al que más ha dirigido. Y sus señas de identidad están bien definidas en Ipurua. Quizá no tanto lejos de Éibar. Aun así, intentará plasmar su idea de líneas adelantadas, rápida circulación, aperturas a banda y centros tensos. 

En la temporada pasada, el Girona de Pablo Machín ofreció un buen partido en el Sánchez-Pizjuán y puso en aprietos al equipo de Montella, salvado por un gol de Sarabia nada más comenzarse la segunda parte. Aquel Girona también juntó las líneas y presionó la salida del Sevilla, hostigando a su cerebro, aquel día N'Zonzi. Algo similar a lo que ocurrió en la primera parte del Sevilla-Girona de esta temporada, hasta que el equipo de Machín desarboló al de su epígono Eusebio –curioso que el veterano copiase el sistema del neófito– con ese fútbol directo, rápido, dinámico que ahora echa de menos el sevillismo.

Quizá por la carga de partidos, esas 41 citas oficiales desde el lejanísimo 26 de julio, el actual Sevilla de Machín no es tan parecido al que quisiera ser. La presión adelantada y en campo contrario ha bajado varios peldaños por la falta de frescura. Y la obturación del fútbol de Banega, junto al bajón físico de Sarabia y Franco Vázquez y las bajas, han cortocircuitado ese fútbol vertical, rápido, de saltar líneas en pocos toques. 

Esto mismo es lo que pretenderá hoy Mendilibar, cuyas premisas tienen un parecido razonable a aquel Girona fresco de Machín, que hubo de reinverntarse y adaptarse a una plantilla menos física, con menos capacidad para la presión adelantada, y más técnica. Y con menos centros laterales.

Mendilibar sí tiene futbolistas poderosos en el juego aéreo y también buenos golpeadores, a balón parado incluso mejores que los del Sevilla de Machín, que se ha quedado sin su Stuani. Y ahí hay otra diferencia entre lo similar y la evolución hacia lo exquisito de Machín.

La gran diferencia entre ambos es que Machín no se halla sin la defensa de tres, intocable para él. Roque Mesa, en un anexo a la entrevista a este diario, lo argumentaba así. "Desde el mediocampo hacia delante los jugadores que están jugando no son espefícos defensivamente. Cuando pones a carrileros como Jesús Navas, o Quincy Promes, o Escudero o Arana, que se proyectan bastante en ataque, o juegas con Éver en el medio, que le gusta ir arriba; o dos interiores como Sarabia y el Mudo, o Marko (Rog) o yo ahora, y dos delanteros como Wissam y Andre... el espectador que lo ve desde fuera dice, 'hombre, van al ataque'. Es la única manera de protegerte un poco". 

En lo que está fallando el Sevilla es en el hambre por recuperar el balón tras la pérdida. "Una de las consignas del míster es que cuando no tengamos el balón defendamos todos y en eso ha ganado el equipo". Es uno de los aspectos que debe recuperar. Y hoy tendrá enfrente un equipo que sí lo hace.

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