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El retorno del Rey

  • La vuelta de la Liga Europa a Nervión obra como un oportuno estímulo para el pentacampeón

Reyes porta la quinta Liga Europa en Basilea tras derrotar al Liverpool. Reyes porta la quinta Liga Europa en Basilea tras derrotar al Liverpool.

Reyes porta la quinta Liga Europa en Basilea tras derrotar al Liverpool. / Antonio Pizarro (Sevilla)

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La imagen que ilustra el reportaje condensa una década de gloria. Diez años en el clic del redactor jefe de fotografía de Diario de Sevilla, Antonio Pizarro, aquella noche en Basilea, con el Liverpool derrotado y tres cuartos de las gradas llenos de ingleses silentes. Antonio Puerta besándose el puño tras desencadenar el big-bang en Nervión aquel Jueves de Feria del 2006, icono serigrafiado en la camiseta de José Antonio Reyes mientras el utrerano, también canterano, como el dorsal 16, alza la copa de la Liga Europa en mayo de 2016 para proclamarle al Viejo Continente que el rey absoluto de la competición, mora al sur del sur de Europa. En Sevilla.

De la Feria a Eindhoven. Y de Eindhoven a Basilea pasando por Glasgow, Turín y Varsovia. Un tour de gozo que el sevillista más iluso, optimista y fantasioso no hubiera sido capaz de bosquejar siquiera en su mente. Pero sucedió.

En ningún otro rincón de Europa más que en el Ramón Sánchez-Pizjuán lucen cinco Copas de la UEFA. El Sevilla es el monarca. Siente que esa copa es suya, que le pertenece. Porque nadie ha amado y defendido como él a la hermana pequeña y menos glamurosa.

Cuando el rey retorna a su más hermosa y épica lucha, en la memoria del sevillismo son inmarcesibles esos destellos que precedieron a la gloria. La plata es la plata. Pero esos transitorios estallidos de alegría ajenos a las finales, unos goles más decisivos que otros, vertebran esa historia singularísima del pentacampeón. Han sido por ahora 186 partidos continentales. De ellos, 127 de la actual segunda competición europea, desglosados en 4 de la Copa de Ferias, 64 de la Copa de la UEFA y 59 de la actual Liga Europa. Para completar la singladura –el Sevilla ha participado en todas las competiciones organizadas por la UEFA en su historia–, 2 partidos de Recopa, 6 de Copa de Europa, 46 de Liga de Campeones y 5 de Supercopa de Europa.

El gol de Pintinho

El 3 de noviembre del 82, el Sevilla era un actor de reparto en el fútbol continental. Curiosamente, sólo había jugado hasta entonces 15 partidos de rango europeo, pero ya había saboreado la Copa de Europa, la Recopa, la Copa de Ferias y la Copa de la UEFA. Esa noche, el equipo de Manolo Cardo se aprestaba a recibir al PAOK de Salónica en la vuelta de los dieciseisavos de final del tercer torneo que cada temporada organizaba la UEFA. Lo más parecido a un encuentro ordinario. En las Antípodas de una final ante el Liverpool.

Pero el sevillista ya cuarentón jamás olvidará la fiesta que vivieron aquella noche unas gradas repletas, que podían albergar hasta a 70.000 personas de pie. Los griegos habían ganado 2-0 en la ida en el estadio de la Tumba. Y el Sevilla laminó a los helenos con un equipo que muchos recitarán con fluidez: Buyo; Nimo, Álvarez, Serna, Blanco; Francisco, Ruda, Pintinho; López, Magdaleno y Santi. Salieron luego Montero por Magdaleno (65’) y Gervasio por Lopecito (89’).

Era aquel fútbol del barro. De las áreas calvas. De los dorsales del 1 al 11 en el que el 7 jugaba de extremo derecha y trataba de burlar al achaparrado lateral que portaba el 3. Y entonces, las patadas sonaban.Aquel Sevilla, siempre en el contexto de sus aspiraciones, era un equipo armadísimo, puro pedernal sin la pelota pero talentoso en cuanto la sacaba Antonio Álvarez, abría Francisco o buscaba ese último pase Pintinho. Santi (20’) y López (43’) igualaron la eliminatoria antes del descanso, Magdaleno puso a los sevillistas en ventaja con muchos minutos por delante (56’) y el estallido de júbilo llegó con ese gol al contragolpe de Pintinho en el minuto 86.

Pocos días después, el resacoso Sevilla de Cardo recibió bajo la lluvia un baño de fútbol del Zaragoza de Leo Beenhakker, con Señor, Güerri, Barbas, Valdano o Amarilla, entonces rival directísimo (1-2).

El gol de Suker

Trece años después de aquel 4-0 al PAOK que de poco sirvió (el Kaiserslautern fue un Panzer luego para el Sevilla), el equipo que trataba de reponerse del amago de descenso administrativo a Segunda B, adiestrado por Juan Carlos Álvarez, que había relevado en el banquillo al portugués Toni Oliveira. También en los dieciseisavos de final de la Copa de la UEFA, un afortunado gol de rebote del central canario Juanito puso a los blancos en ventaja ante el Olympiacos. Pero en la vuelta en El Pireo, Sapanis restableció la igualada en la eliminatoria en el 72 y forzó la prórroga. El polaco Juskowiak, subcampeón olímpico en Barcelona junto al bético Kowalczyk, puso al Sevilla contra las cuerdas con su tanto en el minuto 93, pero cuatro más tarde Davor Suker sacó a pasear su mágica zurda y con un plátano a la escuadra izquierda del portero Randos hizo que miles de sevillistas eyectaran de sus sofás con alborozo. En octavos, el croata volvió a batir al Barça de falta directa, pero Hagi hizo el empate en Nervión (1-1) y luego el equipo de Cruyff venció en el Camp Nou (3-1).

El gol de Puerta

El árbitro italiano Massimo de Santis redactó en su acta que Antonio Puerta marcó su gol en el minuto 100 de aquella vuelta de las semifinales de la Copa dela UEFA ante el Schalke 04, pero en realidad, ese tanto debiera figurar en el minuto menos diez del acta de la final de Eindhoven. Ese momento se engulló el partido definitivo. Parecía como si la suerte estuviera ya echada. El Middlesbrough no tenía nada que hacer. Comparecer y disfrutar de su primera final. El zurdazo combado, ese golpeo preñado de técnica con el exterior del empeine para inyectar de veneno el balón hizo al Sevilla campeón. Así lo sienten por Nervión. ¿Acaso no es verdad?

El gol de Palop

Con el cabezazo de Andrés Palop en aquel córner postrero que botó Daniel Alves, con ese giro de cuello que ni Luis Fabiano, pasó algo muy similar al gol de Puerta. Decidió en puridad menos de lo que decide en la memoria. No sirvió ni siquiera para tumbar al Shakhtar Donetsk en los octavos de la UEFA 2006-07. Forzaba la prórroga. Pero el destino estaba escrito en cuanto el portero subió a rematar y vio el balón acercarse a su frente. Por eso el Espanyol se topó en Glasgow con la actuación más portentosa de un guardameta con el escudo del Sevilla.

El gol de Mbia

Por si no hubiera sido suficiente con la emoción del derbi europeo, por si no hubiera bastado el desenlace de éxtasis para los que sienten en blanco y rojo en esta ciudad de dualidades, el guión hitchcockiano aún tenía reservado un magistral giro de tuerca final. O semifinal. Es puro suspense que un vulgar saque de banda acabe en un gol que te clasifica para una final europea. También es puro suspenso para la zaga valencianista, que acabó por los suelos como Cary Grant en aquel sembrado, amenazado por la avioneta.

Noticia: el rey absoluto retorna mañana a la Liga Europa.

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