Real Sociedad-Sevilla | Contracrónica

La traición del subconsciente

  • La ausencia de la delantera titular alerta sobre la planificación de nuevo y condiciona un planteamiento al que faltó determinación para buscar el gol

Quincy Promes intenta un pase al área ante Illarramendi. Quincy Promes intenta un pase al área ante Illarramendi.

Quincy Promes intenta un pase al área ante Illarramendi. / Juan Herrero / Efe

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El Sevilla concluyó el domingo como segundo de la Liga, con permiso del Espanyol. Tiene mérito, pero en esta ocasión es casi más demérito de los demás que mérito propio. Y no quiere decir esto que sea fácil sacar un punto de Anoeta, con lo necesitada que estaba la Real Sociedad, quizá el único equipo que aún no ha ganado en su propio feudo. Pero extraña que estando en la privilegiada situación de poder anclarse en la zona alta, nada menos que siguiendo la estela del Barcelona, el Sevilla no tuviera más determinación para buscar el gol, para coger con fuerza el partido y llevarse el triunfo.

Efectivamente, fue clave, determinante la ausencia de la delantera titular. A Andre Silva, con una fuerte contusión en el muslo desde aquel trompazo con Ruben Semedo ante el Huesca, se unió a última hora la baja de Ben Yedder por unas molestias en los isquiotibiales de la pierna derecha. Y esto dejó aún más romo al Sevilla. Pero no sólo eso. Tanto el entrenador, con su planteamiento algo reservón, como los futbolistas, con su talante algo medroso a la hora de embocar las muchas contras de que disfrutaron, dejaron entrever poca confianza, como si el equipo hubiese recibido como un golpe anímico definitivo la noticia de que Ben Yedder tampoco jugaría.

Fue una especie de traición del subconsciente que se pudo comprobar en algunas jugadas concretas. Por ejemplo, en cómo en el minuto 34 Promes se vio solo, rompiendo por la izquierda sin que nadie lo acompañara... Apenas Muriel cumplió con su obligación llegando tarde y mal al remate de su centro. Ese amedrentamiento quizá también tenía su fundamento en las bajas en la defensa, porque parecía como si el Sevilla, en particular su centro del campo, no dejase de mirar por el retrovisor cada vez que iniciaba un ataque o un contraataque. Desde luego, no se puede afirmar que el recurso a Amadou como central ante el cúmulo de bajas, de nuevo, en la zaga transmitiese mucha confianza.

La baja de Ben Yedder fue un golpe que encendió el chivato de la avería estructural de la máquina

Fueron múltiples las ocasiones en las que algún futbolista del Sevilla rompió en ataque sin tener suficiente acompañamiento. Ora Jesús Navas, ora Sarabia, ora Franco Vázquez... Al mismo Banega le faltó convicción en una contra que podría hacer decantado el partido en el minuto 88, con hasta cinco futbolistas del Sevilla, ahora sí, decididos a pisar con fuerza y determinación el terreno enemigo. Eligió mal, su pase a Roque Mesa fue una mala decisión: estaba en aparente fuera de juego y de haber rematado bien habría sido frustrante el efímero gol.

A veces no sólo el aficionado denota un mal evidente. Con jugadores en la convocatoria e incluso el once titular sobre los que el club habría bendecido una salida en verano parece obvio que la planificación tuvo otro chivato negativo en Anoeta. Se encendió el pilotito que avisa de la avería de una máquina que, aún así, sigue funcionando, como demuestra que entre todos, entrenador y futbolistas, decidieron en Anoeta casi inconscientemente que, ya que no había forma de ganar porque faltaban los buenos, por lo menos había que procurar no perder y amarrar el segundo puesto.

La falta de determinación en busca del gol del triunfo, en un equipo tan goleador, fue como una lógica traición del subconsciente. Pero el club, su dirección, debería ser consciente de que el pilotito se encendió otra vez.

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