FC Barcelona-Sevilla FC | El informe técnico

Sólo con dulzura es imposible

  • El Camp Nou exige más aspereza en la marca, repliegue feroz y veneno arriba

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El Sevilla sufrió una de esas derrotas que dignifican. Al menos eso dice la opinión pública. Los aficionados del Barcelona abandonarían el Camp Nou aliviados por la victoria, y al mismo tiempo comentando con las llaves del coche en la mano que el equipo de Pablo Machín juega con gusto. Sí, pero p’allá. Vamos, justo lo contrario que defiende, y muchas veces consigue, el Atlético de Simeone: ser un equipo antipático, que despierta todo tipo de exabruptos por parte del rival, pero que se lleva los puntos sin la sensación de haber jugado mejor. ¿Y jugó bien el Sevilla ante el campeón? No. Fue valiente, atacó con cierta profundidad, forzó a Ter Stegen a hacer cuatro paradones... pero transmitió fragilidad en sus movimientos defensivos y una dolorosa ineficacia arriba. Justo los dos pecados mortales ante un grande. Lo normal era caer, como cayó, pero este Barça tiene dudas y la salida del campo de Messi, con 2-0 en el minuto 16, las avivó. Pero fue todo tan dulce en el Sevilla...

Defensa

Para frenar a Messi, o al menos intentarlo, no hubo esta vez marcaje directo al hombre. Pero una cosa es no perseguir a la gran figura del rival, algo desfasado, y otra cosa es permitirle el tiempo y el espacio para que te liquide en 20 minutos, antes de su desgraciada lesión de codo.

Salir con Banega como pivote, con Franco Vázquez y Sarabia algo más adelantados en ese triángulo de marcada vocación ofensiva, obliga al trío de centrales a estar muy atentos a la zona a la espalda del ahora cinco argentino. Y ser lobos en la marca. Y si no, en el bloqueo de los centros y tiros. Nada de eso hicieron los de blanco. Desde ese córner inicial que concedió Carriço en una cesión a Vaclik, todo fue puro temblor.

Arana trata de bloquear el disparo de Dembele Arana trata de bloquear el disparo de Dembele

Arana trata de bloquear el disparo de Dembele / Alejandro García / EFE (Barcelona)

La defensa posicional fue muy contemplativa (ejemplo, Arana ante Semedo en el origen del 1-0), y obligado a dar tan pronto el paso adelante, afloró la ausencia de medios duchos en el quite, en la resta, en el repliegue feroz. Bastó que Jesús Navas errara en ese pase a media altura a Banega para que Luis Suárez abriera a Messi y éste jugueteara con Sergi Gómez y Vaclik (2-0).

En la segunda parte, Dembele, Luis Suárez y Coutinho apretaron arriba para forzar el error del zaguero sevillista en la salida y recibieron con pasillos expeditos ante el tibio repliegue cuando los de Machín la perdían más arriba.

Ataque

En la primera parte, Andre Silva fue imparable en tres cuartos de cancha. Se ofrecía, la ganaba, se giraba, arrancaba. Pero ningún compañero lo acompañó.

En la segunda, Jesús Navas y Sarabia abrieron una vía por la derecha, pero sus centros fueron más numerosos que precisos. Y cuando hubo remate franco, apareció Ter Stegen.

Virtudes

La actitud, por fin audaz.

Talón de Aquiles 

Esa fragilidad (¿o dulzura?) en ambas áreas.

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