Un giro al estilo Quique
Almeyda, como prometió, fue dúctil y flexible en lo táctico y varió su esquema desde el 4-2-3-1 hasta una estructura más sólida por el centro ahora con dos delanteros · El argentino sí ha sido fiel a su modelo
Luz verde para Maupay: inscrito y a disposición de Almeyda para el partido ante el Mallorca
Matías Almeyda ha presumido en varias ocasiones en sus comparecencias públicas de que es un entrenador dúctil y flexible en cuanto a conceptos tácticos. Aunque su modelo es innegociable, el argentino ha ido probando distintos esquemas y diferentes variantes tácticas dentro de los mismos tratando de adaptarse a la plantilla, a las condiciones de los jugadores y –también porque para su modo de entender el fútbol tiene mucha importancia– la forma de jugar y el estilo de cada adversario.
Desde el 4-2-3-1 con que inició su andadura en el Sánchez-Pizjuán y tras un par de partidos con defensa de tres antes de volver en el 4-1 ante el Barcelona al esquema inicial, Almeyda fue fiel a esta estructura aunque en muchos partidos el comportamiento del equipo pedía protegerse atrás con tres centrales y dos carrileros más o menos defensivos aunque con recorrido también hacia adelante. También es cierto que el preparador de Azul, provincia de Buenos Aires, tuvo que adaptarse a continuas bajas por lesión, particularmente en la zona de atrás, donde el estado físico de César Azpilicueta y su presencia o no en cada convocatoria llegó a condicionar demasiado la elección de un esquema u otro por parte del técnico.
Finalmente, Almeyda entendió que debía apostar por la zaga de tres centrales aunque fuera readaptando a jugadores de otros puestos como José Ángel Carmona o Nemanja Gudelj, puesto que el modelo de fiarlo todo a duelos individuales acababa generando unos espacios que los rivales explotaban mucho más con una defensa de cuatro que con una retaguardia compuesta por cinco hombres, más cerraditos y más compactos por dentro.
Fue un poco, aunque cada uno con sus estilos propios, el camino que también recorrió Quique Sánchez Flores en la temporada 2023-24, cuando supo finalmente armar un bloque desde ese cambio del 4-2-3-1 al 3-5-2 con el que le sacudió al Sevilla todos los apuros clasificatorios. Fue en la irrupción de Isaac Romero y la pareja de delanteros que formó el lebrijano con En-Nesyri apelando a una presión de dos delanteros muy físicos que además supieron compenetrarse muy bien tanto en labores ofensivas como defensivas y, ya por detrás, un bloque bien poblado por dentro.
Akor Adams, Isaac... y Maupay
Ante el Elche, un partido en el que el Sevilla logró poner fin a una mala racha de cuatro partidos sin marcar y cuatro derrotas consecutivas, ya Almeyda alineó a Akor Adams y a Isaac juntos durante unos minutos en la segunda parte, hasta que sustituyó al canterano. Y frente al Athletic la apuesta ya fue clara por los dos delanteros, variante que se demostró más válida con las debidas correcciones para compensar el déficit de tener un jugador menos para defender una vez el rival rebasaba una primera línea de presión ya más eficaz al contar con dos puntas muy generosos en el esfuerzo, aunque cada uno con su estilo.
Los movimientos en el mercado de enero vienen además a reforzar esta teoría y este reajuste táctico que convierte al equipo en un bloque más cohesionado por dentro. No obstante, Almeyda no deja de dar importancia a los pasillos exteriores. Particularmente Juanlu puede considerarse de los jugadores que más ocasiones generan. Pero junto con la lesion de Vargas, la marcha de Alfon –en teoría un extremo– y la llegada de un nuevo delantero como Maupay invitan a pensar en que la intención del argentino es seguir apostando por la figura de los dos delanteros. El francés puede ser, además, por su fogosidad y su estilo de atacar el área, un jugador que encaje bien en el modelo de desgaste, duelo individual y de ir cuerpo a cuerpo que no va a abandonar el bonaerense.
Con esa forma de jugar, arriesgada por el gran despliegue físico que exige y por los espacios que deja, sí es verdad que el Sevilla se ha ganado el respeto de todos los rivales por lo incómodo que resulta enfrentarse a él.
Ahora falta comprobar si ese giro esbozado pule algunos defectos y acaba como acabó el de Quique Sánchez Flores, que puso al equipo a salvo con bastantes semanas de antelación y se ganó el respeto del sevillismo. Y si no se quedó fue porque vio lo que había...
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