Sevilla FC | Pablo Machín, señalado Cuando el cordel se deshilacha...

  • Pablo Machín queda muy tocado como responsable principal de la deriva de un juguete estropeado y sólo la Liga Europa puede ser su puntual flotador

Pablo Machín gesticula enfadado en la banda mientras sale Chimy Ávila, autor del 2-1. Pablo Machín gesticula enfadado en la banda mientras sale Chimy Ávila, autor del 2-1.

Pablo Machín gesticula enfadado en la banda mientras sale Chimy Ávila, autor del 2-1. / P. Segura

¿Qué fue antes, el huevo o la gallina? De trasfondo de la pésima dinámica del Sevilla, con una sola victoria en los últimos diez partidos de Liga, con sólo seis puntos sumados de los últimos 30, está la inadecuada planificación, con un débil cordel uniendo la idea y la filosofía de juego de Pablo Machín y los futbolistas que tenía en la plantilla y los que ha ido fichando Joaquín Caparrós en su primera aventura como director deportivo. Pero ya se sabe que cuando, en el fútbol, el cordel se deshilacha, se rompe por el lado más frágil. Y Machín está ya clarísimamente señalado.

Esa dinámica, esa sangría, esos cinco meses y pico ya que el Sevilla no gana fuera de casa son una losa que parece incapaz de levantar ahora mismo un equipo atravesado de parte a parte por la ansiedad, por esa ansiedad del que llega tarde a coger el tren y se equivoca de convoy.

Porque el Sevilla, una vez más, y van tantas, llegó tarde a la cita de El Alcoraz, el menudo campo del colista de la Primera División. Ni en un partido de juveniles, ni en uno de infantiles, quizá en uno de alevines, se ve una jugada como la que propició el 1-0 del Huesca. Entre Galán y Juanpi desbarataron casi andando todo el entramado defensivo del Sevilla y, claro, para un equipo en esta dinámica ese gol en contra fue ya una empinadísima cuesta que quiso subir de tres en tres, y sólo encontró tropezones, caídas, sinsabores, infortunios, ocasiones marradas, centros a la nada, fútbol atropellado...

Todo parte de un mal de fondo, ya reiteradamente denunciado: la descoordinación absoluta entre la idea del entrenador y los mimbres que tiene para llevarla a cabo que le ofreció la dirección deportiva. En ese gol, Jesús Navas y Sarabia dejaron el pasillo expedito a Galán, que no es Messi precisamente, dicho esto con todos los respetos al futbolista del Huesca –Messi no puede ser nadie nada más que Messi–. Entre otras cosas porque Jesús Navas y Sarabia son atacantes, futbolistas hechos para atacar, no para defender. Ahí hubo inaptitud. Pero en los centrales, en Mercado y Kjaer, hubo inactitud: ellos sí saben defender, pero dejaron que se paseara por el área Juanpi, como si no fuera un territorio sagrado el que tenían que defender.

Vaclik, Mercado y Banega contemplan cómo entra el balón en el 2-1, minuto 98. Vaclik, Mercado y Banega contemplan cómo entra el balón en el 2-1, minuto 98.

Vaclik, Mercado y Banega contemplan cómo entra el balón en el 2-1, minuto 98. / P. Segura

Es lógico que Pablo Machín hable de endeblez, de responsabilidad individual. Pero también habría que decirle a él que no puede seguir empecinado en un 3-5-2 que no cuenta con las piezas adecuadas, a saber: ni centrales rápidos; ni carrileros de fuerza y potencia; ni medios centro tácticos y fibrosos para la presión; ni un punta con buen juego aéreo o buen remate que ejecute o baje las decenas de centros a la nada.

La descomposición del Sevilla es tal que ha perdido el proverbial juego interior que lo hizo líder, aquel por el que optó Machín y en el que Ben Yedder y Sarabia, y hasta Andre Silva, eran la mejor punta de lanza para el juego que emanaba, en una fuente de verticalidad, de Franco Vázquez y Banega. Eso se fue al traste.

En la segunda parte sí optó por variar por fin Pablo Machín, el Empecinado, su sistema y volver a algo parecido a lo del Barça. Pero entonces apareció la ansiedad, el atropellamiento, la falta de buen posicionamiento, de escalonamiento de los ataques, la multitud de centros mal ejecutados o sin rematador. Y el infortunio y el VAR contribuyeron a sacar de quicio, aún más, a un equipo roto, con el norte perdido, con el sistema ya muy desdibujado, y sin la fría determinación para pisar el área con el gol entre ceja y ceja, como hizo Chimy Ávila en el 2-1. Un gol que parte de un saque de Vaclik por el que no hace nada Andre Silva... Si el aspirante a la Champions tiene más ansiedad que el colista, si la cuerda se deshilacha, si hay indolencia y falta de aptitud y de actitud individual, todos los cortes de la cuerda conducen al entrenador.

La Liga Europa aparece ahora como un asidero vital para Pablo Machín. Porque si no fuera porque esta semana hay un Sevilla-Slavia de Praga en Nervión...

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