El Derbi Sevillano | El Gran Angular Completo incompleto

  • El mundo pondrá su foco esta noche en el duelo de rivalidad sevillana en el momento más inoportuno, cuando esta historia de pasiones, a puerta cerrada, se verá despojada de su alma

El balón vuelve a rodar en el Ramón Sánchez-Pizjuán. El balón vuelve a rodar en el Ramón Sánchez-Pizjuán.

El balón vuelve a rodar en el Ramón Sánchez-Pizjuán. / Antonio Pizarro

“Soy un completo incompleto / si me giro y no te veo / como una persona a medias / sabes a que me refiero...”. Nuestro malogrado Pau Donés le cantaba así al amor verdadero. A la química pura y genuina que hace latir los corazones. A lo que da sentido a nuestras vidas.

Como el fútbol no es más que un reflejo de la vida, este canto a lo mejor se puede llevar a un escenario menor, mucho menos trascendente, pero que esta noche concitará la mirada atenta de cientos de millones de personas en muchos rincones del globo terráqueo. Sí, después de tantos derbis completos completos, unos espectaculares, otros decepcionantes, pero todos apasionados con sus gradas repletas o casi, resulta que el partido de los partidos según Sevilla va a tener tratamiento de Superbowl precisamente cuando le han robado el alma. Cuando será todo un completo incompleto. Qué sentido tiene el fútbol sin la gente que lo celebra y padece.

Será como practicar sexo con una muñeca hinchable. O como diría Joaquín Sabina: será absurdo como un belga por soleares. Pero es lo que hay. La traslación de la nueva normalidad a un estadio es como un puñetero sueño al que uno, ya despierto, no le ve la mínima gracia mientras se hace el café.

Eduardo Chillida, al que una grave lesión lo privó de hacer carrera como guardameta en su Real Sociedad pero le abrió otra puerta hacia el mundo artístico, reparaba en que la portería era el único elemento de un terreno de juego que es tridimensional. No contaba el gran escultor con que la nueva normalidad iba a ir más allá: todo el fútbol, salvo las porterías, va a ser bidimensional. Sobran las gradas, que sólo servirán para albergar a los suplentes con mascarilla y a un contado grupo de privilegiados actores de reparto. Para la masa, el fútbol va a ser un objeto sin relieve, que se consumirá, más que vivirá, a través de televisores de 50 pulgadas, tabletas de diez pulgadas o móviles de seis pulgadas. Sí, el fútbol moderno se va a medir en pulgadas, no en metros o yardas.

El fútbol va camino de medirse en pulgadas y no en metros: las de televisores o tabletas

Los jugadores habrán de encontrar en sus mentes ese estímulo que suelen hallar en sus corazones cuando la hinchada los animan desde el graderío. Quizás alguno de espíritu quebradizo se tome el silencio como una saludable descompresión. Pero la mayoría, también ese histrión con silbato llamado Mateu Lahoz, se va a sentir esta noche un completo incompleto.

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